MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 82    JULIO DEL AÑO 2005    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

De reestructuraciones y pensiones
Conrado Gómez Vélez - Especialista en salud pública y en evaluación social de proyectos - Magíster en Ciencias Políticas
elpulso@elhospital.org.co
Aunque parezca extraño, la reestructuración hospitalaria y la reforma pensional que acaba de aprobarse tienen muchísimas cosas en común, que merecen traerse a discusión. La reestructuración es interesante como fenómeno porque representa un modelo de avance y de agregación de valor sumamente restringido, que ejemplifica en gran medida porqué vamos mal en las pensiones y en la economía.
“Masacre en Colombia” Fernando Botero
Comencemos señalando que la reestructuración de hospitales es indispensable, incluso en aquellas instituciones que la han hecho sin restablecer definitivamente su equilibrio financiero, porque el ajuste es casi siempre parte de la solución. Aparte de esto, hay cierto desconsuelo sobre estos procesos porque fueron concebidos acompañados de renovación tecnológica, capacitación y modernización, y sin embargo se vienen quedando en el adelgazamiento de las plantas de personal sin más. ¿Que se puede ver? Que en el sector hospitalario, como en la mayor parte de la estructura productiva del país, el valor agregado se obtiene reduciendo salarios y
flexibilizando las nóminas, afectando el empleo, las prestaciones sociales y las pensiones. En otras palabras, no avanzamos innovando, registrando patentes o inventos ni mejorando la productividad con automatización y tecnología, sino principalmente a costa de los salarios.
¿Qué fue la reforma laboral de hace pocos años (Ley 789 de 2002)? Un empujón a la economía y al empleo que tiene su mérito, pero que en esencia consistió en echarle agua a la sopa para que rindiera más y por eso las críticas. Con razón se ha reducido el consumo de alimentos y ropa en la mayoría de los hogares, mientras se eleva la compra de electrodomésticos y otros bienes en familias beneficiadas con esa desigualdad.
La cuestión no va simplemente en quejarse o descalificar las reformas y las reestructuraciones. La clave de la discusión está en entender que mientras los colombianos no logremos elevar el nivel de crecimiento económico por encima del 7% u 8% al año, no nos va a quedar mas remedio que seguir empobreciéndonos, echándole agua a la olla. El caso de las pensiones es muy diciente y quizá atemorizante, porque a pesar de los esfuerzos y el reciente acto legislativo, este problema dista mucho estar resuelto. La bomba pensional sigue instaladita y no pasará mucho tiempo sin que el gobierno tenga que salir a decir que hay que aplazar las edades de reconocimiento o incluso reducir su valor, máxime que la aplicación del tope a las pensiones mayores de 25 salarios mínimos se aplazó para el 2010.
Dos regímenes con problemas
Para comenzar, hay que recordar que en Colombia existen 2 regímenes de pensiones: uno de ahorro individual con solidaridad, y otro de prima media manejados por seis fondos privados de pensiones (uno colombiano y los demás extranjeros) y por el Seguro Social. Las estadísticas recientes de los mismos pueden verse en el cuadro siguiente:

Ambos sistemas tienen problemas de sostenibilidad. Claro: el sistema privado se atendrá a devolverle a la gente sus ahorros hasta donde alcancen, de manera que si la pensión resulta irrisoria el problema será del pensionado y de nadie más, solucionándole en parte el problema al gobierno de tener que asumirlo. En parte porque está previsto que el gobierno subsidiará a quienes no alcancen una pensión de un salario mínimo y según parece, estos van a ser muchos. Tengamos en mente que una pensión de salario mínimo requiere un bono de $106 millones y que ese valor no lo ahorra nadie aportando $363.000 anuales con una rentabilidad del 13% al 15% año, de la cual una tercera parte se va en costos de administración pagados a la AFP (3,78% de comisiones). No hay que hacer muchas matemáticas financieras para ver que en 20 años con una rentabilidad del 8% al año, estos aportes apenas suman un 25% del bono pensional requerido y que al gobierno, es decir a los ciudadanos que pagan impuestos, les va a tocar poner el resto; el 75% de quienes paguen aportes por un salario mínimo sin alcanzarlo, y también quienes aporten sobre dos salarios mínimos, que son el 80% de los afiliados, podrían requerir algún subsidio si la inflación y la baja rentabilidad azotan el país, todos para alcanzar un salario mínimo de pensión. De todo esto se desprende una cosa que pocos saben, o entienden, y es que los sistemas de ahorro individual como en Chile y en Colombia, son discutidos por el enorme riesgo de garantizar que sean capaces de ofrecer una pensión digna.
Los que están afiliados al Seguro Social tampoco pueden cantar victoria. Claro: el monto de las pensiones que ofrece el régimen de prima media supera ampliamente lo que podría ofrecer el sistema de ahorro individual; no obstante, esto puede ser solo ilusión. Cada dos años hay reformas pensionales achicando sus beneficios, y la cosa no va a parar porque el sistema es insostenible financieramente. No sería raro que, como en Argentina, tengamos que reducir más adelante el monto de las pensiones consolidadas y reconocidas a estos afiliados, lo que puede sonar alarmista pero tampoco se puede descartar, en caso que el sistema de ahorro individual también tenga que acudir al gobierno para reconocer sus pensiones. Muchos creen que el problema no es tan grave porque es el gobierno el que responde, pero eso es imposible en condiciones de desequilibrio como las que tenemos. Otros señalan que el problema de reservas del Seguro Social consiste en que las AFP tienen la carne y el ISS el hueso, y que si se permitiera que el ISS se coma los ahorros del sistema privado el déficit estaría resuelto.
Esto no es cierto, porque como se ve, algunos de quienes están afiliados a régimen individual, probablemente el 50%, también tendrían que pedir subsidio del Estado para alcanzar un salario mínimo de pensión, y seguramente van a tener que pelear para que se les haga algún tipo de reconocimiento. El meollo es un desequilibrio general que se explica en parte por la baja rentabilidad, resultante de la poca profundidad del mercado colombiano de inversiones, que ofrece un balance desfavorable de riesgo-rentabilidad.
¿Entonces, en que están invertidas las pensiones? Allí está el problema, el 48% están prestadas al gobierno. Es decir: se le quitó la plata al ISS que es público para invertirla en iniciativas rentables en el sector privado, pero lo que ocurrió fue que la plata terminó prestada al gobierno, que compite con el sector privado por captar estos dineros, empujando las tasas de interés y por lo tanto en contra de la productividad del país.
Mientras todo esto ocurre, ¿en dónde están los colombianos? ¿Dónde están los ciudadanos haciendo cuentas calculadora financiera en mano para ver qué van a recibir de pensión? ¿Por qué el acto legislativo fue aprobado y la gente como si nada?, ¿Dónde está la ciudadanía? No cabe duda que tenemos que prestar más atención a estos temas porque son en serio. Necesitamos encontrar una manera de producir y generar valor diferente a la de adelgazar las nóminas, un proceso que cruza por la pregunta sobre la clase de personas que está capacitando la universidad y las competencias que adquieren allí, y por la necesidad de fortalecer la inversión y la productividad del país decididamente.
 
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