MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 326 NOVIEMBRE DEL AÑO 2025 ISNN 0124-4388
La crisis por infecciones respiratorias que atraviesa Colombia no es un fenómeno repentino: es el reflejo de un sistema de salud debilitado que ha dejado de responder a tiempo, deteriorando la salud de miles de personas, especialmente los grupos más vulnerables. Las advertencias internacionales, las cifras epidemiológicas locales y las voces de expertos coinciden en un mismo punto: la atención tardía está costando vidas.
Colombia atraviesa uno de los picos más intensos de infecciones respiratorias agudas (IRA) de los últimos años. De acuerdo con el Instituto Nacional de Salud (INS), en lo corrido de 2025 se han registrado más de 2.2 millones de consultas médicas, con un aumento del 19,6 % en atenciones y del 25,7 % en hospitalizaciones frente al mismo periodo de 2024. La magnitud del incremento ha llevado a médicos y autoridades a insistir en la importancia de completar los esquemas de vacunación y reforzar medidas básicas de prevención.
Según el artículo escrito por el Dr. Fabio Varón, líder de UCI Médica LaCardio y publicado en el sitio de dicha institución: “En Colombia, esta enfermedad continúa siendo una de las principales causas de morbilidad, mortalidad y uso de recursos en salud, tanto en la población adulta como infantil. Su carga es particularmente alta en personas mayores de 50 años, con una incidencia anual estimada de 326,6 casos hospitalarios y 335,8 ambulatorios por cada 100.000 habitantes, y una tasa de letalidad hospitalaria que alcanza el 11 %, especialmente en mayores de 75 años”.
El Dr. Varón enfatiza que: “La vacunación en adultos, especialmente en mayores de 60 años o personas con enfermedades crónicas, debe ser una prioridad de salud pública. Estas vacunas no solo previenen neumonías graves, sino también complicaciones cardiovasculares asociadas a las infecciones respiratorias”.
En el Día Mundial de la Neumonía, la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue categórica: “La neumonía sigue siendo una de las principales causas de muerte por enfermedades infecciosas en el mundo” y representa una “grave amenaza” para la población infantil, los adultos mayores y quienes viven con enfermedades crónicas.
La OMS subrayó la urgencia de que los países adopten medidas preventivas y garanticen acceso universal a herramientas de diagnóstico y tratamiento. En palabras del propio organismo:
“Para poner fin a este riesgo… se deben fortalecer los sistemas de salud…, así como garantizar herramientas de diagnóstico rápido y tratamientos adecuados, incluidos antibióticos y oxígeno medicinal”.
El llamado más contundente fue a cerrar brechas de inequidad: “Es indispensable garantizar que todos los centros de salud, especialmente en entornos con recursos limitados, tengan acceso confiable a oxígeno medicinal, oximetría de pulso y los suministros y la capacitación necesarios para utilizarlos”.
Las recomendaciones no son nuevas. Lo que sí es nuevo —y preocupante— es que Colombia se está alejando de ellas en vez de acercarse.
El caso de Antioquia es hoy uno de los ejemplos más visibles del debilitamiento del sistema de salud. Hay alerta en el departamento por el incremento del 68 % en las muertes de niños por infecciones respiratorias agudas (IRA) este año. En todo 2024 hubo 28 fallecimientos de menores de cinco años y en este 2025, con corte al 18 de octubre pasado, iban 47.
Este aumento del 68 % no puede explicarse solo por factores climáticos o epidemiológicos. La propia Secretaría de Salud departamental lo reconoció: “El incremento en las muertes responde al acceso tardío a los servicios de salud”, especialmente en menores de cinco años, indígenas y adultos mayores.
La secretaria de Salud e Inclusión Social de Antioquia, Marta Cecilia Ramírez Orrego, dijo a un medio local un mensaje que, más que tranquilizar, evidencia la saturación del sistema: “Yo sé que las urgencias de Medellín y Rionegro están congestionadas, pero las demás no”.
La frase confirma que existe una sobrecarga estructural en ciertos puntos del sistema que, combinada con barreras administrativas y fallas de oportunidad, empuja a los pacientes a buscar atención cuando ya están en estado crítico.
Sin atención oportuna, incluso un cuadro leve se transforma en una enfermedad mortal. Lo que está fallando hoy en el sistema de salud colombiano es precisamente esa oportunidad: las consultas tardías, los retrasos en autorizaciones y la congestión de urgencias están deteriorando la salud de los pacientes.
El aumento del deterioro clínico está directamente relacionado con las barreras para acceder al sistema. Las tutelas contra la Nueva EPS han subido 116 % en 2025, según la Personería. Cada tutela representa un servicio negado o retrasado; cada retraso, un riesgo para el paciente.
El hecho de que usuarios en Puerto Berrío hayan tenido que encadenarse para obtener medicamentos —como también reportó el diario— muestra hasta qué punto la atención dejó de ser garantizada y se convirtió en una lucha diaria.
A esta situación se suma la entrada del segundo pico respiratorio del año, lo que significa que la demanda va a aumentar mientras la oferta de servicios sigue estancada o en retroceso.
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