MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 118  JULIO DEL AÑO 2008    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


El lado oscuro
de nuestra sociedad:
desplazados, un honor al silencio

Ricardo Restrepo Guzmán, MD - Corresponsal en Nueva York, Estados Unidos - elpulso@elhospital.org.co
El último informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), alertó que las cifras de refugiados y desplazados internos en el mundo crecieron por segundo año consecutivo en 2007. El informe afirma que en Colombia hay actualmente 3 millones de desplazados internos, lo que nos pone detrás de Sudán con 5 millones, como el segundo país con mayor número de personas en esta situación en el mundo. Esto demuestra que tan extenso y dramático ha sido el impacto de nuestro conflicto interno, pero a su vez confirma la falta de compromiso por parte de todos nosotros con el significado y las consecuencias de la violencia.

Ésta necesita ser discutida y reevaluada a diario en un contexto como el nuestro, no solo a través del diálogo y las historias amarillistas, sino con acciones concretas y concientización social.
Todavía esperamos que la “Seguridad Democrática” sea el vehículo clave para controlar la violencia; sin embargo, no caemos en cuenta de la obligación social que tenemos para asumir sus consecuencias y explorar soluciones. La necesidad de políticas claras donde la violencia sea considerada un problema de salud pública, es una prioridad en nuestro país. Las entidades gubernamentales tienen la obligación de atender esta problemática, pero más aún, cada uno de nosotros debe dejar a un lado la desidia e ignorancia ante un problema como el actual y exigir que se atienda.
Actualmente el país cabalga sobre cifras, pues estadistas y economistas cuentan con los números como su único punto de referencia, sin tener en cuenta el por qué, el cómo y cuándo se llegó a ellos. No olvidemos que detrás de todo resultado están las acciones humanas, y para quienes las ejecutan, los datos estadísticos son una pieza más de este rompecabezas, pero no el estandarte para las soluciones y el alivio de una población. Para la muestra están las cifras contradictorias de muchos, en donde la iglesia dice que hay 4 millones de desplazados, el gobierno habla de 2.5 millones y la Corte Constitucional junto con ACNUR y la Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES), aseguran que son 3 millones.

El problema de los desplazados
internos en Colombia es una de las situaciones
más graves del mundo. Según el Dane, el 92%
de desplazados fueron expulsados de zonas
rurales y el 8% de zonas urbanas; sin
embargo, desde 2003 la proporción de
expulsión urbana ha venido creciendo.
Violencia estructural
Paul Farmer, médico antropólogo de la Universidad de Harvard, co-fundador de Juntos por la Salud (Partners in Health) y gran humanista de nuestro siglo, trabaja sobre la base de la violencia estructural, la cual está arraigada a fuerzas sociales tales como racismo, sexismo, violencia política, pobreza y otras inequidades sociales que tienen sus raíces en procesos históricos y económicos que transforman la realidad del individuo; éstas producen un daño en la satisfacción de las necesidades humanas básicas (supervivencia, bienestar, identidad o libertad), como resultado de los procesos de estratificación social, es decir, sin necesidad de formas de violencia directa.
En el caso colombiano, la violencia estructural ha sido la promotora del desplazamiento y otros muchos problemas sociales en nuestro entorno. Con esta realidad, la medicina, la salud pública y las ciencias sociales tienen un deber con la comunidad, al contribuir con el debate sobre derechos humanos y llevar a la sociedad colombiana a un mayor compromiso para erradicar nuestra indiferencia estructural.
Desplazados internos y refugiados
Los desplazados internos (Internal Displaced People- IDPs, por siglas en inglés), son personas atrapadas en un círculo interminable de violencia que, como una reacción natural ante las amenazas, huyen de las zonas de conflictos o persecuciones civiles, como los refugiados. La diferencia con los refugiados radica en que cuando un civil que huye cruza la frontera internacional de su país, él o ella se convierte en un refugiado, y como tal recibe protección internacional y ayuda; pero si una persona en circunstancias similares es desplazada dentro del país, se convierte en desplazado interno. Esta es la situación en Colombia, y todos somos testigo o víctima de esta vivencia cotidiana.
El nuevo estudio global refleja que a fines de 2007 había 11,4 millones de refugiados fuera de sus países y 26 millones de desplazados internos por conflictos o persecución, arrojando unos datos sin precedentes en el número de personas desarraigadas bajo el amparo de la ACNUR. El número de refugiados bajo la responsabilidad del ACNUR se incrementó de 9,9 a 11,4 millones a fines de 2007. Según el Centro para la Supervisión del Desplazamiento Interno, el número global de personas afectadas por el desplazamiento provocado por los conflictos aumentó de 24,4 a 26 millones.
Entre los refugiados, el informe destaca que los afganos (3 millones, principalmente en Pakistán e Irán) y los iraquíes (2 millones, principalmente en Siria y Jordania), componen prácticamente la mitad de todos los refugiados bajo el amparo del ACNUR a nivel mundial en 2007, seguidos de los colombianos (552.000) en situación de refugio, sudaneses (523.000) y somalíes (457.000). Colombia también figura entre los 4 países con mayor cantidad de peticiones de asilo durante 2007 con 23.000 solicitudes, por detrás de Irak (52.000), Somalia (46.000) y Eritrea (36.000). Del total de solicitudes colombianas, 11.600 fueron para Ecuador y 2.600 para Canadá.
El problema de los desplazados internos en Colombia es una de las situaciones más graves del mundo. Según el Dane, el 92% de desplazados fueron expulsados de zonas rurales y el 8% de zonas urbanas; sin embargo, desde 2003 la proporción de expulsión urbana ha venido creciendo. Las mujeres en su mayoría representan un gran porcentaje de la población desplazada con un 49 a 58%, y alrededor de 48% de los desplazados corresponde a niños y jóvenes menores de 18 años, según el Observatorio de Desplazamiento Interno (IDMC, por sus siglas en inglés).
Solamente el 26% de desplazados tiene educación secundaria y ni siquiera el 1% alcanza el grado de tecnólogo. Asimismo, las minorías étnicas afro-colombianas e indígenas confirman el impacto del conflicto, el cual recientemente se evidenció con el desplazamiento de la comunidad Embera-Katío proveniente del resguardo del Conondó en el Municipio de Bagadó (Chocó), que arribó a Bogotá entre mayo y junio de 2008. Al ser testigos de la presencia de niños, mujeres, hombres y ancianos de esta comunidad en la capital, se cuestionan las medidas para prevenir un desplazamiento anunciado de aproximadamente 600 kilómetros de recorrido.
Entre las principales causas globales de desplazamiento figuran la falta de compromiso y burocracia gubernamental, la degradación medioambiental por el cambio climático (que incrementó la competencia por los escasos recursos), la explosión del precio de los alimentos, y quizás aquella que cada colombiano con cierto nivel de privilegio no alcanza a entender, como el creer que estamos en paz, y que la violencia será controlada tan solo por medio de las autoridades que están bajo el control de instituciones y sus gobernantes. No traguemos entero y hagamos parte de lo que se denomina sociedad, pues en esta Colombia de “burbujas, modelos y memoria limitada”, debemos despertar y respetar lo que nuestra realidad nos exige: compromiso consigo mismos y con aquellos que necesitan salir de la tragedia a la esperanza .
 
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