MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 82    JULIO DEL AÑO 2005    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Colombia:
un país enfermo de violencia
Juan Carlos Arboleda Zapata - elpulso@elhospital.org.co
Ninguna causa aislada produce tantos muertos en Colombia como la violencia: en los últimos 30 años, de 1975 a 2004 se han registrado 500.054 homicidios. Ello indica que en Colombia llevamos 30 años con dos homicidios por hora, un homicidio cada 30 minutos durante todos los días y todas las noches de los últimos 30 años, lo que hace que el doctor Saúl Franco, Coordinador del doctorado en Salud Pública de la Universidad Nacional, considere la violencia como el principal problema de salud pública del país, debido a la enorme participación que tiene en la mortalidad.
“Masacre en Colombia” Fernando Botero
Para el doctor Franco, la violencia tiene un costo económico altísimo para el sector salud en la atención, por los muchos casos diarios generados por las distintas formas de violencia, que superan las originadas por el conflicto armado; pero además, el sector salud está gastando buena parte de su capacidad física instalada y de recursos humanos y técnicos en atender a las victimas de la violencia, con la consecuencia de relegar la atención de otras patologías ante el imperativo de la atención de urgencias.
Medir el impacto de la violencia sobre la salud de los colombianos es tarea complicada, pues desde 1994 no se hace una investigación nacional, sino estudios por regiones o en grupos poblacionales específicos que no aportan datos actualizados, pero que muestran la violencia como un actor de gran peso dentro de la mortalidad del país.
La violencia y la carga de la enfermedad
La carga de la enfermedad es la medición de cuántos Años de Vida Saludable (AVISAs) pierde una población por mortalidad prematura de sus individuos, en relación con su esperanza de vida al nacer, y también por la ponderación en años de la discapacidad que produce una enfermedad; la metodología para determinar la carga de la enfermedad se aplicó durante el ministerio de Juan Luis Londoño de la Cuesta en 1994 utilizando el indicador AVISAs, y fue el profesor de la Facultad de salud pública de la Universidad de Antioquia, Juan Luis Londoño Fernández, quien trabajó en su implementación.
El estudio reveló como de todos los Años de Vida Saludable perdidos por los colombianos, cerca del 50% se debían a la violencia, pero más aún, que mientras en el mundo la carga generada por homicidios era en promedio del 1% y en Latinoamérica el 3%, en Colombia llegó al 25%, cifra vergonzosa según el doctor Londoño Fernández, quién de todas formas intuye que el indicador tal vez disminuyó considerando los informes que dan cuenta de una disminución en la tasa de homicidios en los últimos 4 años: “Los AVISAs deben haber bajado en el país porque miden la perdida de años saludables no solo por discapacidad sino por mortalidad, pero sería importante corroborarlo con un nuevo estudio”.
La violencia tiene un costo económico altísimo para el sector salud en la atención, por los muchos casos diarios generados por las distintas formas de violencia, que superan las originadas por el conflicto armado.
Algunos analistas han insistido en la actualización de la medición de la carga de la enfermedad, y el doctor Londoño Fernández coincide en la necesidad de hacerlo por lo menos cada 5 o máximo 10 años, pero simultáneamente actualizar el indicador AVISAs, renovando anualmente las tasas de mortalidad, principalmente las de homicidios, porque la realización del estudio completo presenta un grado de complejidad que dificulta su realización: “El modelo es costoso, además hay problemas para recopilar la información epidemiológica que a veces no existe a nivel nacional y mucho menos a nivel de regiones, y que es indispensable para manejar la incidencia de las enfermedades y sus duraciones”.
Violencia y efectos en salud mental
La medición de violencia en el país presenta un gran subregistro. Los datos más reales son en homicidios, suicidios, accidentes de tránsito y lesiones que producen demanda al sistema de salud; aún así, por las características del conflicto armado, existen actos con victimas que no aparecen reportadas ni cuantificadas. Pero los peores subregistros son los relacionados con otros tipos de violencia, como la intrafamiliar, la barrial, y los efectos de la violencia general en salud mental, para los cuales prácticamente no existen datos.
La doctora Vilma Restrepo, Coordinadora del Grupo de Investigación en Salud Mental de la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, señala como nadie ha medido la violencia en la parte síquica y las secuelas que deja, y mucho menos las consecuencias sociales -desplazamiento, empobrecimiento, desempleo, rompimiento de las redes sociales-, con el agravante de que la Ley 100/93 no posibilita la atención sicológica para el régimen subsidiado y en muy poca medida para el contributivo -no hay derecho al tratamiento siquiátrico ni al especialista, el tratamiento debe hacerlo un médico general en Atención Primaria en Salud y no se tiene derecho a ciertas medicaciones-.

La disminución de los homicidios no implica el descenso de la violencia en el país.
