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| La callada presencia |
¿Qué hacer
con los auditores?
Emilio
Alberto Restrepo Baena - Gineco-obstetra / Laparoscopista -
elpulso@elhospital.org.co |
Cuando uno está estudiando medicina y es pichón
de médico nos decía con su habitual tono picante
y malicioso mientras entornaba pícaro las cejas el
inolvidable profesor Tomás Quevedo todos aspiramos
a ser cirujanos, ginecólogos, ortopedistas, internistas,
pediatras, en general, especialistas médicos o quirúrgicos:
No conozco el primero que en la mitad de la carrera diga:
mi sueño o la gran aspiración de mi vida es
ser auditor médico.
Y es que en el comentario del que siempre fue un agudo y brillante
observador de la realidad, se esconde una gran verdad que
desnuda uno de los grandes problemas de la auditoría
médica en nuestro medio: La falta de vocación,
el no responder a una motivación existencial y académica
inequívoca que trate de realizar el derrotero de las
utopías y esperanzas que uno alimentó en sus
expectativas cuando estudió la carrera y añoraba
ser un gran especialista, dispuesto a servir al prójimo
bajo los preceptos del juramento hipocrático.
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Porque es claro, lo vemos en el día a día y lo
sufrimos en el ejercicio cotidiano: La gran mayoría de
los auditores médicos lo son, no porque así lo
hubieran planeado desde siempre, sino porque no pudieron ser
especialistas médicos o quirúrgicos, o porque
no pasaron el examen de postgrado, o porque las notas no fueron
suficientes o porque no contaban con los recursos que demanda
estudiar entre tres y cinco años de tiempo completo y
con dedicación exclusiva.
Esto en sí mismo no es malo. También casi nadie
quiere ser, de adulto, taxista o vigilante, y por circunstancias
del destino es necesario asumir tales oficios, y hay mucha gente
que lo hace con gran altura, competencia, decoro y decencia,
sin desmerecer la profesión y dejando en alto la representación
del gremio, pues el trabajo siempre dignifica al ser humano
y no hay que descalificar gratuitamente sectores productivos
al caer en generalizaciones arbitrarias. Pero nos llama la atención
que en casi todas las reuniones de especialistas o de juntas
directivas de clínicas o de agremiaciones o en congresos
y seminarios de educación médica, uno de los temas
recurrentes, casi el deporte favorito, es el tiro al auditor.
Porque hay un concepto unánime: No se entiende la saña
con que el auditor persigue al especialista como si éste
fuera una peste. No es claro el porqué en el acto médico
cotidiano, el especialista tiene que demostrar que no es un
delincuente, que cada historia no es una crónica policial
de un potencial robo o de un acto irresponsable. ¿Es
quizá una motivación personal de algunos representantes
de un gremio contra otro? ¿Es un resentimiento gratuito
e incorporado a la estructura de la profesión? ¿Es
fomentado desde los claustros? ¿Es presionado por las
instituciones que sólo persiguen un fin económico
olvidando la vocación de servicio, entrega y atención
con calidad al usuario?
¿Es acaso cierto que hay directrices concretas de algunas
Empresas Promotoras de Salud de glosar la mayor cantidad posible
de historias para dilatar durante meses el pago de las cuentas?
La leyenda dice que una desaparecida EPS ordenaba glosar en
forma consciente y sistemática el 90% de las historias
clínicas para postergar las obligaciones, y lo peor es
creer o suponer que los médicos auditores se prestaron
para esto.
¿Por qué esa desconfianza recurrente? ¿Es
sólo por discrepancias conceptuales, o tal vez por falencias
académicas? ¿Hay algo más que explique
la reticencia de los auditores para aceptar la buena fe del
especialista, que de entrada disparan con la No pertinencia
del criterio del médico tratante?
Porque de otra manera, ¿cómo se explican casos
como no autorizar la atención de un niño con diarrea
severa con deshidratación o amigdalitis purulenta febril
a medianoche por no considerarlo una urgencia? O,
¿de una paciente con dismenorrea incapacitante en la
madrugada por ser un cólico normal que no amerita
atención prioritaria o negar una mamografía
a una señora de 46 años con dos hermanas con cáncer
de mama por no encontrar pertinencia? O, ¿glosar
una cuenta de una paciente operada de una apendicitis aguda,
que resultó en laparatomía en blanco por considerarla
un error diagnóstico por falta de criterio
o una laparatomía urgente realizada a una paciente que
reportó ruptura de folículo hemorrágico
con un diagnóstico de ingreso de quiste torcido de ovario,
por no coherencia del diagnóstico de ingreso con
el de egreso? O, ¿pretender a toda costa enviar
para la casa a una paciente hospitalizada por evisceración
e infección de la herida quirúrgica, por considerar
que se puede hacer manejo en casa, ante la impotencia
del cirujano tratante y la angustia del paciente y sus familiares?
¿Cómo es posible que una enfermera, una bacterióloga
o un odontólogo evalúen y auditen las historias
de pacientes hospitalizados por especialistas y pretendan presionar
al médico para que tome la conducta que por costos, no
por condicionamientos éticos o técnicos, más
le conviene a la entidad que representan? Y así mil ejemplos
más tomados de la práctica diaria.
Y al mismo tiempo, cuando la aseguradora pide una segunda
opinión con fines supuestamente académicos,
el procedimiento, examen o cirugía termina realizándolo
el mismo personaje de siempre, coincidencialmente familiar o
cuñado o íntimo del auditor que recurrentemente
nos pone problema, del jefecito expedidor de las autorizaciones,
o de la inabordable e insufrible doctora de marras. Al momento
de hacer el reclamo respetuoso, OH arrogancia, OH soberbia,
siempre Usted generando conflicto, un día de estos
vamos a tener que suspender el contrato; mientras se enfrían
las cosas, pediremos otro concepto, y OH sorpresa, nuevamente
al primo o al cuñado.
Y también hay que ver cuando el paciente es familiar
de ellos o cuando hay presiones de alguno de sus jefes, para
ver como por arte de magia, la forma en que las órdenes
se diligencian sin trabas, como se autorizan procedimientos
que no están contemplados en los manuales, como los códigos
de facturación ahí sí no tienen contradicción
ni incompatibilidad ni incoherencia. ¡Eso sí es
Pertinencia!
No estamos en contra de la auditoría médica por
ella misma. Creemos que el control y la racionalización
de los recursos es necesaria a la luz del modelo de salud vigente,
pero insistimos en que sean el producto de equilibrar el sentido
común con los valores humanísticos, con los preceptos
hipocráticos, con el código de ética médica
y con un ejercicio humanitario, solidario y comprometido de
la práctica médica. Esto se lograría con
estimular una verdadera vocación académica para
que la auditoría no sea un escampadero en claustros sin
rigor de fin de semana, sino una especialidad sólida,
coherente, con profundas bases conceptuales, académicas
y éticas que busquen defender nuestro objetivo último
y primordial, El Paciente, y respetar a nuestros colegas, como
era la utopía de nuestro maestro regidor Hipócrates. |
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