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Alerta por expansión de la fiebre amarilla en Colombia: brechas de cobertura y riesgos

Autor
Por: Yenny Escobar Álvarez
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La fiebre amarilla es una enfermedad viral hemorrágica aguda endémica de zonas tropicales de África y de América Central y del Sur. El término “amarilla” alude a la ictericia que puede presentarse en algunos pacientes como consecuencia del compromiso hepático. En sus fases iniciales, el cuadro clínico puede confundirse con otras enfermedades febriles virales, como el dengue, lo que dificulta su detección temprana.

Más allá del riesgo individual, la circulación activa del virus constituye un problema de salud pública de alto impacto, con potencial de propagación nacional e internacional. Las grandes epidemias se producen cuando confluyen tres factores críticos: la presencia del vector Aedes aegypti, una baja inmunidad poblacional y brechas en las coberturas de vacunación. “La fiebre amarilla debe entenderse como una enfermedad selvática o periselvática, porque los humanos no somos el hospedero principal del virus. En realidad, los principales reservorios son otros primates, y el ser humano termina siendo un hospedero incidental dentro de esa cadena de transmisión. Por esa razón, hasta ahora no existe evidencia de un cambio estructural hacia una transmisión urbana sostenida”, explica el médico epidemiólogo y anestesiólogo Óscar Andrés Tuberquia Agudelo.

Una amenaza persistente en las Américas

Entre los siglos XVII y XIX, la fiebre amarilla se expandió desde África hacia América del Norte y Europa, causando epidemias de gran magnitud que afectaron economías y diezmaron poblaciones. Desde 1970, la enfermedad ha resurgido como una amenaza relevante para la salud pública en las Américas.

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), actualmente, es endémica en al menos 13 países de América Central y del Sur, entre ellos Colombia, Brasil, Perú, Ecuador y Venezuela. Desde 2014, el virus ha mostrado una expansión progresiva más allá de la cuenca amazónica, fenómeno asociado a cambios en la movilidad humana, la deforestación y la ampliación de los hábitats del vector.

El especialista señala que los casos que se presentan en zonas urbanas responden, en su mayoría, a contagios accidentales de personas que ingresan a áreas selváticas o periselváticas y luego se desplazan a ciudades, donde pueden generarse brotes esporádicos, pero no una circulación continua del virus. “Hay un incremento del riesgo potencial, pero no está establecido un cambio estructural.

Los factores clave siguen siendo la cobertura de vacunación —que es heterogénea y no territorialmente completa— y procesos como la expansión de la frontera agrícola y la deforestación, que acercan a los humanos a los primates, que son el reservario natural del virus”, advierte.

En esta misma línea la OPS, afirmó: “Desde finales de 2024 se ha registrado un aumento de casos humanos confirmados en varios países de la región. En 2025, además, se evidenció un cambio en la distribución geográfica: mientras que en 2024 los casos se concentraban principalmente en la Amazonía, en 2025 la enfermedad comenzó a extenderse hacia otras zonas del continente”.

De acuerdo con datos de la organización, la vacuna contra la fiebre amarilla proporciona inmunidad efectiva entre el 80 % y el 100 % de las personas a los diez días de aplicada, y supera el 99 % de eficacia a los treinta días, lo que la consolida como la principal herramienta de prevención y control.

Alerta epidemiológica: Tolima como foco crítico

En Colombia, la expansión de la fiebre amarilla mantiene en alerta a las autoridades sanitarias, que han intensificado las acciones de vigilancia epidemiológica y vacunación ante la persistencia de focos activos de transmisión.

Con corte al 5 de enero de 2026, el Ministerio de Salud y Protección Social reportó 142 casos confirmados acumulados entre 2024 y lo corrido de 2026, con 63 fallecimientos. Los casos se concentran principalmente en Tolima, Huila, Cauca, Nariño, Putumayo, Caldas, Meta, Vaupés, Guaviare y Caquetá, territorios con circulación activa del virus y presencia del vector.

De acuerdo con la actualización del Instituto Nacional de Salud (INS) al 29 de diciembre de 2025, durante 2024 se notificaron 23 casos, con una letalidad del 56,5 %. En 2025, se reportaron 2.221 casos notificados, de los cuales 118 fueron confirmados (115 de procedencia nacional y tres importados desde Venezuela), con 42 muertes atribuibles a fiebre amarilla y una letalidad del 35,5 %.

