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Prevención de las enfermedades cardiovasculares en Colombia

Por: Andrea Ochoa Restrepo
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La enfermedad tromboembólica venosa es la tercera causa de enfermedad cardiovascular, siendo un problema de salud pública debido a la carga de la enfermedad y los costos de la misma. Por consiguiente, es importante determinar su prevalencia, características sociodemográficas, clínicas y complicaciones.

Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en el mundo y Colombia no es la excepción. De acuerdo con cifras presentadas por el Dane, de las 242.609 muertes registradas en 2019, 38.475 correspondieron a enfermedades isquémicas del corazón y 15 543 a enfermedades cerebrovasculares, esto sumado a otros eventos del sistema circulatorio que representaron alrededor de 4 000 defunciones adicionales.

De acuerdo con la OMS, estas enfermedades son las responsables del 31 % de los fallecimientos mundiales, con más de 17 millones de muertes al año, duplicando la mortalidad generada por todos los tipos de cáncer unidos.

La OPS informó que para el 2019, 20 millones de personas murieron a causa de las enfermedades cardiovasculares y entre las que más han contribuido a la carga de enfermedad se encuentran la cardiopatía isquémica con 73,6 muertes por cada 100.000 habitantes; el accidente cerebrovascular con 32,3; otras enfermedades circulatorias con 14,8 y la enfermedad cardíaca hipertensiva con 10,6.

Sin embargo, a pesar de que las cifras sean alarmantes, aún existe un significativo desconocimiento en la población sobre la salud vascular. De hecho, un estudio global realizado por Bayer en 2018 evidenció que solo el 23 % de los encuestados conocía los padecimientos que afectan a las arterias y venas y tan solo el 19 % afirmó conocer la enfermedad arterial coronaria, causante de los infartos al corazón.

El Doctor Julio Zuluaga, asesor médico de Bayer, indicó: “Si queremos disminuir estas cifras de muertes por accidentes cardiovasculares, es fundamental informar a las personas sobre los principales detalles de la enfermedad e invitarlos a implementar una cultura de prevención que incluya una buena alimentación, actividad física, disminución del estrés, uso de medicamentos cardioprotectores y la disminución del consumo de tabaco y alcohol”.

Asimismo, Nubia Bautista, subdirectora de Enfermedades No Transmisibles del Ministerio de Salud argumentó: “Con relación a Colombia, el comportamiento de las enfermedades cardiovasculares representó la primera causa de mortalidad en el país. Frente a la mortalidad prematura por estas mismas patologías, la tendencia observada para el periodo comprendido entre 2005 a 2019 mostró un moderado descenso de la mortalidad, pasando de 114 muertes por 100.000 habitantes a 94 muertes por 100.000 habitantes”.

Con la pandemia por COVID-19, las personas con enfermedades cardiovasculares se enfrentan a una doble amenaza, por un lado, el mayor riesgo de desarrollar formas más graves de COVID-19 y por el otro, es posible que descuiden su atención médica por temor a contagiarse por acudir al servicio de salud.

Políticas de salud de las enfermedades de vasos sanguíneos en Colombia ¿sí logran el objetivo?

En concordancia con lo estipulado en las Resoluciones 518 de 2015 y 507 de 2020, el Ministerio de Salud y Protección Social invitó a las entidades territoriales a desplegar y fortalecer acciones de gestión de la salud pública para la prevención y control de estas enfermedades.

Según explicó Nubia Bautista “esta cartera ha emitido las directrices para su implementación, adopción y adaptación por parte de los agentes del sistema de salud encargados de la gestión del riesgo y la atención de las personas a través de los siguientes instrumentos de política nacional: valoración del riesgo cardiovascular y metabólico de la Ruta de promoción y mantenimiento de la salud – Resolución 3280 de 2018, implementación de la Ruta de grupo de riesgo para el control de todos los riesgos: el tabaquismo, diabetes, presión arterial alta, la obesidad, la dislipidemia, la alimentación poco saludable, el consumo nocivo de alcohol y el sedentarismo, directrices para el desarrollo de programas de cesación del consumo de tabaco y atención del tabaquismo, guías alimentarias basadas en alimentos y lineamientos para la promoción de los estilos de vida saludables”.

Con relación a estos puntos, la funcionaria instó a las entidades territoriales, junto con EPS e IPS a fortalecer la educación, información y comunicación al paciente, su núcleo familiar y cuidadores acerca de las prácticas de hábitos y estilos de vida saludables, prevención de factores de riesgo para la población (alfabetización para la promoción de la salud cardiovascular y metabólica), así como la adherencia al tratamiento en los usuarios diagnosticados con patologías cardiometabólicas.

De igual manera, se trabaja de forma mancomunada en la Mesa de Participación para el control de las Enfermedades no Transmisibles, con el objetivo de impulsar acciones con las asociaciones de pacientes, asociaciones científicas y academias para la implementación y evaluación de las políticas e instrumentos de política para la atención integral de las enfermedades no transmisibles y sus factores de riesgo para la reducción de riesgos asociados principalmente en las enfermedades cardiovasculares y metabólicas.

Según Gloria Lucia Escobar Diaz, Angélica María Orozco Molina, José Rodrigo Núñez Montes, Fabián Leonardo Muñoz, en un análisis de las políticas públicas sobre la Mortalidad por Enfermedades Cardiovasculares en Colombia: “las estrategias de prevención deben ser dirigidas a dos poblaciones. La primera debe ser dirigida a personas con un alto riesgo de muerte por ECV, se fundamenta en mantener bajo control la mortalidad por Enfermedades Cardiovasculares. En este sentido, Colombia definió en el plan decenal para la salud cardiovascular y la diabetes (2013-2023), las guías de atención integral para la hipertensión, evento coronario y accidentes cerebrovasculares, las cuales permiten el mejoramiento de la capacidad de respuesta del Sistema General de Seguridad Social en Salud. La segunda estrategia debe ir focalizada a la población general”.

La promoción de la salud es quizás la respuesta que a largo plazo puede surtir efectos en la disminución de la mortalidad. Se basa en educar y brindar a la población las herramientas y entornos que le permiten adoptar estilos de vida saludable: una alimentación saludable, cumplir con las recomendaciones de actividad física y disminuir el consumo de bebidas alcohólicas y evitar el tabaco.

Para las expertos e investigadores “existe la necesidad de intervención del estado para que en cumplimiento de la Constitución y las demás garantías constitucionales, amplíe las acciones del servicio de salud en correspondencia con la misión funcional del ministerio del ramo y las secretarías a nivel territorial, para aplicar en conjunto el principio de coordinación y materialicen la protección preventiva a la población con predisposición e incidencia en obesidad y enfermedades cardiovasculares”.


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