MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 11    No. 141  JUNIO DEL AÑO 2010    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Pasado un poco el impacto generado por la declaratoria de emergencia social (decreto 4975/09), debida a la crisis del Sistema de Seguridad Social en Salud, es necesario insistir en la necesidad de introducirle cambios sustanciales al mismo. La polémica desatada por estas medidas excepcionales abrió el debate sobre las fallas del sistema de salud e irregularidades como el alto precio de medicamentos, quizá lo más nuevo más allá de las fallas estructurales. La emergencia logró poner en los medios de comunicación temas que sólo se escuchaban en el argot médico y de los usuarios del sistema.
Si algo resulta destacable de la fallida emergencia social, es en primer lugar la gran reacción que despertó en su contra por todos los sectores de la sociedad y de los más disímiles actores y contradictores. Las Sentencias C-252 y C-253 de 2010, declararon inexequible, además del decreto 4975, el decreto 127 de 2010 pero postergándolo hasta diciembre 16 de este año; también se declara inexequible otro paquete de decretos expedidos al amparo de la emergencia social. Fue muy interesante, por primera vez en la historia de este país, ver a la gran prensa y gran cantidad de los medios aliados con grupos sociales de izquierda y sectores de oposición de todos los matices políticos. La segunda coincidencia es más interesante aún: que todos los sectores del más diverso pelambre estén de acuerdo en que es necesario hacer una reforma del sistema de salud (aunque los une la coyuntura electoral): desde el gobierno, que pretendió introducir una profunda reforma al sistema mediante los decretos de la emergencia, hasta quienes desde una orilla diferente pensamos que la reforma, debe ir en la dirección contraria.
Esa profundización neoliberal en la que se empeñó el Ministerio de la Protección Social fue la causa de la caída de la emergencia, aunque jurídicamente se insistiera que era por “la ausencia del hecho sobreviniente”. Si bien la emergencia y toda su parafernalia de decretos se cayó por estas razones de forma jurídica, lo cierto fue que su debacle se debe a la presión de sectores sociales, académicos, grupos de derechos humanos, pacientes, organizaciones de usuarios, medios de comunicación, y claro, del oportunismo electoral.
De otro lado, se puede interpretar de la decisión de la Corte que sí hay un problema grave de financiación del sistema y que sí eran necesarios los nuevos impuestos. Es decir, que la crisis sí existía. Paradójicamente declara inexequible la emergencia pero deja vigentes sus efectos, inclusive definió qué hacer con los nuevos recursos y amplía así el tema de la emergencia, cambiándole destinación a los impuestos: “dirigidos en su totalidad a la red hospitalaria pública y a garantizar el derecho a (…) la financiación del régimen subsidiado y vinculados”.
Otra reforma
La situación anterior habla de que las fuerzas estarían en este momento del lado de una reforma estructural al Sistema de Seguridad Social en Salud. Pero esa reforma no es tan sencilla por las tensiones que existen entre quienes ostentan el poder en el sistema y quienes padecen las consecuencias de sus debilidades, la mala gestión y mal uso de los recursos. No se puede olvidar que detrás de la reforma del sector salud se esconden actores muy poderosos que tras bambalinas usufructúan grandes ganancias del mismo y que en un Estado corporativo han tenido siempre la capacidad de decidir por el gobierno.
Conviene recordar que es la Corte Constitucional la que puso el más alto nivel, al hacer un llamado taxativo al alto gobierno por el incumplimiento de lo establecido en la ley para dar cabida al derecho a la salud y a la igualdad entre los planes de beneficios que se entregan a los diferentes segmentos del sistema de salud. Con la Sentencia T-760/08 se abrió una oportunidad de cambio al sistema de salud, más bien una obligación de reforma que en un plazo estipulado debería haber cumplido el Ministerio de la Protección Social. Porque como se esperaba, de no hacerse oportunamente, terminaría en una crisis de insospechadas consecuencias. Efectivamente la incompetencia oficial y la inconsecuencia ideológica con la salud de la población, llevó al resultado que todos conocemos.
Es claro que el régimen político condiciona de la peor manera este tipo de reforma y no dará el brazo a torcer, mientras persistan esos actores al frente de la institucionalidad de la salud y del Estado. Será necesario, no obstante, derrotar esas fuerzas ocultas que se oponen al cambio, en función de los principios sociales, la defensa del derecho a la salud, la superación de inequidades y, sobre todo, proteger recursos de la seguridad social de la voracidad de los pulpos económicos y presiones del capital internacional.
