Luego de casi dos años sin
escribir para un medio tan importante como el periódico
El Pulso, regreso como colaborador habitual, gracias a la generosidad
de su grupo directivo editorial. Espero desde esta columna,
aportar conceptos y elementos de juicio que sirvan a debates
tanto respetuosos como profesionales, dado que existen numerosos
ángulos, posiciones, opiniones e intereses dentro del
sector de la salud en Colombia. Entiendo que debe ser propósito
final de todo aquel que genera opinión, fungir como pedagogo
del análisis sereno, brindando criterios técnicos
y opiniones responsables.
Hace poco, un distinguido médico me inquirió con
gravedad: ¿Después de tanta discusión
y señalamientos en favor y en contra, en últimas,
es bueno si o no, un TLC para la salud y para el país?.
Ante el compromiso que me impone responder lo preguntado, trataré
de expresar consistentemente en este espacio, algunas de mis
apreciaciones.
Empecemos por aclarar, que todo este debate en torno de la negociación
y aprobación de los tratados de libre comercio por Colombia,
en especial con Estados Unidos, ha sido difícil y de
forma adrede, confuso, pues no pocos agentes económicos,
políticos e ideológicos se propusieron cargarlo
de elementos grandilocuentes, de amenazas, de supuestos estudios
que no pasan de ser inexactos o seudo- científicos, esforzándose
en enredar con cada argumento posible el análisis, o
inclusive llegando a sacrificar el buen nombre del país
en el exterior; desgraciadamente, con mucho éxito. Sin
embargo, a estas alturas del partido, el comportamiento de nuestro
país en la economía mundial, la evolución
de los procesos de globalización con sus innegables efectos,
y los retos que nos plantea el futuro, nos obliga a ser pragmáticos
y orientados.
Bloques económicos
Independientemente de si nos gusta o no aquello de la
globalización, el mundo tiene una definida marcha económica,
e igualmente, sea que nos parezca o no, cada nación tiene
que tomar posición para lograr la mejor ventaja posible
de cara a su desarrollo. Y eso es precisamente lo que han venido
haciendo los países, unos de manera consistente y planeada,
otros de manera casual, otros tristemente no se dan por advertidos
aún, y algunos otros piensan todavía que el mundo
los va a esperar, o que viejas fórmulas mesiánicas
fracasadas pueden ser su solución.
Desde hace un cuarto de siglo ya, el mundo de manera sistemática
empezó a parcelarse mediante Acuerdos de integración
comercial y económica, pues los Estados han descubierto
que formar clubes de mutuo beneficio, da ventajas
competitivas sobre otros. Por esa razón y otras de carácter
geopolítico e histórico, surgieron bloques como
la Unión Europea (actualmente con 26 países, más
otros en lista de espera para su ingreso), el NAFTA (Canadá,
Estados Unidos y México), el Bloque de Asia Pacífico,
el EFTA (por sus siglas en inglés, European Free Trade
Association, conformado por Suiza, Noruega, Liechtenstein e
Islandia), Mercosur, la Comunidad Andina de Naciones -CAN-,
CAFTA en Centro América y otros tantos más.
Como si fuera poco, durante los últimos años ha
venido instaurándose una tendencia global, en la que
algunos países tratan de lograr ventajas especiales de
otros bloques de los que no hacen parte o de países que
no se encuentran en los suyos, mediante la firma de tratados
bilaterales, materia en la que Chile por ejemplo, es un alumno
aventajado. El principio es sencillo: el país A facilita
el ingreso de productos y servicios del país B, y B facilita
el ingreso de los de A mediante concesiones mutuas y exclusivas.
Por tanto, de común acuerdo se negocian unas condiciones
comerciales determinadas para permitir beneficios recíprocos,
los que terceras naciones no tienen de A ni de B.
La escueta descripción arriba descrita, indica que país
que no despierte y busque afanosamente acuerdos de integración
comercial con socios estratégicos favorables,
que no se esfuerce por diseñar y lograr condiciones de
negociación convenientes, que no se arriesgue a perder
algunas cosas para ganar otras, que no intente aprender y aplicar
modelos dinámicos de comercio atreviéndose a salir
del cascarón, se queda fuera de carrera sin remedio,
sin posibilidades reales de acceder a otros mercados, y como
consecuencia, con serios problemas para mantener o mejorar sus
condiciones de desarrollo. Simple. Ejemplos hay por doquier,
y para que no se generen dudas innecesarias, hablemos de naciones
de alguna manera comparables en tamaño o desarrollo con
Colombia, como Chile, Costa Rica e Irlanda del Sur, muestran
los beneficios de políticas inteligentes de integración
comercial, mientras que distintas naciones aislacionistas y
proteccionistas, sufren los embates de su obtuso enfoque.
