MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 15    No. 174  MARZO DEL AÑO 2013    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

 

“La vida vale la pena si es deseada”:
Carlos Framb
Hernando Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
“Creo que la vida vale la pena si es deseada y que es cada uno el que define ese límite entre lo que es deseable o no”, dijo el poeta colombiano Carlos Framb. Huérfano de padre, su única compañía era su madre. Ella no vivía, soportaba una amarga existencia con dolores intensos por la artrosis degenerativa, gran dificultad para caminar, insomnio persistente, depresión aguda y, para colmo de males, ceguera. El 20 de octubre de 2007, doña Luzmila Alzate bebió el coctel de morfina que le preparó Carlos, tal como habían pactado. Murió sin saber que su hijo también tomaría la dosis letal, que fallaría en su tentativa y despertaría al lado de un fiscal que lo acusaba de homicidio agravado, ni que pasaría cinco meses en la cárcel. El Ministerio Público, el juez de la causa y tres magistrados, encuadraron unánimemente el delito en la figura de inducción y ayuda al suicidio, pero el proceso fue precluido por ausencia de querellante.
Carlos Framb recogió esta experiencia estremecedora en su libro “Del otro lado del jardín”, y declaró a Jairo Dueñas, de la revista Cromos: “No me queda ninguna duda de que la motivación fue la compasión, el amor que yo sentía por ella y el deseo de no querer verla sufrir más”. Y agregó: “Éramos dos en pos de una evasión y ella era quien más lo necesitaba”.
Esta historia sería la más atípica y controversial para ilustrar la eutanasia, pero su dramatismo sirve para llamar la atención sobre los vericuetos jurídicos, médicos, humanos y éticos de esta polémica. ¿Hay un límite entre la muerte inducida por compasión y el delito? ¿Quién es el dueño de la vida humana, Dios o el hombre?
Otra piedra de escándalo
Tanto como el aborto, la dosis mínima de estupefacientes o el matrimonio gay, la eutanasia es piedra de escándalo nacional. Iván Garzón Vallejo, director del Programa de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana, opina: “No considero que la liberalización del aborto o de la eutanasia sea un progreso social. El desarrollo de las sociedades no se debe dar a costa de valores fundamentales, como la vida y la dignidad humana. Lo paradójico es que dichas medidas contradigan el sentir popular, pues en Latinoamérica el rechazo a estas suele ser mayoritario”. El procurador general de la Nación, Alejandro Ordóñez, la Iglesia Católica y el Partido Conservador, también son enemigos de la eutanasia.
¿Hay un límite entre la muerte inducida
por compasión y el delito?
¿Quién es el dueño de la vida humana,
Dios o el hombre?
Armando Benedetti, ponente del proyecto de ley que la reglamenta, al referirse a los contradictores de la eutanasia, el aborto y los derechos de los homosexuales, señaló: “Cada vez será más difícil para los opositores el seguir sosteniendo discursos conservadores al respecto, gracias a los procesos formativos, de globalización y constitucionalización modernos en países latinoamericanos, dirigidos a las nuevas generaciones, que con el pasar del tiempo marcan mayor distancia con aspectos morales y religiosos invocados con anterioridad”. Y calificó dichas actitudes, como resistencia a lo consagrado en la Constitución y expuesto por la Corte Constitucional.
Para el senador Juan Carlos Vélez Uribe, el médico que practica una eutanasia viola la ética médica y el Juramento Hipocrático: “La esencia de la civilización occidental de nuestra moral y ética es el cristianismo, aquí no tenemos fuentes del taoísmo, islamismo o budismo; la estructura que rige la sociedad y que está encima de nuestras normas, es la filosofía cristiana”. Para el senador conservador Hernán Andrade, la Corte Constitucional desbordó su facultad exhortando al Congreso a legislar, al ya existir la eutanasia pasiva y pretender autorizar la activa: entregar la droga letal para que el paciente fallezca. El senador Carlos Enrique Soto, del Partido de la U., opinó que el hombre tiene derecho a morir dignamente, “con obviamente todas las justificaciones correspondientes y después de los diagnósticos científicos a los que haya lugar”.
 
“La vida no nos pertenece”
“No todo lo legal es ético”, afirmó el médico y experto en bioética, Ramón Córdoba Palacio, quien al referirse a la eutanasia, se declaró “en completo desacuerdo porque la vida, inclusive la llamada 'mía', no nos pertenece; antropológicamente pertenece a nuestros padres, a nuestros hijos, a nuestros vecinos, etc., pues han contribuido para bien o para mal a su realización. La vida surge como el fenómeno físico-químico que permitió en el llamado Big Bang la serie de reacciones que manifiestan la realidad de seres que llamamos vivos; no adquirimos la vida cuando nuestros padres lo desearon o cuando los actores en los medios de reproducción asistida lo intentaron, sino cuando ella, la vida, nos acogió y surgió en nosotros; somos administradores por tiempo limitado de ella y responsables de lo que en ella realicemos”.
“La 'orto-tanasia' es el 'derecho a morir
con dignidad',es decir, morir -o permitir morir- 'oportunamente',
sin manipulaciones para acortar la existencia o prolongar
la agonía;no debe confundirse con ninguna de las
variedades de la eutanasia”.
Dr. Ramón Córdoba
Argumentó el profesional: “Si la vida, inclusive la 'mía', no nos pertenece antropológicamente como dueños absolutos, menos podemos aceptar que tengamos potestad para decidir su terminación, cualquiera sea la razón aducida. Para los hombres sólo hay una calidad de vida: vida humana, pues las circunstancias del momento no anulan la dignidad intrínseca de cada ser humano. El médico debe -y falta gravemente si no lo hace- calmar los dolores del enfermo, así la substancia de que disponga y las dosis exigidas tengan efectos secundarios, no deseados pero inevitables. Disponemos de los 'cuidados paliativos' que ofrecen, tanto al médico como al enfermo, procedimientos éticos para aliviar los dolores corporales y las angustias espirituales. El cumplimiento de estos principios constituye la 'orto-tanasia', el 'derecho a morir con dignidad', es decir, morir -o permitir morir- 'oportunamente', sin manipulaciones para acortar la existencia o prolongar la agonía; no debe confundirse con ninguna de las variedades de la eutanasia”.
 
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