MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 16    No. 230 NOVIEMBRE DEL AÑO 2017    ISSN 0124-4388    elpulso@elhospital.org.co

 
 
Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director E: Diego José Duque O.
Comite Editorial: Alba Luz Arroyave Z, Diego José Duque O, Jorge Andrés
Hernández H, Diana Cecilia Arbeláez G y Gonzalo Medina P. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Editora: Paola Aristizábal G.
Web master: Santiago Ospina Gómez. 8.000 ejemplares impresos

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En un momento en el que desde todos los sectores se escucha hablar de una crisis generalizada en el sistema de salud, es fácil caer en una especie de marasmo que impide la acción y que incluso por el contrario puede llevar a la toma de decisiones equivocadas ya sea por lo simples y desenfocadas, o por lo enrevesadas y complejas, cuando tal vez lo indicado sea hacer un alto en el camino y revisar la esencia de las cosas.

Lo primero es determinar que se entiende por crisis. En líneas generales se puede afirmar que es una intensificación de los síntomas de una enfermedad, que en este caso estaría anclada al interior del sistema de salud colombiano, claramente es también una situación que puede calificarse como mala o difícil y, que se agudiza ante un cambio brusco que puede conducir hacia una mejoría o el agravamiento del paciente. Toda crisis, se ha dicho hasta el cansancio, puede conducir hacia cambios profundos que surtan consecuencias importantes, y sería precisamente sobre este último aspecto, que los colombianos deberíamos actuar.

Ahora bien, un segundo aspecto es saber a qué tipo de crisis se enfrenta nuestro sistema. La más evidente, y que ha sido incluso reconocida por el ministro Alejandro Gaviria es de carácter económico, y en esos términos implicaría que estamos presentes ante uno de dos fenómenos: una reducción en la tasa de crecimiento del sector salud visto como un engranaje más de la producción nacional, o una fase baja de la actividad del ciclo económico. Desde ambas perspectivas la gran diferencia de una crisis en el sector de la salud es que las pérdidas no se traducen simplemente en líneas rojas en los balances, se convierten en vidas perdidas, años productivos malgastados, altos niveles de dolor individual y familiar, y descenso en la calidad de vida de la población.

En el caso de la actual crisis financiera del sistema de salud esta debe verse como un síntoma que nos revela la presencia de una enfermedad que se extiende de manera progresiva hacia todos los órganos. Hace algunos años los hospitales públicos la denunciaban; poco después las clínicas privadas se unieron al llamado de atención; los salubristas encendieron alarmas, la Contraloría General de la Nación produjo alertas dirigidas al gobierno nacional, posteriormente las EPS comenzaron a manifestarse, la Superintendencia Nacional de Salud intervino aplicando paños de agua tibia sin lograr cambios sustanciales ni los salvamentos esperados; los pacientes siempre se han quejado, y lo único cierto es que algo está sucediendo, y como en toda crisis, algo profundo debe suceder.

Resulta indudable que al ser la crisis actual de carácter económico, sea este entonces el eje donde se centren los análisis, aunque en el fondo tal vez ese sea el problema, porque si bien es cierto que se necesitan recursos, si la estructura estuviese enfocada en la salud y las personas, las políticas girarían en orbitas como la prevención y promoción, la atención primaria, la eficiencia y eficacia en el gasto, la racionalidad de los cotos, la educación hacia el autocuidado, la planificación de los servicios, y la cooperación y colaboración entre los actores para la búsqueda del fin mayor, que sería el bienestar de la ciudadanía.

Lo que vemos en cambio es una discusión en torno a la necesidad de hacer sostenible el sistema, lo cual es necesario, pero lo primero a discutir debería ser que tantos recursos, y bajo cuales estrategias, son necesarios y suficientes para brindar salud a la población en las justas capacidades del estado y la nación. Hablar de sostenibilidad implica la capacidad de auto sostenerse en algún momento futuro, lo cual puede ser difícil, si no imposible, ante factores externos a la salud misma como la mayor longevidad, la presión del complejo médico farmacéutico, y la corrupción, entre otros, de ahí que hacer sostenible el sistema debe ser una tarea intersectorial, una política de estado y una tarea de todos.

Einstein decía: locura es hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes, tal vez la actual crisis es el llamado a la acción pero en vías diferentes a las ensayadas hasta ahora.

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