Las consecuencias de la violencia, desatendidas por el sistema, hacen que las personas construyan un sentimiento de odio, miedo o terror, que pueden desencadenar en problemas fisiológicos o en que la persona afectada se quede con el sentimiento y desencadene otra problemáticas como depresión. Lo grave, es que se abre la puerta a un permanente circulo vicioso: “Uno encuentra personas desplazadas, con pérdidas muy cercanas -familiares del primer nivel-. Muchos superan su duelo, pero en Colombia debe haber muchas personas con un duelo no superado que produce inconvenientes para su vida y que producen odio y continúan la cadena, construyendo un cuadro de odio que se desencadena en venganza hacia las personas que se cree son culpables, o un cuadro de miedo que deteriora la vida. Son personas que no salen, temen trabajar en ciertas partes, temen que les pase lo mismo que a su familiar”, concluye la doctora Restrepo.
Disminución de la violencia
Según Numael Cifuentes González, Coordinador del Centro de Referencia Regional sobre Violencia de Medicina Legal, la mortalidad por homicidios en Colombia se ha reducido en los últimos años (veáse tabla) aunque para algunos ha sido una disminución moderada; sin embargo, Medellín, que alguna vez presentó cifras récord en homicidios a nivel mundial, sí ha mostrado una disminución considerable, y ello no puede ser sólo atribuible al aumento en el pie de fuerza. La doctora Doris Cardona Arango, investigadora de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, considera que campañas por la recuperación del tejido social y de fomento de valores tuvieron impacto en esta reducción, pero además llamó la atención sobre una disminución poblacional del grupo de jóvenes, que pasó de ser el 21 al 19% de la población general, y siendo este grupo de edad en donde tradicionalmente se han presentado el mayor número de homicidios, es posible que éste factor influya en el descenso de las tasas de mortalidad por homicidios.
El doctor Víctor Hugo Grisales, coordinador del Grupo de Investigación Demografía y Salud, reconocido por Colciencias, considera que pese a la disminución en las cifras persiste el papel protagónico de la violencia como causa de muerte, señala como entre 1989 y 1999 la violencia acabó con 160.000 jóvenes en el país, y como entre las muertes ocurridas en Bogotá, Cali, Barranquilla y Medellín, sumaron cerca de 2'867.000 AVISAS perdidos: “La violencia sigue teniendo un peso importante como indicador modal en las causas de mortalidad en el país; la violencia está en la cúspide de los indicadores, pero percibo que sí hubo una recuperación de Años de Vida Saludable (AVISAs), por la disminución de muertes resultante de aquel período de tiempo en que estuvo en auge el problema del narcotráfico y toda la secuela que dejó en cantidad de muertes”.
Sin embargo, la disminución de los homicidios no implica el descenso de la violencia en el país; el doctor Jaime Arturo Gómez Correa, jefe del Departamento de Medicina Preventiva de la Universidad de Antioquia y miembro del Grupo de Investigación de Violencia Urbana, resalta como tarea inmediata el identificar cuáles de las modalidades de violencia están disminuyendo, ya que debido al subregistro es posible que existan temas invisibilizados, y que ahora sea el momento de que la sociedad comience a reflexionar sobre ellos.
Frente a las estrategias a implementar para fortalecer las tendencias de disminución de índices de violencia y evitar que los grupos de desplazados se conviertan en nuevos actores violentos, el doctor Gómez propone aplicar el concepto de justicia, verdad y reparación a las victimas, que están excluidas y desarraigadas: “No nos podemos quedar con los cinturones de miseria de personas que fueron víctimas de la violencia y que terminan sufriendo las consecuencias de un proceso que nunca se realizó en forma cabal”.
Algunas cifras sueltas
- La población joven en Colombia disminuyó del 21 al 19% como resultado de la disminución en las tasas de fecundidad y de la misma violencia, entre otros factores.
- Entre 1989 y 1999 murieron asesinados más de 160.000 jóvenes en Bogota, Cali, Barranquilla y Medellín, que sumaron cerca de 2'867.000 AVISAs perdidos.
- El conflicto armado interno aporta sólo entre 10 y 15% de las muertes violentas. (Medicina Legal).
- En Colombia por cada mujer asesinada, se asesinan entre 13 y 15 hombres.
- En el país la tasa de homicidios es de 50 por cien mil habitantes, mientras la tasa mundial está por los 14 homicidios por cien mil habitantes.
- En 1995, cerca del 50% de todos los AVISAs perdidos se debían a la violencia.
Si bien las cifras de disminución de homicidios en Colombia muestran un descenso en los últimos 5 años, este aún no es tan significativo para pensar que la recuperación de AVISAs sea importante, ya que otras patologías como la diabetes mellitus han aumentado.
Homicidios en Colombia que conoció el Instituto Nacional de Medicina Legal
Fuente: Revista “Forensis”
- El 24% de la población en Medellín ha recibido amenazas, el 5.8% ha sido victima de intento de violación o de violación, el 42% ha sido objeto de agresión física con arma, el 74% ha visto amenazas con armas, y el 46% ha visto un robo (la mitad de la población).
Registro de homicidios en Medellín 1987-2004
Fuente: Secretaría de Gobierno de Medellín
Medellín fue considerada en las dos décadas pasadas como una de las ciudades más violentas del mundo; por tanto la disminución en las cifras de homicidios es significativa: Lo curioso es que esa reducción no se refleja con un impacto importante en las cifras nacionales, lo que hace pensar a los analistas que la disminución en muertes lograda en Medellín, se compensa con el número global de aumentos presentados en otras regiones del país como Cali .
 
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