El departamento del Tolima concentra actualmente uno de los principales núcleos de preocupación. Desde la declaratoria de emergencia sanitaria en 2024, el territorio ha reportado un incremento sostenido de casos y muertes. Según la Secretaría de Salud del Tolima, el 60 % de los casos notificados en lo corrido de 2026 corresponde a personas procedentes de otros departamentos, principalmente Bogotá y Cundinamarca, lo que evidencia brechas en la inmunización previa y debilidades en la contención interterritorial del riesgo.


Fuente: SIVIGILA

En cuanto a la movilidad poblacional, el epidemiólogo señala que los humanos pueden convertirse en “vectores invisibles” al trasladar el virus entre territorios con diferentes coberturas de vacunación. “Trabajadores rurales, mineros, turistas, poblaciones migrantes o personas en movilidad interna pueden llevar el virus desde zonas selváticas a áreas urbanas con alta densidad poblacional y presencia del mosquito, lo que aumenta el riesgo de brotes”, explica Tuberquia.

Esta dinámica también se refleja en la mortalidad. De acuerdo con la secretaria de Salud del Tolima, Katherine Rengifo, el 66 % de las muertes corresponde a casos importados desde otros territorios. En lo corrido de 2026, el departamento ha confirmado 15 nuevos casos y diez fallecimientos, especialmente asociados a periodos de alta movilidad poblacional.

En contraste, otros departamentos para el año 2025, había tomado acciones frente al incremento que se estaba presentando, tal es el caso de Cundinamarca. Para ese año, Neidy Adriana Tinjacá Rueda, secretaria de Salud de Cundinamarca, afirmó: “Los recientes casos detectados en departamentos como Tolima y Caldas, sin historial de la enfermedad, son un indicio que el virus se está expandiendo a nuevas regiones, lo que impulsa a Cundinamarca a activar su Plan de Contingencia. Este plan, alineado con la Circular Externa 012 de 2025, abarca cinco áreas clave: gestión de la contingencia, vigilancia intensificada, promoción y prevención, atención de casos y comunicación de riesgo”.

La medida se tomó en respuesta al comportamiento reciente del virus en departamentos que no registraban antecedentes de esta enfermedad, lo que sugiere una posible expansión a zonas no endémicas.

Vacunación anticipada y coordinación interregional

Ante el predominio de casos importados y el riesgo de expansión local, las autoridades de salud del Tolima, Bogotá y Cundinamarca instalaron una mesa técnica conjunta para definir estrategias que garanticen la vacunación anticipada de las personas que se desplacen hacia zonas con circulación activa del virus.

Las autoridades han insistido en la necesidad de superar el enfoque reactivo de la inmunización, recordando que la vacuna debe aplicarse al menos diez días antes del desplazamiento para garantizar una protección efectiva. La inmunización oportuna sigue siendo la única medida eficaz de prevención, dado que no existe un tratamiento antiviral específico para la fiebre amarilla.

Finalmente, el experto advierte que el principal desafío no es el esquema de vacunación —que consiste en una sola dosis para toda la vida—, sino identificar a las personas que nunca han sido vacunadas y permanecen fuera del radar del sistema. “El problema no es la vacuna, sino las brechas de acceso, las fallas en la cadena de frío, los registros inflados y las poblaciones invisibles para el sistema. Si no se corrigen esas debilidades, el riesgo de escenarios más graves seguirá latente”, concluye.

Directrices nacionales y retos

En el marco de la emergencia sanitaria, el Ministerio de Salud y Protección Social expidió la Circular Externa 000001 de 2026, que establece directrices obligatorias para la aplicación de dosis de refuerzo de la vacuna contra la fiebre amarilla en todo el territorio nacional. La medida responde al alto riesgo epidemiológico identificado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

La circular también ordena fortalecer la vigilancia epidemiológica y la farmacovigilancia de los Eventos Adversos Posteriores a la Vacunación (EAPV), así como garantizar el acceso sin barreras a la inmunización, con coberturas superiores al 95 %.

En el actual escenario epidemiológico, la fiebre amarilla no representa solo una alerta puntual, sino un desafío estructural para la salud pública, que pone en evidencia las brechas persistentes en inmunización, vigilancia territorial y coordinación interinstitucional del sistema de salud colombiano.



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