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Del derecho de la niñez a una familia
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¿Qué
te hice yo para que me abandonaras?
Marcela
Echavarría Aguirre - Periodista - elpulso@elhospital.org.co |
| Tenía dos
años cuando llegó al Centro de Emergencia Número
Uno de la ciudad de Medellín; desde entonces, instituciones
de protección públicas y privadas y la calle,
han sido su hogar. Ahora, a sus escasos ocho años, Esteban
ya aprendió a escribir mamá, aunque
no conoce el significado de esa palabra. |
El día que
lo conocí no sabía cómo acercármele.
Ya me habían advertido del trato que debía tener
con los niños del hogar de protección: sabía
que no podía responder a sus manifestaciones de afecto
de la misma manera, pues el irme y no regresar significaría
para ellos una nueva castración. La sugerencia, además
de dolorosa, me pareció un poco exagerada, hasta que
vi y me acerqué a Esteban; lo primero y único
que escuché ese día de sus labios fue: Me
llamo Esteban, tengo 8 años y ya estoy muerto.
Hace un siglo nadie se hubiera imaginado que los niños
necesitarían de instrumentos jurídicos para hacer
valer sus derechos. Es más, nadie hubiera apostado porque
se tuvieran que consagrar en tratados internacionales para hacerlos
cumplir. Sin embargo, la realidad superó el ideal y cada
año han ido aumentando los niños y niñas
vinculados al conflicto armado, victimas de violencia intrafamiliar,
explotación laboral, abuso sexual y abandono. |
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Es así como hoy, en Colombia, hay cerca
de 2,5 millones de niños, niñas y adolescentes
que trabajan en lugar de estudiar, 35.000 son víctimas
del abuso y la explotación sexual y el 40% de las niñas
vive en la pobreza (18% en condiciones de miseria). Cerca del
50% de los niños y niñas que viven en el campo
abandonan la escuela al finalizar su formación de básica
primaria y el VIH/sida es la cuarta causa de muerte entre los
jóvenes desplazados (1).
Hoy, como Esteban, son 1.661 los niños, niñas
y jóvenes en la ciudad de Medellín que viven una
situación similar; es decir, abandonados o en peligro
de estarlo. De éstos, 817 están en medio familiar
sustituto y 844 se encuentran internados en 13 instituciones
de la ciudad (2).
En Medellín, capital del departamento de Antioquia, una
región donde la relación con la madre ha sido
baluarte y sostén de la familia y de la sociedad misma,
el promedio de niños y niñas abandonados ha aumentado
en los últimos años, con un agravante: ya las
madres dejan en la calle tres, cuatro y hasta cinco hijos. Así
lo explica Piedad Vélez, Directora del Programa de Colocación
Familia del Comité Privado de Asistencia a la Niñez
-PAN-, cuando afirma que esto obedece a las condiciones
de pobreza de más del 70% de la población, al
conflicto armado que trae como consecuencia el desplazamiento
hacia las ciudades y por ende, la explotación económica,
el abuso sexual y el maltrato intrafamiliar entre otros.
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Del derecho
a una familia
El artículo 6º del Código del Menor
en Colombia consagra que todo niño tiene derecho a crecer
en el seno de una familia, a no ser separado de ella y a que
sus padres velen porque reciban los cuidados necesarios para
su adecuado desarrollo físico, intelectual, moral y social.
Asimismo, el Código reconoce que el momento que vive
nuestro país y nuestra sociedad nos pone de presente
una total y absoluta crisis de valores en la familia, una grave
situación de violencia, falta de unidad y de amor que
se evidencia en la proliferación de divorcios y conflictos
entre los padres, generando confusión en las orientaciones
sobre las razones mismas de existir, hasta el punto de desatar
un verdadero caos en el interior de los hogares (página
20, código del menor).
En este caos, la pobreza y la concepción materialista
de la vida han jugado un papel importante, porque han dificultando
la misión que tienen los padres de proteger, formar,
educar, amar y acompañar a sus hijos en la maravillosa
tarea de recorrer el mundo; y, además, han generado -entre
otras violaciones a los derechos de los niños- el abandono,
que según Piedad Vélez, debe mirarse desde dos
perspectivas: el abandono físico, o sea aquel padre
que deja a su hijo en la calle, y el moral, el padre que no
está en casa para acompañarlo. Por lo tanto,
el abandono no solo es el resultado de la situación económica,
sino también el de la pérdida de valores en la
sociedad y su núcleo fundamental: LA FAMILIA.
La legislación colombiana: ¿privilegia
los intereses del Estado? |
Para garantizar el cumplimiento
de los derechos de los niños y niñas de Colombia,
el Estado ha consagrado en la Constitución Nacional
numerosos artículos que establecen sus derechos y deberes,
así como las obligaciones de la familia, la sociedad
y el mismo Estado para hacerlos cumplir. Igualmente, ratificó
a través de la Ley 12 de 1991, la Convención
de Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño.

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| Sin embargo, se aprecia una ambivalencia
entre el Marco Legal Interno y la Legislación Internacional.