Estas apreciaciones preliminares nos llevan a puntualizar en dos aspectos: 1) Señalar la connotación ideológica que tiene un cambio en el sistema de salud. 2) Esbozar algunos ejes de reflexión temática que debe resolver su nuevo diseño.
En primer lugar: la ideología
La contienda está puesta en un escenario polarizado entre: 1) Quienes defienden el derecho a la salud como bandera central que hace énfasis en el enfoque colectivo de la prestación de servicios y la seguridad social, principios éstos proclives a la salud pública. 2) Quienes defienden la libertad individual, la propiedad privada y se apropian de medios colectivos de prestación de servicios para su beneficio individual, como corresponde a un sistema liberal (libre empresa). Solos no podrán ni los unos ni los otros imponer su doctrina y únicamente lo pueden hacer de la mano del Estado, en este caso del régimen político vigente. En los últimos 17 años (en relación con la Ley 100/93), se privatizó la mayoría de formas de protección social y de aseguramiento en salud, gracias a que el régimen político estaba del lado del segundo enfoque ideológico mencionado, y el Estado fue ‘secuestrado’ por los grupos económicos a la manera de un modelo corporativista, muy a pesar de la Constitución de 1991 que propugna por un Estado Social de Derecho.
En un escenario de reformas, quienes profesan el primer ideario descrito tienen que seguir defendiendo la idea de la producción social de la salud, donde el peso de servicios de salud es importante, pero más importante aún es la búsqueda del bienestar social y del acceso a los beneficios del desarrollo humano. Es una reforma social que replantea la salud en el contexto de los problemas del desarrollo económico y social, del desarrollo humano sostenible. Su eje es el enfoque igualitarista en el que la salud es un derecho social y un hecho político. Son sus concepciones principales las de la equidad y la justicia sanitaria. Sigue la línea de Amartya Sen (2001): “La equidad en salud no concierne a la salud, vista aisladamente, sino que debe abordarse desde el ámbito más amplio de la imparcialidad y la justicia de los acuerdos sociales, incluida la distribución económica, y presentando la debida atención al papel de la salud en la vida y las libertades humanas”.
La justicia sanitaria es un valor bueno en sí y pone énfasis en la igualdad, el bienestar y los resultados alcanzados. Sus objetivos deben por tanto enfocarse al desarrollo humano, a eliminar desigualdades en el estado de salud de la población. En el proceso por conseguirlo, este enfoque reconoce fortalezas coherentes con los objetivos propuestos y, así, entiende la financiación pública como la que mejores resultados logra en relación con la igualdad y la equidad; privilegia la universalidad de coberturas y equidad en el acceso a beneficios; se dirige a desarrollar políticas públicas saludables, a invertir en salud para lograr el desarrollo, a implementar estrategias de promoción de la salud, a generar sistemas locales de desarrollo humano descentralizado, primando los criterios de ciudadanía, solidaridad y justicia social (según descripción de R. Granados, OPS, 1998).
En tanto que el segundo enfoque (según la misma fuente), pone su mejor empeño en los cambios necesarios para la organización y el financiamiento de las instituciones de salud y el énfasis en que las instituciones tienen que ser más eficientes y comprometerse con la reducción del gasto en salud. Se basa en una reforma tecnocrática institucional, que modifica los servicios de salud, promoviendo la organización y el financiamiento de las instituciones aseguradoras y proveedoras de servicios. Esta reestructuración del aparato institucional se cumple a través de organismos de crédito y financiamiento, con una gran preponderancia en la definición de políticas de reforma sectorial. En el orden instrumental de las reformas, aprovecha mecanismos como la disminución del gasto público, la distinción de bienes públicos y privados, los mecanismos de mercado buscando la eficiencia, la competencia regulada de aseguradores, prestadores y terceros pagadores.
Esta polarización ideológica, que en otra dimensión también se da entre lo público y lo privado, es una expresión de como vemos el mundo unos y otros, los grande países y los más pequeños, los globalizadores y los globalizados, las grandes trasnacionales, de un lado, y las organizaciones sociales que sirven a los intereses de la ciudadanía, de otro. Polarización, entre quienes defienden la centralidad del Estado y la financiación universal del acceso a servicios de salud y, de otra parte, quienes defienden el rol de intermediarios financieros de las compañías de aseguramiento y del mercado. Es similar, en otro nivel, al debate tras “la reforma Obama” en Estados Unidos, a la cual sectores ultra-conservadores aliados con la gran industria de la salud se opusieron de forma vehemente.
