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Alzhéimer: un reto silencioso para la salud pública

Autor
Por: Yenny Escobar Álvarez
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La enfermedad de Alzheimer representa un desafío creciente para la salud pública y para la sociedad en general. En un contexto de envejecimiento acelerado de la población, esta enfermedad neurodegenerativa avanza de manera silenciosa y sostenida. La Organización Mundial de la Salud estima que para 2050 el número de personas en el mundo con alzhéimer ascenderá a 140 millones, por lo que se debe generar mayor conciencia y cuidado para su prevención.

De acuerdo con un estudio de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Icesi, cerca de 260.000 personas mayores de 60 años padecen de alzhéimer en Colombia. Esta cifra es un aproximado, ya que a la fecha no hay información actualizada sobre la frecuencia con la que se genera esta enfermedad.

Uno de los principales problemas asociados es el subdiagnóstico. Muchas personas no reciben una evaluación oportuna debido al desconocimiento de los síntomas iniciales, al acceso limitado a consultas con especialistas en neurología y a las barreras geográficas y económicas que dificultan la atención en salud. En numerosas zonas rurales, la enfermedad es subestimada o confundida con el envejecimiento normal, lo que retrasa aún más su identificación y tratamiento.

La neuróloga Carolina Ospina Villegas, médica especialista en Neurología de la Universidad de Antioquia, con formación posdoctoral en neurociencias en la Universidad de Yale y miembro del Grupo de Neurociencias de Antioquia y del Hospital San Vicente Fundación Rionegro, advierte que uno de los mayores errores sociales es normalizar el deterioro cognitivo en la vejez. “La sociedad tiende a pensar que los cambios de memoria son normales con la edad, y un adulto mayor por defecto pierde su capacidad de recordar, pero no es así”, afirma. La especialista subraya que es posible envejecer de manera exitosa, conservando la independencia y las habilidades cognitivas. Sin embargo, alerta que cuando aparecen fallas que afectan la funcionalidad —como repetir varias veces la misma pregunta, olvidar citas importantes, no recordar eventos recientes, pagar dos veces la misma cuenta, confundirse con los medicamentos o perderse en un barrio conocido— se trata de señales de alarma.

El inicio temprano es menos frecuente y, en algunos casos, puede progresar con mayor rapidez. “También tiene una mayor probabilidad de estar asociado a mutaciones genéticas, aunque es importante aclarar que la mayoría de los casos no son hereditarios”, puntualiza. En contraste, el inicio tardío —más común— suele comenzar de manera más insidiosa y lenta, generalmente acompañado de otras enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes o patologías cardiovasculares, lo que puede complejizar el abordaje clínico y el seguimiento.

Para Ospina Villegas, el diagnóstico temprano es determinante. “El diagnóstico temprano mejora la calidad de vida para el paciente y su familia”, asegura. Permite que la persona participe en decisiones sobre su futuro y que se implementen intervenciones no farmacológicas —estimulación cognitiva, actividad física, ajustes en la alimentación y control de factores cardiovasculares— que pueden ralentizar el deterioro funcional. No obstante, reconoce que en Colombia persisten barreras como los largos tiempos de espera para acceder a neurología, trámites administrativos que retrasan estudios y brechas en la continuidad de terapias.

El impacto en cifras

El alzhéimer es una enfermedad crónica que hace parte de las demencias y que, en total, afecta a cerca de 50 millones de personas en el mundo. Alrededor del 60 % de quienes padecen esta condición viven en países de ingresos bajos y medios, donde el acceso a la atención integral, al diagnóstico y al tratamiento es limitado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que, frente a este problema, la demencia es en parte prevenible y que tanto los pacientes como sus cuidadores tienen derecho a una atención digna y oportuna.

La situación es particularmente alarmante en Colombia. Las estimaciones de prevalencia de la enfermedad varían entre el 1,3 % y el 23,6 %.

En este contexto, el profesor de la Escuela de Gobierno de la Universidad de los Andes, Diego Lucumí, afirma y analiza, en un artículo publicado en BMC Public Health, que la demencia no es reconocida como una prioridad de salud pública en el país. A ello se suma la insuficiencia del sistema de salud en cuanto a la atención y a las herramientas necesarias para detectar de manera temprana el deterioro cognitivo.

Entre la prevención y la atención: el rol de las EPS

De acuerdo con el Ministerio de Salud, Colombia cuenta con un marco normativo que busca garantizar la atención del alzhéimer, particularmente a través de la Ley 1616 de 2013, cuyo objetivo es promover la salud mental como un componente integral del derecho a la salud de las personas y sus familias. Asimismo, la Corte Constitucional y diversos convenios internacionales obligan al Estado a crear planes y programas que promuevan los derechos de los adultos mayores, en especial de aquellos que padecen esta enfermedad.

No obstante, aunque la legislación promulga la igualdad, el sistema de salud colombiano solo logra garantizar estos derechos en la medida en que las condiciones económicas lo permiten. La Revista de Salud Pública, en su volumen 23 de 2022, señala que el Estado no cuenta con la suficiencia necesaria para responder a las demandas de atención del alzhéimer, debido a los vacíos existentes en protección social y en programas ajustados a las características y necesidades de esta población.

Estas carencias obligan a las familias a exceder su capacidad de respuesta frente a los desafíos físicos, económicos y sociales que implica el cuidado de una persona con alzhéimer. Uno de los objetivos del Estado debería ser la creación de espacios favorables para pacientes y cuidadores que garanticen condiciones de vida digna. Sin embargo, un diagnóstico inadecuado o tardío dificulta el abordaje oportuno de los pacientes y limita la formulación de soluciones efectivas.

Más allá de la memoria: una historia de vida

Teresa Álvarez es una paciente diagnosticada con demencia de inicio temprano, enfermedad que heredó de su madre y de sus hermanas mayores. Con el paso del tiempo, comenzó a olvidar sucesos recientes, aunque conserva con claridad recuerdos de etapas más antiguas de su vida. Al notar estos cambios, su familia acudió a su EPS en busca de atención, pero allí comenzó una cadena de dificultades.

Según lo narrado por Teresa y su familia, las citas con especialistas se demoraron más de dos meses, seguidas de retrasos en la realización de ayudas diagnósticas, debido a que los centros a los que era remitida no daban abasto o no contaban con la capacidad suficiente. Además, en el sistema de salud actual todavía no se ha establecido con claridad la distribución de medicamentos.

También, sus familiares afirman que a medida que su estado de salud avanza, Teresa sobrevive gracias a la comprensión, el amor y el acompañamiento de su familia, además de actividades hogareñas orientadas a estimular su cerebro.



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