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Prevención cardiovascular: la gran deuda que cobra vidas

Autor
Por: Katherin Castaño
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La principal causa de muerte en Colombia sigue siendo el infarto agudo de miocardio: pasó de 42.142 casos en 2024 a 44.200 en 2025. Le siguen la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), las agresiones con arma de fuego, las neumonías y la diabetes tipo 2, según cifras del más reciente boletín de Estadísticas Vitales del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).

Las enfermedades cardiovasculares, con la enfermedad isquémica del corazón a la cabeza, lideran las defunciones al menos desde principios de los años 2000.

¿Por qué pasa esto?

Hay varios factores que convergen en este problema de salud pública. Primero, Colombia está envejeciendo. Actualmente, existe una tendencia marcada hacia una mayor expectativa de vida y una menor tasa de nacimientos; por consiguiente, el aumento de enfermedades crónicas no sorprende, pues afectan en mayor medida a los adultos mayores de 65 años, sin dejar de lado a minorías étnicas, personas sin acceso al sistema de salud y población con discapacidad.

Segundo, existe un agravante. Las personas en países en vía de desarrollo y las poblaciones con desventajas socioeconómicas —incluidos ingresos bajos, educación limitada y entornos insalubres— son más propensas a presentar una mayor carga de enfermedades crónicas. A esto se suman los hábitos no saludables (tabaquismo, mala alimentación, falta de ejercicio) y los determinantes sociales (contaminación, pobreza, entre otros) que incrementan estas cifras.

Déficits del sistema de salud y atención insuficiente

Pese a que los datos mencionados no son nuevos y a que parte del problema recae en factores ambientales y económicos, el sistema de salud, que debe ser garante de la accesibilidad y la continuidad de los procesos médicos, no ha logrado abordar el problema de manera integral.

En 2022, el Gobierno nacional puso en funcionamiento los Equipos Básicos de Salud (EBS). Esta estrategia busca que el personal médico llegue a las zonas rurales para ofrecer atención primaria, con el fin de reducir la brecha de acceso e invertir el modelo tradicional en el que el paciente acude al médico.

De acuerdo con cifras del Ministerio de Salud y Protección Social, entre 2023 y septiembre de 2025, 7.459.892 hogares en territorios rurales y urbanos fueron atendidos por más de 10.000 equipos desplegados. Sin embargo, al no existir una medición que precise el impacto de los EBS en muertes prevenibles, especialmente en personas con riesgo cardiovascular, el éxito de la estrategia —que cuenta con una inversión de $4.2 billones— no es claro.

Por otro lado, si se analiza el modelo de atención tradicional, en el que el paciente acude al médico, el panorama tampoco es alentador: es casi la crónica de una muerte prevenible y anunciada.

Los pacientes consultan oportunamente para reportar síntomas cardíacos que requieren atención inmediata; sin embargo, con frecuencia son valorados después de varias horas, lo que ya supone un riesgo. El problema se intensifica por las demoras en la autorización y realización de los exámenes necesarios para el diagnóstico y tratamiento. La atención se diluye a tal punto que, en muchos casos, el paciente fallece antes de recibir la atención que necesitaba desde que consultó, lo que incrementa las muertes prevenibles atribuibles al sistema.

Según el estudio del Observatorio Nacional de Salud del Instituto Nacional de Salud, titulado “Cuando la muerte es evitable”, entre 1979 y 2021 el DANE reportó 1.713.934 muertes por enfermedades cardiovasculares (ECV) en Colombia. De ese total, el 46,2 % (944.677) corresponde a menores de 75 años. El informe concluye que el 47 % (806.062) de las muertes por ECV son evitables por los servicios de salud.

La situación se agrava si se tienen en cuenta las trabas para la entrega de medicamentos indispensables para el éxito y la sostenibilidad de los efectos de los procedimientos realizados a pacientes cardíacos, como los implantes de stent. Si estos medicamentos no se administran de manera constante, puede producirse la trombosis del stent y un reinfarto, lo que podría generar un desenlace fatal.

Así lo afirmó Roberto Parga Gómez, médico cirujano, subespecialista en cardiología de la Universidad El Bosque y docente de las universidades de Antioquia y Remington, quien destacó que a la fecha atiende pacientes que están solicitando una cita con cardiología desde agosto del año pasado de manera prioritaria, “pero en los centros de salud les dicen que no hay agenda, lo cual no es cierto, porque detrás de esa negativa, lo que hay es una deuda de su aseguradora con las IPS y, por lo tanto, no se están asignando citas”.

Según Parga, el trámite se dilata tanto que, cuando finalmente al paciente se le asigna la cita para realizarse el examen, la orden ya ha vencido, lo que obliga a un reproceso que implica más tiempo.

La situación no es nueva: se viene presentando desde hace 30 años y, a la fecha, ha empeorado, convirtiendo la atención en salud en un calvario.

Altos costos y sostenibilidad financiera

Las enfermedades cardiovasculares generan una alta carga económica en los sistemas de salud a nivel mundial, la cual aumenta con su prevalencia, lo que impacta los gastos en tratamientos, medicamentos y el crecimiento de la población afectada.

Un informe del Banco de la República, titulado “Aspectos financieros y fiscales del sistema de salud en Colombia”, estima los costos de las Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT) bajo tres escenarios:

  • Los costos de los servicios se mantienen constantes y crecen al mismo ritmo que la población atendida.
  • La incorporación del efecto de la inflación en los servicios de salud.
  • La implementación de tecnologías más costosas.

A la luz de estos supuestos, se proyecta que para 2030 los costos alcancen entre COP 9.3 y 10.2 billones, lo que evidencia un crecimiento significativo impulsado principalmente por el envejecimiento poblacional y representa un desafío urgente para la sostenibilidad financiera del sistema.

Además, se destinan recursos importantes a estrategias de prevención poco efectivas y costosas.

Prevención y educación en salud

De acuerdo con Parga, las charlas de prevención no son tan eficientes y pueden desvirtuar la utilidad de una consulta, que es fundamental para proteger la vida de los pacientes. Según su percepción, esto podría mejorarse con personal de salud capacitado para educar, así como destinando tiempo durante la consulta para que cada médico aborde la prevención de la enfermedad con sus pacientes, lo cual no es posible cuando se deben atender, en promedio, entre cuatro y seis pacientes por hora.

“El costo de la ineficiencia del sistema lo paga el paciente con su vida y su familia con su pérdida”, afirmó.

Recomendaciones

Es posible que las políticas de prevención y promoción de hábitos saludables mitiguen el crecimiento futuro de las ECNT. Sin embargo, no es previsible que tengan un efecto significativo antes de 2030.

Frente a este panorama, y considerando la importancia de la apropiación individual de hábitos saludables, la Clínica Mayo entregó las siguientes recomendaciones para el autocuidado del sistema cardiovascular:

  • No fume ni consuma tabaco.
  • Intente realizar entre 30 y 60 minutos de actividad física al día.
  • Siga una alimentación saludable para el corazón. Evite el alcohol, las grasas saturadas, el sodio y los ultraprocesados.
  • Mantenga un peso saludable.
  • Duerma bien.
  • Controle el estrés y hágase exámenes de detección con regularidad.


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