El Arte de Servir
Julián H. Ramírez Urrea, MD internista, Hospital Universitario San Vicente Fundación. Docente, Universidad de Antioquia. julian.ramirez.md@gmail.com
- elpulso@sanvicentefundacion.com
Siempre que pensamos en Arte, lo hacemos considerando una obra de teatro, escultura, pintura o pieza musical. Y cuando reflexionamos en lo que significa la palabra “Técnica” recordamos los modernos dispositivos electrónicos o incluso herramientas más sencillas que revisten siempre algún tipo de utilidad. Por ejemplo, los utensilios de cocina, una mesa o incluso un lápiz para escribir. Tanto los productos artísticos como los instrumentos o herramientas son fruto de la transformación de la mano del ser humano y que repercute en su calidad de vida.
Pero no deja de ser interesante que si bien en nuestra época la palabra “Arte” tiene una connotación distinta a “Técnica”, esto no fue así para los antiguos griegos. La palabra Arte viene del latín “Ars” y se define como “aquello que puede aprenderse y adquirirse para ser ejercitado (o aplicado) y que no depende de la naturaleza”. La anterior definición nos plantea que el arte es una habilidad susceptible de ser entrenada y aunque es claro que el artista tiene un talento natural, podríamos afirmar que “el artista no necesariamente nace sino que se hace”.
En ese sentido, es llamativo que la palabra “Ars”, se corresponde con la expresión griega “Techné”. En nuestros días, la traducción de este término es “Técnica”. Tenemos dos palabras distintas: Arte y Técnica, mientras que para la icónica civilización ateniense, ambas expresiones se reúnen en una sola palabra (Techné) que era entendida como “todo aquello que se constituye en un conocimiento aplicado que produce un efecto tangible o intangible”. En la mentalidad griega no existía ninguna distinción: es arte-técnica un enser que mejora la calidad de vida de un hombre tanto como lo es una escultura, pues ambas cosas producen un efecto o una aplicación en el ser humano.
Tenemos la posibilidad de trascender, respondiendo a la necesidad de otro ser humano cuando somos serviciales buscando siempre consolar, aliviar y así, darle un sentido diferente a nuestro quehacer profesional, más allá de reducirlo a un mero trabajo u oficio. Habría que pensar en darle un nuevo espíritu a nuestras habilidades técnicas convirtiéndolas en Ars en toda la profundidad que este viejo término nos enseña hoy.
s por eso que ambas palabras (tanto arte como técnica), se conjugan en la expresión “servicio”. Cuando entendemos el servicio como arte, en el contexto que venimos hablando, se toman en cuenta varias características: 1) puede aprenderse y perfeccionarse a través de un ejercicio constante, es decir, podemos aprender a ser cada vez más serviciales y ofrecer mayor calidad a través de nuestra acciones; 2) también el servicio produce efectos tangibles e intangibles: cuando se ejecuta una acción hacia el paciente, se perciben unos efectos directamente medibles pero existen otros efectos humanos y emotivos que no tienen una medición tan sencilla. En ese sentido, el servicio, en tanto produzca un efecto, se identifica con el arte y 3) como cualquier producto artístico, el servicio lleva un sello característico e imborrable desde el autor intelectual y material: cualquier servicio en salud será diferente entre una persona u otra que lo ofrezca pues tiene la particularidad de su propia personalidad y su propia historia inscritos en la acción de servir.
Estamos todos invitados a ser conscientes de este arte del que podemos ser capaces cuando servimos al paciente y que en el sentido primitivo de la palabra, es también “techné”. Tenemos la posibilidad de trascender, respondiendo a la necesidad de otro ser humano cuando somos serviciales buscando siempre consolar, aliviar y así, darle un sentido diferente a nuestro quehacer profesional, más allá de reducirlo a un mero trabajo u oficio. Habría que pensar en darle un nuevo espíritu a nuestras habilidades técnicas convirtiéndolas en Ars en toda la profundidad que este viejo término nos enseña hoy.
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