MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 108  SEPTIEMBRE DEL AÑO 2007    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Colombia es un país de gran contraste y diversidad, en donde el difícil acceso a los servicios de salud y atención se refleja en las personas y poblaciones más vulnerables, entre las cuales están la población desplazada, grupos en extrema pobreza y las minorías étnicas, entre otras. Esta problemática llevó a entidades gubernamentales y no gubernamentales a revaluar el sistema de salud y a desarrollar nuevas políticas para garantizar la salud y el bienestar de nuestra población.
El Ministerio de la Protección Social se comprometió a cumplir las metas de un Plan Nacional de Salud Pública, incluido a su vez en el Plan Nacional de Desarrollo, donde se vislumbra al menos en el papel, una coherencia en el manejo de la salud pública en el país. La salud pública se puede definir como las ciencias y las artes médicas en donde múltiples disciplinas hacen monitoreo constante de una comunidad para ofrecer una atención integral de salud en su población.
Para que esto suceda, el sistema debe tener coherencia y coordinación entre sus diversas dependencias, y debe existir la voluntad política y económica para el logro de las metas trazadas.
Con la Ley 100/93 se buscó mejorar la cobertura en salud del ciudadano colombiano, a través del mecanismo de aseguramiento; sin embargo, este modelo no logró resolver las necesidades de la población. Con el Plan Nacional de Salud Pública se busca promover la movilización de todos los sectores, del Estado y sus ciudadanos, para transformar la calidad de vida del colombiano común que sigue a la espera de “acceso a los servicios en promoción, protección y recuperación de su salud” (Constitución Política de 1991).
La salud pública es esencial en el andamiaje de un país, y debe tener respaldo de todos y para todos. Debe considerarse que ningún plan o proyecto está exento de imperfecciones, por lo que es necesario que en los próximos años el país se comprometa a configurar una política nacional de salud coherente con la situación actual y relacionada con el futuro.
Todo el pueblo colombiano está a la espera de lograr la paz tan anhelada. Pero mientras esto suceda, debe considerarse que los efectos de la violencia en todas sus expresiones continuarán teniendo un profundo impacto en nuestra sociedad y en la salud de nuestro país. Por ello los objetivos del Plan Nacional de Salud Pública no deben sólo ser conceptos a seguir, sino también realidades por materializar.
Objetivos del Plan Nacional de Salud Pública
Con estos objetivos para el período 2007-2010 se busca mejorar la salud, bienestar y calidad de vida de la población. En la concepción del Plan Nacional de Salud Pública se dio cabida a individuos e instituciones gubernamentales y no gubernamentales.
Dentro y fuera del Ministerio de la Protección Social existe el compromiso de muchos para plasmar los objetivos: 1) Mejorar la salud infantil. 2) Mejorar la salud sexual y reproductiva. 3) Mejorar la salud oral. 4) Mejorar la salud mental. 5) Combatir las enfermedades transmisibles evitables y zoonosis. 6) Combatir las enfermedades no transmisibles. 7) Contribuir con la seguridad alimentaria y nutricional. 8) Contribuir con la seguridad sanitaria, ambiental y el saneamiento básico. 9) Contribuir con la seguridad en el trabajo y combatir las enfermedades de origen laboral. 10) Fortalecer la gestión para el desarrollo operativo y funcional del Plan Nacional de Salud Pública.
Estos 10 objetivos son fundamentales y ameritan una discusión profunda uno a uno. En este artículo abordaré el objetivo de mejorar la salud mental. Salud mental en cualquier país es sinónimo de bienestar, y Colombia necesita identificar en dónde, cómo y cuándo podemos mejorar; asociado a este objetivo, está la necesidad de incluir dentro de la prioridad en salud mental, el tema de uso de sustancia psicoactivas en una nación donde todavía se cree que somos productores, pero no consumidores.
Salud mental y uso de sustancia psicoactivas
Es importante enfocarse en el aspecto de salud mental y sustancias psicoactivas en el país, problema que para muchos pide a gritos ser prioridad a nivel comunitario. Debe entenderse que la noción de salud mental no incluye sólo problemas y trastornos mentales, y que el uso de sustancias psicoactivas no significa tener el sello de abuso y dependencia. Con la comprensión de la salud mental y del uso de sustancias psicoactivas, se busca no sólo el bienestar del individuo sino también el de una sociedad, con una clara visión de preservar la integridad de nuestro entorno.
A pesar de múltiples intentos para que la salud mental fuera parte de la atención básica, las dificultades políticas, institucionales y económicas han impedido cristalizar ésta y muchas metas más para que el colombiano tenga acceso a una real calidad de vida. Definir y entender la implementación de las políticas de salud mental y la reducción del consumo de sustancias psicoactivas, además de la reducción del impacto en salud de la violencia, exige hoy un llamado a la concertación. Para lograr ésta y muchas otras metas, se requiere de una articulación entre los diferentes participantes del sistema de salud en Colombia, desde el mismo individuo hasta las dependencias del sector público y privado.
La desigualdad para acceder a cualquier tipo de servicios relacionados con salud mental en un país como el nuestro, es hoy una realidad que esperamos empiece a desaparecer. Con la Ley 1122/07 se hicieron modificaciones al Sistema de Seguridad Social en Salud y se vislumbra una coordinación intersectorial e interinstitucional para fortalecer la salud pública. En esta ley se establece el Plan Nacional de Salud Pública, que incluye acciones orientadas a promoción de la salud mental, tratamiento de trastornos de alta prevalencia, y prevención de la violencia y el maltrato, de la drogadicción y del suicidio.
Ahora el compromiso de cambio es de todos, no sólo de instituciones, ministerios o entidades involucradas con el sector salud. La obligación de cada uno de nosotros es exigir y garantizar, de manera acorde con nuestra situación, los pasos necesarios para que la inequidad en salud empiece a ser parte del pasado y la calidad de atención sea parte del presente. La esperanza: que la salud pública recupere su posición en nuestro país y que su impacto estadístico se refleje en las condiciones de vida de la población.
 
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