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De reestructuraciones y pensiones
Conrado
Gómez Vélez - Especialista en salud pública
y en evaluación social de proyectos - Magíster
en Ciencias Políticas
elpulso@elhospital.org.co |
| Aunque parezca extraño,
la reestructuración hospitalaria y la reforma pensional
que acaba de aprobarse tienen muchísimas cosas en común,
que merecen traerse a discusión. La reestructuración
es interesante como fenómeno porque representa un modelo
de avance y de agregación de valor sumamente restringido,
que ejemplifica en gran medida porqué vamos mal en las
pensiones y en la economía. |
Masacre en Colombia Fernando
Botero
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Comencemos señalando que la reestructuración de
hospitales es indispensable, incluso en aquellas instituciones
que la han hecho sin restablecer definitivamente su equilibrio
financiero, porque el ajuste es casi siempre parte de la solución.
Aparte de esto, hay cierto desconsuelo sobre estos procesos
porque fueron concebidos acompañados de renovación
tecnológica, capacitación y modernización,
y sin embargo se vienen quedando en el adelgazamiento de las
plantas de personal sin más. ¿Que se puede ver?
Que en el sector hospitalario, como en la mayor parte de la
estructura productiva del país, el valor agregado se
obtiene reduciendo salarios y |
flexibilizando las
nóminas, afectando el empleo, las prestaciones sociales
y las pensiones. En otras palabras, no avanzamos innovando,
registrando patentes o inventos ni mejorando la productividad
con automatización y tecnología, sino principalmente
a costa de los salarios.
¿Qué fue la reforma laboral de hace pocos años
(Ley 789 de 2002)? Un empujón a la economía y
al empleo que tiene su mérito, pero que en esencia consistió
en echarle agua a la sopa para que rindiera más y por
eso las críticas. Con razón se ha reducido el
consumo de alimentos y ropa en la mayoría de los hogares,
mientras se eleva la compra de electrodomésticos y otros
bienes en familias beneficiadas con esa desigualdad.
La cuestión no va simplemente en quejarse o descalificar
las reformas y las reestructuraciones. La clave de la discusión
está en entender que mientras los colombianos no logremos
elevar el nivel de crecimiento económico por encima del
7% u 8% al año, no nos va a quedar mas remedio que seguir
empobreciéndonos, echándole agua a la olla. El
caso de las pensiones es muy diciente y quizá atemorizante,
porque a pesar de los esfuerzos y el reciente acto legislativo,
este problema dista mucho estar resuelto. La bomba pensional
sigue instaladita y no pasará mucho tiempo sin que el
gobierno tenga que salir a decir que hay que aplazar las edades
de reconocimiento o incluso reducir su valor, máxime
que la aplicación del tope a las pensiones mayores de
25 salarios mínimos se aplazó para el 2010.
Dos regímenes con problemas
Para comenzar, hay que recordar que en Colombia existen
2 regímenes de pensiones: uno de ahorro individual con
solidaridad, y otro de prima media manejados por seis fondos
privados de pensiones (uno colombiano y los demás extranjeros)
y por el Seguro Social. Las estadísticas recientes de
los mismos pueden verse en el cuadro siguiente:
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Ambos sistemas tienen
problemas de sostenibilidad. Claro: el sistema privado se atendrá
a devolverle a la gente sus ahorros hasta donde alcancen, de
manera que si la pensión resulta irrisoria el problema
será del pensionado y de nadie más, solucionándole
en parte el problema al gobierno de tener que asumirlo. En parte
porque está previsto que el gobierno subsidiará
a quienes no alcancen una pensión de un salario mínimo
y según parece, estos van a ser muchos. Tengamos en mente
que una pensión de salario mínimo requiere un
bono de $106 millones y que ese valor no lo ahorra nadie aportando
$363.000 anuales con una rentabilidad del 13% al 15% año,
de la cual una tercera parte se va en costos de administración
pagados a la AFP (3,78% de comisiones). No hay que hacer muchas
matemáticas financieras para ver que en 20 años
con una rentabilidad del 8% al año, estos aportes apenas
suman un 25% del bono pensional requerido y que al gobierno,
es decir a los ciudadanos que pagan impuestos, les va a tocar
poner el resto; el 75% de quienes paguen aportes por un salario
mínimo sin alcanzarlo, y también quienes aporten
sobre dos salarios mínimos, que son el 80% de los afiliados,
podrían requerir algún subsidio si la inflación
y la baja rentabilidad azotan el país, todos para alcanzar
un salario mínimo de pensión. De todo esto se
desprende una cosa que pocos saben, o entienden, y es que los
sistemas de ahorro individual como en Chile y en Colombia, son
discutidos por el enorme riesgo de garantizar que sean capaces
de ofrecer una pensión digna.
Los que están afiliados al Seguro Social tampoco pueden
cantar victoria. Claro: el monto de las pensiones que ofrece
el régimen de prima media supera ampliamente lo que podría
ofrecer el sistema de ahorro individual; no obstante, esto puede
ser solo ilusión. Cada dos años hay reformas pensionales
achicando sus beneficios, y la cosa no va a parar porque el
sistema es insostenible financieramente. No sería raro
que, como en Argentina, tengamos que reducir más adelante
el monto de las pensiones consolidadas y reconocidas a estos
afiliados, lo que puede sonar alarmista pero tampoco se puede
descartar, en caso que el sistema de ahorro individual también
tenga que acudir al gobierno para reconocer sus pensiones. Muchos
creen que el problema no es tan grave porque es el gobierno
el que responde, pero eso es imposible en condiciones de desequilibrio
como las que tenemos. Otros señalan que el problema de
reservas del Seguro Social consiste en que las AFP tienen la
carne y el ISS el hueso, y que si se permitiera que el ISS se
coma los ahorros del sistema privado el déficit estaría
resuelto.
Esto no es cierto, porque como se ve, algunos de quienes están
afiliados a régimen individual, probablemente el 50%,
también tendrían que pedir subsidio del Estado
para alcanzar un salario mínimo de pensión, y
seguramente van a tener que pelear para que se les haga algún
tipo de reconocimiento. El meollo es un desequilibrio general
que se explica en parte por la baja rentabilidad, resultante
de la poca profundidad del mercado colombiano de inversiones,
que ofrece un balance desfavorable de riesgo-rentabilidad.
¿Entonces, en que están invertidas las pensiones?
Allí está el problema, el 48% están prestadas
al gobierno. Es decir: se le quitó la plata al ISS que
es público para invertirla en iniciativas rentables en
el sector privado, pero lo que ocurrió fue que la plata
terminó prestada al gobierno, que compite con el sector
privado por captar estos dineros, empujando las tasas de interés
y por lo tanto en contra de la productividad del país.
Mientras todo esto ocurre, ¿en dónde están
los colombianos? ¿Dónde están los ciudadanos
haciendo cuentas calculadora financiera en mano para ver qué
van a recibir de pensión? ¿Por qué el acto
legislativo fue aprobado y la gente como si nada?, ¿Dónde
está la ciudadanía? No cabe duda que tenemos que
prestar más atención a estos temas porque son
en serio. Necesitamos encontrar una manera de producir y generar
valor diferente a la de adelgazar las nóminas, un proceso
que cruza por la pregunta sobre la clase de personas que está
capacitando la universidad y las competencias que adquieren
allí, y por la necesidad de fortalecer la inversión
y la productividad del país decididamente. |
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