MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 325 OCTUBRE DEL AÑO 2025 ISNN 0124-4388
El dolor crónico se ha consolidado como un asunto de salud pública esencial. Más que un síntoma, es una condición que impacta la vida cotidiana de millones de individuos, disminuye su calidad de vida y genera una carga social y económica importante para los sistemas sanitarios.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada cinco adultos padece dolor crónico. Más de 60 millones de personas lo enfrentan en América Latina. En Colombia, el 30 % de la población adulta convive con esta condición, sobre todo por causas musculoesqueléticas, neuropáticas y oncológicas.
El Estudio de prevalencia sobre el dolor crónico, realizado por la Asociación Colombiana para el Estudio del Dolor (ACED) y que reúne la más grande encuesta hasta ahora hecha en Colombia sobre este tema, reveló que el 85,7 % de los habitantes del país, que representa a 24.6 millones de personas, manifestaron haber tenido algún tipo de dolor físico durante el 2023.
La encuesta fue realizada por Cifras y Conceptos, que consultó a 2.400 personas (una representatividad de 28.7 millones de personas, mayores de 18 años), sobre si experimenta algún tipo de dolor físico, la prevalencia del mismo y cómo afecta en su calidad de vida.
Los dolores ostemusculares son más frecuentes en los miembros inferiores o en otras partes del cuerpo, reveló el estudio. Aquellas dolencias relacionadas con las enfermedades reumáticas, es decir, las que afectan a los huesos, articulaciones, ligamentos, tendones y músculos, son las que se presentan en mayor porcentaje, afectando a 19.6 millones de personas.
El dolor lumbar se sitúa en el segundo lugar, afectando al 18 % de la población; le sigue el dolor de cabeza, con el 19 %; y el dolor de rodilla, con el 25 %.
En cuanto a la prevalencia del dolor, del 85,7 %, el 53,6 % de las personas lo experimenta de manera prolongada por más de tres meses, lo cual puede ser indicador de un diagnóstico de dolor crónico. Mientras que el 32,5 % manifestó tener un dolor de menos durabilidad.
De acuerdo con el estudio, los estados emocionales se ven afectados y varían cuando el cuerpo duele. Por esto, se pueden presentar otras patologías asociadas a enfermedades mentales. De las personas encuestadas, el 45 % respondió que siente estrés cuando tiene que pensar en el dolor físico, el 24 % sintió ansiedad y el 19 %, depresión.
Otro aspecto relevante que registró el estudio se relaciona al factor de la edad. Para la comunidad científica, llama la atención que la población joven-adulta, que comprende entre los 26 y los 35 años (el 23 %), es la que más sufre de dolor. A este rango le siguen las personas entre 36 y 45 años (con el 19 %).
Por otra parte, las mujeres manifestaron tener más dolor (52 %) que los hombres (48 %). La mayoría de estas personas (el 72 %) trató su dolor con medicamentos, mientras el 25 % lo hizo con remedios caseros, el 15 % con fisioterapia y el 5 % con cannabis medicinal.
Las consecuencias van más allá de lo clínico: discapacidad, exclusión laboral, deterioro de la salud mental y pérdidas millonarias en productividad y atención médica.
Los opioides han sido esenciales para calmar el dolor agudo; sin embargo, su uso plantea un conflicto: disminuir el sufrimiento sin fomentar una crisis de abuso.
En 2021, el fentanilo estuvo involucrado en el 70 % de las más de 80 000 muertes por sobredosis relacionadas con opioides en Estados Unidos. En Europa, a pesar de que la situación es menos alarmante, el uso de opioides ha crecido un 40 por ciento desde 2010.
En Colombia, en cambio, el consumo per cápita es de solo 2,5 mg; está por debajo del promedio regional (6 mg) y muy alejado del de Estados Unidos o Europa.
Estas cifras no solo evidencian un riesgo más bajo de abuso, sino también los obstáculos para acceder a tratamientos apropiados.
La Ley 1787 del año 2016 y el Decreto 780 establecen regulaciones rigurosas en la prescripción de opioides, utilizando formularios específicos y supervisión minuciosa.
A pesar de que estas medidas tienen como objetivo garantizar la seguridad, han suscitado miedo en los médicos a las sanciones jurídicas, lo cual limita la prescripción.
Actualmente, menos del 25 % de los pacientes con dolor crónico en Colombia recibe un tratamiento farmacológico adecuado, lo que evidencia la necesidad de equilibrar el derecho a un tratamiento digno con la seguridad.
Marta Ximena León Delgado, médica anestesióloga y especialista en Dolor y Cuidados Paliativos del Instituto Nacional de Cancerología de Colombia, advierte: “Aquí hay pacientes que necesitan esas medicinas para tratar su dolor y no acceden a ellas. Hay una gran inequidad en la que aún debemos trabajar”.
La experiencia de otros países ofrece aprendizajes útiles:
El escenario colombiano también está marcado por la influencia de la industria farmacéutica. Al respecto, Claudia Vaca, fundadora del Centro de Pensamiento Medicamentos, Información y Poder de la Universidad Nacional, advierte: “Es necesario contar con una agenda de investigación paralela que evalúe el valor terapéutico y su seguridad, y que no esté financiada por la industria farmacéutica”.
El afrontamiento del dolor crónico y el uso de opioides exige un enfoque integral que contemple:
La gestión del dolor es un derecho humano y un componente esencial del bienestar. Para Colombia y América Latina, el reto consiste en lograr un uso responsable de los opioides sin privar a los pacientes del alivio que requieren.
Marta León lo resume con claridad: “Es necesario que logremos una balanza entre asegurar que quienes lo necesitan tengan acceso a los opioides y prevenir el peligro de abuso”.
El doctor Felipe Andrés Mejía, anestesiólogo, especialista en dolor y cuidado paliativo y presidente de la ACED, explicó la diferencia entre dolor crónico y dolor agudo: “El dolor crónico se presenta en mayor porcentaje al dolor agudo en Colombia, lo que muestra una tendencia a la cronificación del dolor en el país”.
Además, señaló que dicha cronificación del dolor se debe a diferentes factores, “el principal es que los pacientes no acuden a la atención especializada a tiempo. Padecer un dolor por más de tres meses se volvió normal para los colombianos, y ahí es donde necesitamos que se cambie la perspectiva”.
La lucha mundial contra el dolor va más allá de lo clínico: es un debate ético, social y legal que exige coordinación entre gobiernos, profesionales de la salud, pacientes y sociedad civil.
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