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Nuevo llamado para controlar resistencia antimicrobiana

Redacción El Pulso
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E s un hecho que la resistencia antimicrobiana se ha convertido en un problema que adquiere dimensiones cada vez más preocupantes en todo el mundo, e impensables cuando los antibióticos llegaron a la terapéutica y eran considerados como las “balas mágicas” para tratar las infecciones. Luego de la penicilina la búsqueda de nuevos fármacos con su misma función ha sido incesante, y parcialmente, exitosa, pero actualmente la resistencia a los antimicrobianos coloca en riesgo su eficacia e incluso información de la OMS señala que por lo menos la mitad los casos de neumonía estreptocócica son resistentes a la penicilina y que la capacidad de la cloroquina para tratar el paludismo es discutible.

La Federación Mundial de Asociaciones de Salud Pública acaba de hacer un nuevo llamado a la acción que parte de reconocer el importante papel que los antimicrobianos han desempeñado tanto en la prevención como la cura de infecciones, pero señala: “el abuso y mala utilización de los antimicrobianos en los humanos, animales y agricultura, los vacíos o deficiencias en el control y prevención de infecciones, bajos estándares de calidad en medicamentos, o la inversión inadecuada en el desarrollo de nuevos medicamentos pone en peligro los avances y logros de los últimos 50 años en el tratamiento de enfermedades infecciosas”.

Un poco de historia

En el año 2007 en el Informe Anual de la Red de Monitoreo/Vigilancia de la Resistencia a los Antibióticos, la OPS proponía la conformación de un comité técnico para evaluar las tendencias en la resistencia antimicrobiana y generar información para los países para la toma de acciones concretas, pero la preocupación venía desde mucho antes, en 1995 un grupo de investigadores norteamericanos presentaban un voluminoso estudio sobre el tema a la Asociación Estadounidense de Microbiología. La resistencia bacteriana tiene mayores dimensiones en el entorno hospitalario con gérmenes muy agresivos que se transmiten con facilidad, y que según estadísticas en los Estados Unidos están asociados con la muerte de 60.000 personas cada año, además de un costo de unos 4,5 billones de dólares anuales.

Se ha señalado al uso excesivo y la automedicación como causas de modificaciones en la ecología bacteriana y sus consecuencias para la salud, ya que las bacterias mutan hasta hacerse resistentes a los antibióticos ya sea por su variabilidad genética, la modificación de la permeabilidad de la membrana interna, la extracción del compuesto e inhibición enzimática, e incluso los cambios en la modificación del blanco ribosomal, con un agravante, esta capacidad de resistencia se trasmite entre los microorganismos de un mismo género (transmisión horizontal) o de géneros diferentes (transmisión vertical). De lo anterior se desprende la causa de que las campañas se enfoquen en evitar la prescripción inadecuada o a veces irracional de antimicrobianos ya que el propio prescriptor podría incidir en una mala utilización, cuando no es el caso de que son los mismos pacientes quienes presionan al tratante para que le recete. Otro elemento de presión puede ser el influjo de la industria farmacéutica y sus actividades de promoción.

La hora de mayores acciones

Como lo recuerda la Federación Mundial de las Asociaciones de Salud Pública (WFPHA) en un pronunciamiento del pasado 23 de mayo en Ginebra, la ex Directora General de la OMS, Margaret Chan, expresó en el 2015, “la resistencia antimicrobiana es un tema crítico que debe ser abordado con la mayor urgencia”, y Tedros Adhanom Ghebreyesus, actual Director General de la OMS, ha mantenido a la resistencia antimicrobiana como una de las prioridades de la organización. Este año el Plan de Acción Global de Resistencia Antimicrobiana identificó los retos que enfrentan todas las naciones y que requieren de acciones concertadas, incluyendo a la comunidad global de salud pública razón por la cual la WFPHA buscó contribuir a las discusiones que se desarrollan frente al tema desde la salud pública a nivel global enfatizando en la necesidad de acercase a la realidad de los sistemas de salud así como de los profesionales de la salud pública alrededor del mundo, e incluso de las interrelaciones con la ciencia, la investigación y el desarrollo, la vigilancia epidemiológica, la prestación de servicios de salud y la salud universal, campos necesarios para dar a las generaciones futuras una respuesta sostenible frente a la resistencia antimicrobiana.

