MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 238 JULIO DEL AÑO 2018 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com
U na de las compensaciones emocionales que buscamos los seres humanos a lo largo de la vida, de forma consciente o inconsciente, es el deseo de aprobación. A menudo, ello viene de las vivencias de la infancia, cuando por alguna razón aprendimos que el camino de la aprobación era el camino del éxito.
El problema radica en que al crecer y volvernos adultos, buscamos desesperadamente la aprobación de otros a través de medios bastante curiosos. Se pretende llamar la atención a través de la apariencia, de las expresiones, de las posesiones materiales para que otros nos envidien o de las poses que adoptamos en las fotos que inmediatamente publicamos en las redes sociales, esperando los ansiados “likes” que nos hagan sentir mejor y nos reafirmen lo valiosos que somos.
Pero, más allá de las apariencias y en lo profundo del ser, notamos que esa búsqueda desesperada de aprobación, no es más que una búsqueda desesperada de amor. La cosa es que terminamos buscándolo donde no lo encontraremos y entre personas que nunca nos lo ofrecerán.
Hay varias cosas interesantes al respecto. Una de ellas, proviene de una interesante investigación que reseñaba cuáles eran las cosas de las que la gente se arrepentía antes de morir. Y uno de esos arrepentimientos era no haber pasado más tiempo con los amigos y los seres queridos. Otro estudio, evidenciaba cómo la soledad es un factor de riesgo bastante prominente para morir de forma prematura de enfermedades del corazón.
El ser humano es gregario por naturaleza. Aunque nuestros sistemas económicos, educativos y políticos propenden por el individualismo, lo cierto es que vivir juntos y de forma interdependiente es una necesidad humana genuina de la cual depende nuestra supervivencia como especie. Aclaro que es diferente la interdependencia a la dependencia de los demás, lo cual no es razonable.
Una de las aspiraciones más importantes del ser humano, es amar y ser amado. Tenemos derecho a ello. Hemos de evitar caer en el deseo de aprobación de los demás pero tampoco irnos al extremo de convertirnos en ególatras, cuyo único interés es servirse a sí mismos. Ningún proyecto que no sea concebido buscando el bien común puede prevalecer porque ello atenta contra el espíritu de supervivencia de la raza humana.
Por eso, quizá las prioridades de la vida debieran ajustarse a una nueva escala de valores. Para que no nos llegue el arrepentimiento de los últimos días y vivamos con mejor salud, hemos de reconocer que estar rodeados de personas que nos quieran y nos valoren, es lo más importante de la existencia… sin el amor de los seres queridos, todo carece de sentido. Ninguna lucha vale la pena, ningún triunfo sirve sino hay nadie con quien compartirlo. Nada nos hará más felices que el amor desinteresado de nuestra familia y amigos.
Viva alejado de la gente que no le quiere, de la gente que le envidia, de la gente que no le desea cosas buenas. Proteja su mente y sus emociones de aquellos seres tóxicos que no piensan en construir sino en criticar. Viva en paz, viva feliz, gaste sus días con las personas que lo quieren, lo valoran y lo aceptan. Es la mejor inversión que puede hacer y el mejor uso que puede darle al tiempo que le quede.
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