MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 238 JULIO DEL AÑO 2018 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com

Construir sobre lo construido

Redacción El Pulso
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¿ Qué tanto puede avanzar el sistema de salud colombiano en casi una década? Juan Manuel Santos será, por ahora, el último presidente que gobierne durante ocho años consecutivos, tiempo suficiente para aplicar reformas de fondo e incluso para ver mejoras significativas en indicadores de salud, de ahí que su balance en salud debería contener por lo menos grandes resultados en los temas macro y más sensibles e incluso que se reflejen en el día a día del sector y de los ciudadanos, y lo primero a decir es que si bien se han producido cambios, estos no son tan contundentes como se esperarían de una gestión prolongada en el tiempo.

Dos temas preocupan de manera central entre muchos otros. La sostenibilidad del sistema en una articulación armónica entre los actores, porque acá el asunto ya no es de suficiencia de recursos, más de 40 billones de pesos anuales deberían ser suficientes. La situación ha girado hacia un desequilibrio donde ese importante volumen de recursos no fluye con la presteza necesaria, las carteras aumentan, las aseguradoras muestran pérdidas significativas en sus balances, los prestadores públicos no logran superar la crisis financiera, y si bien se han tomado medidas como el giro directo, nuevas normas para garantizar la solvencia de las EPS, y otras más, es claro que tenemos un panorama igual de oscuro al de hace ocho años.

Otro problema irresuelto ha sido el de la corrupción, entendida esta no solamente como el robo descarado de los recursos de la salud, sino como una práctica fruto del relajamiento de los valores éticos de nuestra sociedad, donde se busca cualquier oportunidad muchas veces disfrazada de viveza para sacar un provecho personal del sistema. Y si bien acá se podría pensar que la solución implica esfuerzos mucho más profundos, desde el sistema educativo y desde los mismos hogares, la verdad es que si se pueden tomar medidas estructurales para tapar los resquicios por donde los inescrupulosos aprovechan para esquilmar los recursos de la salud, e infortunadamente, eso no se ha visto, más allá de las denuncias y escándalos destapados por órganos de control cuando los hechos están consumados. Hay que recordar acá una frase del presidente Santos muy al principio de su gestión cuando denunciaba la desviación de recursos en el manejo de los recobros NO POS, “esta es solo la punta del iceberg”, pasaron ocho años y el iceberg continuó sumergido.

Ahora bien, no todos son temas pendientes, en el control de precios a los medicamentos se dieron pasos importantes que redundan en la reducción de costos generales del sistema. Controlar la presión tecnológica es una tarea que incluye la racionalidad del ordenador del gasto, pero también la existencia de medidas estatales que sirvan como talanquera al desbordado afán comercial de la industria. Acá deberíamos estar ante un juego preciso de pesos y contrapesos, es natural que quienes producen e innovan quieran lograr ganancias por sus inversiones, y si es pronto mejor, pero los recursos de un sistema de salud no son infinitos y es indispensable y socialmente necesario que el estado asuma una postura de defensa de los dineros de la nación, que al fin de cuentas son de todos los ciudadanos. De ahí que establecer medidas de control sea una tarea loable que en la actual administración por fin dio sus primeros pasos, y que se esperaría que el nuevo gobierno quiera continuar.

Y precisamente este último punto es el que debe generar la mayor reflexión. El nuevo presidente Iván Duque señaló en un su primer discurso como mandatario electo, que no gobernaría con retrovisor, situación difícil de creer en la medida que todos en mayor o menor medida lo hacen y buscan en sus antecesores las causas de los males del país, y es relativamente natural esta conducta por cuanto una nación es el resultado de una construcción colectiva donde es el pasado donde se anclan las bases del presente, el problema es no manejar el retrovisor para ver lo bueno que se ha sembrado, y pensar se comienza de cero en cada cuatrienio.

Varias políticas dictadas en los últimos años apenas comienzan a implementarse, y la gran incertidumbre es si continuarán y que tanto apoyo recibirán en la nueva administración. Un ejemplo es la MIAS y sus rutas de atención, las instituciones han comenzado a adaptarse para aplicarlas en sus entornos y sería traumático girar en otra dirección. Sin embargo, si la visión de la nueva administración es diferente, lo más importante sería entonces abrir la discusión lo más pronto posible para evitar desgastes innecesarios.

Una situación similar se da frente a múltiples temas, la utilización del cannabis medicinal, la reglamentación de la eutanasia, temas estos donde las diferencias ideológicas del gobierno saliente con los grupos que ahora llegan al poder han sido muy significativas.

El país no puede dar bandazos en el manejo de la salud, y si bien hay que corregir problemas, las políticas deben ser concertadas y su análisis comenzar lo más pronto posible, para encontrar las soluciones más adecuadas y comenzar su implementación lo más pronto pero inteligentemente posible.


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