De la reunión de Ginebra, la WFPHA hizo un llamado a todos los gobiernos, al sector privado, a las ONG, profesionales de la salud, organizaciones públicas y privadas de investigación y a la comunidad en general para asegurar que la salud pública continúe siendo el centro de todas las políticas y los esfuerzos científicos en el campo de la resistencia antimicrobiana, e instó a todos los actores para que aborden la problemática desde la Carta Global para la Salud Pública.

Con base en dicha carta las recomendaciones se encaminan hacia dos frentes: los servicios y los facilitadores. En cuanto a los servicios las recomendaciones son: trabajar en prevención; apoyar la implementación del Plan de Acción Global de Resistencia Antimicrobiana; fortalecer el entendimiento del tema a través de educación y entrenamiento; reducir la incidencia de las infecciones a través de saneamiento e higiene efectiva y la aplicación de buenas prácticas en la agricultura; optimizar el uso de antimicrobianos en la salud de humanos, animales y en la agricultura.; fortalecer el uso de vacunas como estrategia para la prevención primaria y secundaria de infecciones.

En cuanto a las acciones en protección la carta recomienda: apoyar la regulación apropiada en todos las fases, desde la producción hasta la disposición final de antimicrobianos, asegurar la garantía de calidad y fomentar el uso apropiado, a través del modelo AWaRE: Acceso a listas de medicamentos esenciales – Acceso y precaución; promover estrategias de monitoreo y vigilancia (e.g., WHO-GLASS y WHO-AGISAR) para informar sobre el uso apropiado de los antibióticos, investigaciones y desarrollo, para evaluar y documentar las tendencias en el uso de antimicrobianos, patrones de resistencia y el diseño de estrategias de intervención; aplicar estrictos estándares en la fabricación, distribución, control y disposición final de antimicrobianos; apoyar a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y a la Organización Mundial para la Salud (OMS) en el direccionamiento del trabajo hacia el Plan Mundial para luchar contra la resistencia a los antimicrobianos.

En relación con las acciones de promoción de la salud se sugiere: comprender los determinantes de la salud; reconocer la “causas de las causas” del incremento en la resistencia antimicrobiana; y empoderar a individuos y cambiar comportamientos, a través de literatura de salud.

Por su parte las recomendaciones a los facilitadores van en varias direcciones: una buena Gobernanza; mejorar la legislación en todas las áreas donde tenga impacto la resistencia antimicrobiana; desarrollar y fortalecer estrategias intersectoriales, políticas e institucionales para mejorar la acción sobre la resistencia antimicrobiana; asegurar transparencia, responsabilidad y promover mejores prácticas de gobierno en el manejo de los antimicrobianos, incluyendo auditorias sobre el uso y abuso de los mismos; información confiable; mejorar la comprensión del problema fortaleciendo la vigilancia, la transparencia y la investigación; diseminar lo más ampliamente posible información correcta, a través de medios de comunicación tradicionales y de las redes sociales; apoyar el desarrollo de campañas gubernamentales que adviertan sobre el peligro del mal uso de los antimicrobianos.

Otras recomendaciones son: aumentar el conocimiento y entendimiento a través de educación y capacitación efectivas, diseminar conocimiento más allá de las instituciones y los profesionales de la salud, investigaciones y desarrollo en salud pública, priorizar las necesidades de investigación y desarrollo (I&D) para enfocarse en las necesidades de salud pública (humanos, animales y plantas), en la intersección de patógenos, enfermedades y síndromes, y necesidades de poblaciones específicas, fortalecer el liderazgo de la sociedad civil, en comunidades, con el gobierno y el sector privado al crear conciencia sobre aspectos relacionados con la resistencia antimicrobiana, hacer partícipe a profesionales médicos, veterinarios y otros profesionales de la salud, agricultores, ONG, para estimular una voz fuerte ante los medios, la comunidad y el gobierno para contrarrestar la resistencia antimicrobiana, alentar a todos los actores de salud pública para hacer un llamado a las organizaciones de I&D y financiadores para priorizar los esfuerzos de investigación hacia las que contribuyan a las prioridades de salud pública, apoyar las acciones que aseguren el acceso y administración apropiada de las tecnologías existentes de salud, incluidos los medicamentos, vacunas y métodos diagnósticos, mejorar la coordinación de una comunidad amplia que ejerza la abogacía, “hablar con una sola voz” a los interesados y evitar confundir con mensajes contradictorios.

Algo debe quedar muy en claro para comprender el problema de los antimicrobianos y enfrentarlo, no son los medicamentos ni el paciente los que se hacen resistentes, es el propio agente biológico el capaz de hacerse resistente, por lo tanto, controlar las causas que llevan al fenómeno, es la clave.


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