Mientras en el país continúa rigiendo la Doctrina
de la Situación Irregular, implementada desde 1920 con
el fin de reglamentar la atención de los problemas de
los menores pobres, abandonados o con conductas desviadas, a
quienes se debe internar en instituciones, la Convención
internacional apunta a reconocer a los niños y niñas
como personas autónomas, con derechos y deberes. |
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Me llamo Esteban, tengo 8 años y ya estoy muerto
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Tal ambivalencia supone en la
práctica que algunos defensores de familia legislen de
acuerdo a la conveniencia del Estado. Es así como de
acuerdo con la situación del niño, se determina
si éste es sujeto de derecho, es decir que la responsabilidad
de su cuidado recae sobre la familia directamente, o si es objeto
de protección, en donde el Estado es el responsable de
la misma.
Así lo explica María Jaramillo (3), abogada especializada
en derecho de familia, cuando afirma que en Colombia si
un niño es menor de dos años es considerado objeto
de protección, porque es el promedio ideal para ser dado
en adopción; pero si su edad supera los siete años,
se determina que es sujeto de derechos, pues el retirarlo de
la familia y ponerlo bajo alguna medida de pro-tección,
implica mayores gastos para el Estado en su manutención.
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Lo expuesto por la Dra. Jaramillo se evidencia
en el caso sucedido en la ciudad de Medellín con un adolescente
de 14 años, cuya madre insistió en reiteradas
ocasiones para que fuese recluido en un centro de observación
por su conducta violenta de atacar a las personas con un chupa
chupa (4); la respuesta que obtuvo siempre fue la negativa por
considerar a su hijo como sujeto de derecho, lo cual la obligó
a interponer una acción de tutela para que el Estado
le brindara pro-tección; paradójicamente, ésta
fue fallada a su favor justo cuando el joven fue asesinado.
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| Igualmente está el caso
de Omaira, una bebé de tan solo cuatro meses que llegó
al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) con fracturas
en todo su cuerpo; la madre argumentó que éstas
habían sido ocasionadas en el hospital, la defensora
de familia no encontró motivos suficiente para brindarle
alguna medida de protección a la niña y se la
regresó nuevamente. Hoy, cinco meses después,
Omaira ha vuelto al Instituto con la mitad de su cuerpo fracturado. |
Los
niños y las niñas deben ser protagonistas activos
de su vida
No obstante casos como éstos, el Instituto viene
orientando sus esfuerzos hacia un trabajo integral con la familia
y los niños; así lo manifestó la Dra. Laura
Victoria Henao, defensora de familia del Instituto, al anotar
que los niños y niñas deben desarrollarse
como protagonistas activos de sus proyectos de vida, brindándoles
una atención integral por parte de los actores de las
instituciones y el Estado. En ese sentido, el Instituto acoge
la doctrina de la protección integral, reconociendo a
los niños y niñas como sujetos plenos de derecho. |
Bajo
esa visión integral, los expertos coinciden en la importancia
de fortalecer el núcleo familiar sobre todo en los primeros
años de vida del niño, pues éstos son fundamentales
para su futuro en la sociedad. La jurisprudencia del artículo
6º del Código del Menor así lo expresa claramente:
La vida física, emocional, intelectual y moral
del niño, y, por tanto del hombre, se fija en los primeros
años en el entorno de la familia. Nada puede suplir en
las siguientes fases de la vida lo que en esta etapa se omita.
Bajo la guía de la institución familiar, en la
niñez se educan la sensibilidad, el amor, la inteligencia
y la razón, se forman el ser moral y el ser social.
El abandono: Casi una condena a muerte
Tan importantes son los primeros años de la infancia,
que cuando un niño es abandonado las consecuencias se
reflejan a nivel psicosocial, cognitivo y físico, en
comportamientos y actitudes como: baja autoestima, agresividad
y conducta desafiante, actos compulsivos; problemas de aprendizaje,
déficit de atención, retardo del lenguaje y del
crecimiento, autodestructividad, letargo y desórdenes
de sueño, entre otras.
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Asimismo,
las consecuencias del abandono no paran allí. Según
Piedad Vélez, el abandono es equivalente a la muerte.
De ahí que el niño o niña que se encuentra
en esta situación requiera del establecimiento de vínculos
afectivos perdurables en el tiempo, porque de crearse de manera
temporal y enfrentarse a otra ruptura -cambio de institución,
profesional tratante, etc.- significaría para él
volver a morir, y de lo que se trata es de que el niño
restablezca vínculos para que vuelva a vivir.
Lo anterior explica la respuesta de Esteban y genera un gran
interrogante ¿qué futuro le espera a un niño
que a los ocho años se considera muerto para la sociedad?
Notas
(1) Unicef, en comunicado acerca del documental En el
mundo a cada rato.
(2) Cifras del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Regional
Antioquia.
(3) La fuente pidió reserva de su nombre.
(4) Arma blanca que causa una lesión interna y no permite
el sangrado externo.
(5) Los nombres reales de Esteban y Omaira fueron cambiados. |
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