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Reforma a la salud: apelación legislativa e incertidumbre

Autor
Por: Andrea Ochoa Restrepo
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El trámite de la reforma a la salud en Colombia abre un nuevo capítulo, marcado por la apelación al archivo del proyecto en el Senado y la designación de una comisión accidental que deberá orientar una decisión clave para el futuro del sistema. Más allá del procedimiento legislativo, el momento reactiva preguntas de fondo sobre gobernanza, legitimidad y la viabilidad real de una transformación estructural en salud.

El proyecto, que ya había enfrentado múltiples obstáculos, se hundió el pasado 16 de diciembre durante el tercer debate en la Comisión Séptima del Senado. Esta decisión fue posteriormente impugnada por el senador Fabián Díaz, de la Alianza Verde, activando el mecanismo de apelación contemplado en la normativa del Congreso.

Tras la presentación del recurso, el presidente del Senado, Lidio García, designó a los senadores encargados de estudiar la apelación y presentar las respectivas ponencias. Este paso, aunque procedimental, resulta determinante: será la Plenaria del Senado la que, con base en el informe de la comisión accidental, defina si el proyecto revive o se archiva definitivamente.

En este contexto, seis presidentes de comisiones constitucionales fueron designados para integrar la comisión accidental. Su tarea será analizar el recurso de apelación interpuesto frente a la negación del Proyecto de Ley N°410 de 2025 Senado, acumulado con otras iniciativas, cuyo propósito es “transformar el Sistema de Salud en Colombia y se dictan otras disposiciones”.

Según lo establecido en la Resolución 214 del 20 de marzo de 2026, los integrantes son los senadores Julio Elías Chaguí, Óscar Mauricio Giraldo, Jairo Alberto Castellanos, Enrique Cabrales Baquero, Edgar Díaz Contreras y Alex Flórez Hernández, quienes representan distintas comisiones constitucionales, excluyendo deliberadamente la Comisión Séptima, donde se produjo el archivo inicial.

Sobre esta decisión, el presidente del Senado explicó: “El trámite normal que ordena la ley 5, hay una apelación, yo escogí a los presidentes de las comisiones constitucionales para que no haya ningún tipo de incomodidad de parte de todos los partidos. Simple y llanamente se escogen a los presidentes de las comisiones constitucionales, menos al de la Comisión Séptima. No sabemos si vienen una, dos propuestas o más y lo que diga la plenaria en cuanto a esas decisiones, se somete a votación de la plenaria y lo que digan las mayorías”.

Pero, ¿por qué se habla de una “última carta”? Tras el hundimiento del proyecto, la apelación se configura como el recurso que permitiría trasladar la discusión desde la Comisión Séptima hacia la Plenaria del Senado. En la práctica, este mecanismo busca que la decisión de archivo no sea definitiva y que el proyecto pueda ser reconsiderado por el conjunto de los congresistas.

Este tipo de apelaciones no es un hecho aislado en el trámite legislativo colombiano. Un antecedente reciente es el de la reforma laboral, donde el uso de recursos procedimentales permitió reabrir discusiones y redefinir el curso del debate en etapas posteriores.

En este contexto, la decisión que adopte la plenaria del Senado puede derivar en distintos escenarios: el archivo definitivo del proyecto, su reactivación mediante nueva asignación a comisión o la continuidad del debate con ajustes sustanciales al articulado.

La apelación ya fue radicada ante la Secretaría General del Senado y representa el mecanismo previsto para controvertir decisiones de comisión, conforme al reglamento del Congreso y a la Ley 5 de 1992. En este escenario, la Plenaria tendrá la última palabra: si acoge el recurso, el proyecto podría ser remitido a otra comisión constitucional para continuar su trámite; si lo rechaza, el archivo quedará en firme.

La experiencia reciente muestra que este camino no es inédito. La lógica es trasladar el debate desde un escenario donde no existen mayorías claras hacia otro donde el mapa político puede variar, reabriendo la posibilidad de discusión.

En el caso de la reforma a la salud, la apelación está próxima a ser evaluada. El Senado ya conformó la comisión accidental que estudiará el recurso. Uno de sus integrantes, el senador Mauricio Giraldo, anticipó el enfoque del trabajo: “Haremos una mesa de trabajo para mirar muy bien cuáles son los puntos a trabajar, si la apelación es procedente o no, si hay puntos que pueden avanzarse o no, y haremos un trabajo muy consciente pensando en el país”.

El hundimiento del proyecto también estuvo rodeado de cuestionamientos desde el Gobierno. Ocho senadores votaron por el archivo de la iniciativa en una de las últimas sesiones legislativas de 2025, decisión que, desde el Ejecutivo, fue interpretada como un cierre del debate en un momento límite del calendario legislativo.

Desde el Gobierno, la intención de insistir en la iniciativa también ha sido explícita. El ministro del Interior, Armando Benedetti, señaló para el momento del archivo de la reforma: “Primero vamos a intentar con la apelación y depende del ministro de Salud (Guillermo Alfonso Jaramillo) cuándo se vuelve a radicar otra vez”, dejando claro que el camino no se agota con el archivo en comisión.

Este cruce de posiciones evidencia que el debate no es únicamente procedimental ni político. En el fondo, persisten diferencias sustantivas sobre el modelo de salud que debería adoptar el país, especialmente en aspectos como la sostenibilidad financiera, el diseño del aseguramiento y la capacidad institucional para implementar los cambios.

Más allá del Congreso, el sistema ya enfrenta presiones que no admiten dilaciones. En ese plano, las voces del sector coinciden en que la discusión legislativa no puede desligarse de la gestión inmediata de la crisis.

Desde la red hospitalaria, el director de la Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC), Juan Carlos Giraldo, lo resumió así: “Todos los sectores consideran que hay que hacer una reforma, pero no se ha podido coincidir en la manera de llevarla adelante”. A la par, en el mes de diciembre advirtió sobre la urgencia de decisiones de corto plazo: “El Gobierno, en el inmediato plazo, tiene que tomar decisiones para ayudar a manejar una coyuntura que cada día es más difícil, especialmente para la prestación de los servicios”.

El impacto sobre los pacientes ya es evidente: “Faltan medicamentos, no se paga oportunamente, la cartera sigue creciendo y hay una cantidad de problemas que hoy son evidentes”, afirmó Giraldo.

Desde el frente del aseguramiento, Ana María Vesga, directora la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral (Acemi), subrayó a final del 2025 el peso del componente financiero: “Esa es, sin duda, la señal necesaria para iniciar la estabilización del sector, en un sistema que el Gobierno se niega a aceptar que está en crisis”.

Por su parte, Denis Silva, vocero de Pacientes Colombia, cuestionó en declaraciones públicas, la capacidad de la reforma archivada para resolver los problemas estructurales: “Mientras el señor ministro se desgasta descalificando a todos los actores del sistema, debería estar pensando en frenar la crisis humanitaria que está generando muerte”.

La decisión que adopte la Plenaria no solo tendrá implicaciones legislativas. También marcará el rumbo del sistema de salud en el corto y mediano plazo: mantener ajustes graduales o reabrir la puerta a una reforma de mayor alcance.

Así, la apelación representa una oportunidad para reabrir el diálogo y ajustar la propuesta, pero también implica el riesgo de prolongar la incertidumbre en un sector que demanda decisiones oportunas.



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