Acuerdos de integración comercial
Ante el actual escenario geopolítico y económico
del mundo, lo primero que hay que entender respecto del comercio
y el desarrollo que de él se desprende, es que salir
a realizar acuerdos de integración comercial -léase
Tratados de Libre Comercio o TLC-, debe ser una constante en
la ecuación para buscar el progreso de una nación
y sus gentes. Así que como el mundo y sus intereses no
nos van a esperar, lo primero que debe responderse con relación
al TLC, no debe ser una disquisición maniqueísta
y reduccionista entre lo malo y lo bueno, sino una
ponderación entre lo ventajoso y lo imprescindible. No
me queda duda entonces, que Colombia está obligada a
negociar y firmar tratados de libre comercio, sea con Estados
Unidos, con la Unión Europea, con EFTA, y con otros países
y bloques comerciales.
Ahora bien, la pregunta sobre si es bueno o malo un TLC, también
lleva implícita un interrogante sobre la negociación
con Estados Unidos en particular, razón por la que debo
ampliar el alcance de la respuesta, pues se ha dicho que es
un error negociar con un país de la magnitud del país
norteamericano y que debería haberse iniciado con la
Unión Europea por ejemplo, pues ellos tienen mayor sentido
social. Debe recordarse que estos acuerdos son negociaciones
comerciales en las que unas veces se gana y en otras se concede,
así que da lo mismo tener de interlocutor a un europeo,
a un americano o a un chino. Por razones históricas y
geopolíticas, Estados Unidos ha estado más cerca
de nosotros que otras potencias, y el estado de las relaciones
bilaterales era el adecuado para iniciar, como se hizo, el proceso
de negociación.
El tratado con Estados Unidos
Para dar una medida de lo importante que es la firma
del TLC con Estados Unidos, si este no llegara a cristalizarse,
aún sectores eficientes y competitivos de nuestro país
quedarían en seria desventaja exportadora, no con sus
competidores norteamericanos, sino con aquellos de países
como Méjico, Chile, Centroamérica y otros más,
que sí pueden vender sus productos y servicios con menores
aranceles y barreras de ingreso, debido a que ellos tienen un
TLC con EU, el mayor mercado del orbe. Y ni qué decir
lo que pasará con sectores ineficientes. Adicionalmente,
nuestro país debe tratar de liberarse de concesiones
unilaterales como el APTDEA, que en últimas lo que hacen
es incrementar la dependencia.
Colombia ha hecho un largo y metódico proceso de negociación,
su equipo negociador ha sido bien preparado y los textos se
han trabajado de manera minuciosa por parte del gobierno con
acompañamiento del sector privado. Sin embargo, debido
a que tenemos diferentes sectores, unos más competitivos
y otros menos, existen desiguales opiniones respecto del tratado.
Finalmente el equipo de negociación colombiano ha venido
haciendo escuela desde las negociaciones del G-3 y se ha venido
fortaleciendo técnica y logísticamente, convirtiéndose
en un activo muy importante para la Nación.
TLC en salud
¿Y en cuanto a salud? Como todos sabemos, el
debate terminó enfocándose exclusivamente en los
medicamentos y el Sistema de Propiedad Intelectual, alcanzando
esta discusión, una insospechada agitación. Algunos
incluso en medio de su efervescencia, han llegado a opinar,
que los muertos los tendríamos que recoger por
montones si se firma el Tratado. Debe decirse por supuesto,
que afirmaciones con semejante talante están bien lejanas
a la realidad, pues las condiciones establecidas una vez terminadas
las negociaciones del TLC Estados Unidos-Colombia entre los
equipos negociadores, no limitan el acceso a los medicamentos,
ni le quitan la soberanía al Estado en temas de salud
pública, ni incrementan sus precios severamente como
de manera errónea nos lo han querido presentar. Y tampoco
acaba con la industria farmacéutica de genéricos.
Pero esos serán temas para otros artículos. |