Esta última alianza se empieza a vislumbrar en Colombia en la última etapa de la reforma, reflejada en la crisis actual que llevó a la emergencia social, alianza perversa que confluyó en gasto exorbitante de servicios de salud “No-POS”, favoreciendo intereses económicos de ciertas empresas (farmacéuticas y aseguradoras). La privatización siempre fue un mal negocio para los servicios sociales, pero esta alianza además de corrupta y perversa desbordó todos los límites, obligando al propio gobierno a buscar su contención, o mejor, formalizarla en las “Prestaciones Excepcionales en Salud” en los decretos de emergencia.
En segundo lugar: Temas prioritarios de la reforma
Si bien la declaratoria de emergencia y su inexequibilidad dejan claro que el problema del Sistema de Seguridad Social en Salud es estructural (descontada, claro está, la corrupción que es mucho más grave), es necesario definir unos ejes temáticos sobre los cuales debe desarrollarse un nuevo diseño del sistema de salud. Estructural solo anuncia que debe ser total e integral, no es exactamente una reforma. Pero, cómo jerarquizar esos cambios y en cuales áreas hacer énfasis, es un problema técnico que no podemos soslayar quienes estamos del lado de la primera alternativa develada en el análisis ideológico. Porque en la reforma de los últimos 20 años los reformadores con su enfoque aparentemente técnico desplegaron toda la ideología neoliberal profundizándola cada vez más para su beneficio, mientras quienes defendían la otra posición se quedaron solo en el debate político e ideológico, por razones de poder o de correlación de fuerzas, pero también por falta de fundamentación académica.
Entre los temas principales de transformación del sistema, además del cambio estructural se pueden mencionar algunos en estas últimas líneas: Hacer viable el mandato de la Sentencia T-760/08, sobre la universalización, derecho a la salud e igualación de planes de beneficios. El tema de los costos elevadísimos de medicamentos, constituye un tema de urgencia. ¿Cómo contener el aumento de costos de insumos necesarios, opciones tecnológicas y medicamentos? La financiación y sostenibilidad del sistema, y de su institucionalidad, como bien se señalara en pronunciamiento de la Asociación Colombiana de Economía de la Salud (ACOES), también es de relevancia en la coyuntura actual. Y, finalmente, lograr opciones y decisiones que garanticen que los recursos existentes generen el mayor impacto en el estado de salud y la calidad de vida de la población
Entre las causas estructurales que se deben resolver está el tema de un Sistema de Seguridad Social que cubra con integralidad todos los riesgos y otro de salud, ya no para una población trabajadora y contribuyente sino también para una población cada vez más desempleada y sin acceso al consumo en el mercado. De la mano de esta propuesta va la redefinición del ente rector: de nuevo, la recuperación del Ministerio de Salud y del Instituto de los Seguros Sociales, o sus similares de orden estatal.
Conclusión
Los sectores sociales, sindicales, políticos, los movimientos sociales, partidos políticos, gremios de profesionales y demás actores sociales deben persistir en el debate ideológico esbozado, pero académicos, intelectuales y el sector universitario tienen adicionalmente otras obligaciones de índole técnico ¿Cómo apoyar ese debate ideológico con propuestas técnicas y herramientas instrumentales para el cambio y la transformación social? No basta a los académicos con decir que defienden el derecho a la salud y la equidad, la pregunta que deben responder es: ¿Cómo se hace? ¿Cómo garantizar mejor asignación de recursos? ¿Cuál es la asignación de recursos que efectivamente garantice la universalidad del derecho a la salud, con criterios de integralidad y plenitud del servicio?
No se trata ya de volver a “reformar el sistema de servicios de salud”. Ahora nos corresponde rehacer los sistemas de salud que fueron destruidos por la atomización, la fragmentación y la desinstitucionalización a la que fueron sometidos por la intencionalidad de las mismas reformas y sus apologistas. Tendremos que pensar el nuevo diseño del sistema de salud colombiano, mediante la opción política más plausible pero apoyada por propuesta técnicas y científicas coherentes con su pensamiento y linealidad ideológica .

 
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