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El lado oscuro
de nuestra sociedad:
desplazados, un honor al silencio
Ricardo
Restrepo Guzmán, MD - Corresponsal en Nueva York, Estados
Unidos - elpulso@elhospital.org.co |
El último
informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los Refugiados (ACNUR), alertó que las cifras de
refugiados y desplazados internos en el mundo crecieron por
segundo año consecutivo en 2007. El informe afirma que
en Colombia hay actualmente 3 millones de desplazados internos,
lo que nos pone detrás de Sudán con 5 millones,
como el segundo país con mayor número de personas
en esta situación en el mundo. Esto demuestra que tan
extenso y dramático ha sido el impacto de nuestro conflicto
interno, pero a su vez confirma la falta de compromiso por parte
de todos nosotros con el significado y las consecuencias de
la violencia.
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Ésta necesita ser discutida y reevaluada a diario
en un contexto como el nuestro, no solo a través del
diálogo y las historias amarillistas, sino con acciones
concretas y concientización social.
Todavía esperamos que la Seguridad Democrática
sea el vehículo clave para controlar la violencia;
sin embargo, no caemos en cuenta de la obligación social
que tenemos para asumir sus consecuencias y explorar soluciones.
La necesidad de políticas claras donde la violencia
sea considerada un problema de salud pública, es una
prioridad en nuestro país. Las entidades gubernamentales
tienen la obligación de atender esta problemática,
pero más aún, cada uno de nosotros debe dejar
a un lado la desidia e ignorancia ante un problema como el
actual y exigir que se atienda.
Actualmente el país cabalga sobre cifras, pues estadistas
y economistas cuentan con los números como su único
punto de referencia, sin tener en cuenta el por qué,
el cómo y cuándo se llegó a ellos. No
olvidemos que detrás de todo resultado están
las acciones humanas, y para quienes las ejecutan, los datos
estadísticos son una pieza más de este rompecabezas,
pero no el estandarte para las soluciones y el alivio de una
población. Para la muestra están las cifras
contradictorias de muchos, en donde la iglesia dice que hay
4 millones de desplazados, el gobierno habla de 2.5 millones
y la Corte Constitucional junto con ACNUR y la Consultoría
para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES), aseguran
que son 3 millones.
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El problema de los desplazados
internos en Colombia es una de las situaciones
más graves del mundo. Según el Dane, el 92%
de desplazados fueron expulsados de zonas
rurales y el 8% de zonas urbanas; sin
embargo, desde 2003 la proporción de
expulsión urbana ha venido creciendo.
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Violencia
estructural
Paul Farmer, médico antropólogo de la
Universidad de Harvard, co-fundador de Juntos por la Salud (Partners
in Health) y gran humanista de nuestro siglo, trabaja sobre
la base de la violencia estructural, la cual está arraigada
a fuerzas sociales tales como racismo, sexismo, violencia política,
pobreza y otras inequidades sociales que tienen sus raíces
en procesos históricos y económicos que transforman
la realidad del individuo; éstas producen un daño
en la satisfacción de las necesidades humanas básicas
(supervivencia, bienestar, identidad o libertad), como resultado
de los procesos de estratificación social, es decir,
sin necesidad de formas de violencia directa.
En el caso colombiano, la violencia estructural ha sido la promotora
del desplazamiento y otros muchos problemas sociales en nuestro
entorno. Con esta realidad, la medicina, la salud pública
y las ciencias sociales tienen un deber con la comunidad, al
contribuir con el debate sobre derechos humanos y llevar a la
sociedad colombiana a un mayor compromiso para erradicar nuestra
indiferencia estructural.
Desplazados internos y refugiados
Los desplazados internos (Internal Displaced People-
IDPs, por siglas en inglés), son personas atrapadas en
un círculo interminable de violencia que, como una reacción
natural ante las amenazas, huyen de las zonas de conflictos
o persecuciones civiles, como los refugiados. La diferencia
con los refugiados radica en que cuando un civil que huye cruza
la frontera internacional de su país, él o ella
se convierte en un refugiado, y como tal recibe protección
internacional y ayuda; pero si una persona en circunstancias
similares es desplazada dentro del país, se convierte
en desplazado interno. Esta es la situación en Colombia,
y todos somos testigo o víctima de esta vivencia cotidiana.
El nuevo estudio global refleja que a fines de 2007 había
11,4 millones de refugiados fuera de sus países y 26
millones de desplazados internos por conflictos o persecución,
arrojando unos datos sin precedentes en el número de
personas desarraigadas bajo el amparo de la ACNUR. El número
de refugiados bajo la responsabilidad del ACNUR se incrementó
de 9,9 a 11,4 millones a fines de 2007. Según el Centro
para la Supervisión del Desplazamiento Interno, el número
global de personas afectadas por el desplazamiento provocado
por los conflictos aumentó de 24,4 a 26 millones.
Entre los refugiados, el informe destaca que los afganos (3
millones, principalmente en Pakistán e Irán) y
los iraquíes (2 millones, principalmente en Siria y Jordania),
componen prácticamente la mitad de todos los refugiados
bajo el amparo del ACNUR a nivel mundial en 2007, seguidos de
los colombianos (552.000) en situación de refugio, sudaneses
(523.000) y somalíes (457.000). Colombia también
figura entre los 4 países con mayor cantidad de peticiones
de asilo durante 2007 con 23.000 solicitudes, por detrás
de Irak (52.000), Somalia (46.000) y Eritrea (36.000). Del total
de solicitudes colombianas, 11.600 fueron para Ecuador y 2.600
para Canadá.
El problema de los desplazados internos en Colombia es una de
las situaciones más graves del mundo. Según el
Dane, el 92% de desplazados fueron expulsados de zonas rurales
y el 8% de zonas urbanas; sin embargo, desde 2003 la proporción
de expulsión urbana ha venido creciendo. Las mujeres
en su mayoría representan un gran porcentaje de la población
desplazada con un 49 a 58%, y alrededor de 48% de los desplazados
corresponde a niños y jóvenes menores de 18 años,
según el Observatorio de Desplazamiento Interno (IDMC,
por sus siglas en inglés).
Solamente el 26% de desplazados tiene educación secundaria
y ni siquiera el 1% alcanza el grado de tecnólogo. Asimismo,
las minorías étnicas afro-colombianas e indígenas
confirman el impacto del conflicto, el cual recientemente se
evidenció con el desplazamiento de la comunidad Embera-Katío
proveniente del resguardo del Conondó en el Municipio
de Bagadó (Chocó), que arribó a Bogotá
entre mayo y junio de 2008. Al ser testigos de la presencia
de niños, mujeres, hombres y ancianos de esta comunidad
en la capital, se cuestionan las medidas para prevenir un desplazamiento
anunciado de aproximadamente 600 kilómetros de recorrido.
Entre las principales causas globales de desplazamiento figuran
la falta de compromiso y burocracia gubernamental, la degradación
medioambiental por el cambio climático (que incrementó
la competencia por los escasos recursos), la explosión
del precio de los alimentos, y quizás aquella que cada
colombiano con cierto nivel de privilegio no alcanza a entender,
como el creer que estamos en paz, y que la violencia será
controlada tan solo por medio de las autoridades que están
bajo el control de instituciones y sus gobernantes. No traguemos
entero y hagamos parte de lo que se denomina sociedad, pues
en esta Colombia de burbujas, modelos y memoria limitada,
debemos despertar y respetar lo que nuestra realidad nos exige:
compromiso consigo mismos y con aquellos que necesitan salir
de la tragedia a la esperanza . |

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