MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 18    No. 233  FEBRERO DEL AÑO 2018    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Médicos sin marcas: un camino hacia relaciones transparentes en el sistema de salud

Redacción El Pulso - elpulso@sanvicentefundacion.com

E n 2017 comenzó a funcionar en Colombia Médicos sin Marcas, una iniciativa que cuenta con presencia en otros países tanto en Latinoamérica, como de la Unión Europea, e incluso en Canadá. En Suramérica Médicos sin Marcas existe desde hace años en Chile y ahora se ha activado en Colombia.

En líneas generales, la iniciativa se puede describir como una reflexión profunda sobre la relación entre la industria farmacéutica y los profesionales de la salud, interrelación que para los promotores genera más daño que beneficio para los pacientes y para el proceso de atención médica. La afirmación, hasta hace algunos años impensable, parte de una consideración: cada vez que las farmacéuticas financian un evento académico, una investigación, unas guías de prácticas médicas, en el fondo lo que están haciendo es mercadeo de sus productos, y los médicos pueden terminar sesgando su relación con sus pacientes al momento de prescribir. Investigaciones realizadas en Estados Unidos y Europa han mostrado que incluso regalos tan insignificantes como un bolígrafo, un almuerzo, una invitación a un congreso, o eventualmente la financiación de unas vacaciones, crea sesgo al prescribir.

Nelson Castañeda Alarcón, médico docente de la Universidad Javeriana, lidera en el país la iniciativa de Médicos sin Marcas, y para él, el trasfondo fundamental es un problema ético que no pasa necesariamente por la falta de preparación o de una cátedra en ética en las universidades: “creo que a través de la historia se ha visto normal que las farmacéuticas, que producen medicamentos, los promuevan, y los médicos parecen no ver con maldad ese acercamiento y relación. Sin embargo, todas las dádivas, obsequios y regalos, terminan afectando la conducta del médico de manera subliminal. Lo más grave es cuando el médico es consciente de esa influencia indebida, y persiste en la relación y continúa prescribiendo medicamentos que han sido influenciados aun sabiendo que no es lo más adecuado para el paciente. De ahí que Médicos sin Marcas hace un llamado a la comunidad médica para reflexionar sobre nuestro papel en la relación con los pacientes y nuestra con la sociedad”.

Ahora bien, ¿Cómo promocionar entonces las farmacéuticas sus productos? Es una pregunta natural ante la tendencia histórica de esta relación, que para el doctor Castañeda implica un cambio en la forma: “no tiene por qué hacerse directamente con el médico; el proceso de educación continuada debe hacerse a través de las instituciones cuya naturaleza esté diseñada para eso, todo el acercamiento que existe entre un médico y un visitador médico, es simplemente mercadeo, ahí no hay ciencia, no hay transferencia de información valiosa para tomar decisiones adecuadas en favor de la salud de los pacientes”. Por esa razón una de las primeras cruzadas de Médicos sin Marcas es promover que los visitadores médicos no vayan a las universidades ni a las facultades de medicina a influenciar a los estudiantes, pero tampoco a los médicos asistenciales en los hospitales, y que la educación continuada se efectúe solo en instituciones académicas serias donde la rigurosidad científica sea el primer elemento a tener en cuenta, con financiación pública, o en instituciones sin ánimo de lucro: “sólo así podríamos evitar el sesgo de que la transferencia de información de actualización hace subrepticiamente por el marketing de empresas que persiguen un lucro económico” concluye el doctor Castañeda.

Experiencia en Chile

Cristóbal Cuadrado es Médico Salubrista profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, y hace parte del Directorio de Médicos sin Marcas en su país. Luego de seis años de funcionamiento, comenzó en 2011, la organización ha empezado a recoger frutos importantes. Además de la formación de conciencia sobre el tema en la comunidad médica chilena, impulsó la promulgación de la Ley Ricarte Soto que regula las enfermedades de alto costo y en la que se resguardan los principios éticos de la investigación científica: “defendimos a nivel del parlamento la garantía para que a los pacientes que participaran en estudios clínicos, luego de terminados estos, pudieran mantener las terapias financiadas directamente por la industria. Además hemos promovido una Ley de Transparencia en términos de las relaciones monetarias entre la industria farmacéutica y los médicos, discusión que está ocurriendo ahora en nuestro parlamento aunque ya fuimos capaces de hacerla incluir en la legislación local”.

Para el doctor Cuadrado el tema es un problema global que no se solucionará por un solo colectivo o un solo país, de ahí que se busquen alianzas en la sociedad civil y a nivel internacional.

Un viraje en la relación industria-médicos

Por su parte Gustavo Villegas, químico farmacéutico de la Universidad de Antioquia, y docente en la Universidad Pontificia Bolivariana, quien hace parte del Comité de Médicos sin Marcas en el país, señala que es importante entender que el costo de un medicamento se relaciona directamente con el proceso de innovación y de propiedad intelectual, con lo cual la industria farmacéutica blinda sus productos, el problema es que estas investigaciones se financian muchas veces no solo con recursos propios de la industria sino también con dineros provenientes de las ONG, entidades gubernamentales, universidades, de ahí que Médicos sin Marcas también pretenda ahondar en la creación de herramientas académicas, científicas y bioéticas, para el adecuado manejo de los costos: “en el precio de un medicamento no debería tener un peso relevante el mercadeo porque si bien esta actividad hace parte de una industria que vende un producto, en este caso ese producto debe estar a favor de la población, no estamos hablando de zapatos o de marroquinería, sino de algo que va a favor de la salud pública, deben existir herramientas para blindar el medicamento“.

En Colombia Médicos sin Marca ha comenzado a trabajar en varios frentes, primero con la academia para que en las facultades de salud en general se sensibilice a los nuevos profesionales frente a su responsabilidad social al momento de prescribir un tratamiento. Un segundo paso sería frente a los actuales prescriptores, donde incluso no se cierra la posibilidad para trabajar de manera conjunta con la industria farmacéutica, involucrándola también desde asociaciones como AFIDRO Y ASINFAR; y el tercer punto es el tema regulatorio, aspecto en que el Ministerio de Salud ya dio el primer paso con la creación de una plataforma para el registro de los obsequios entregados a los profesionales de la salud.

Lo cierto es que iniciativas de este tipo implican un cambio de paradigma pero también un llamado a la reflexión ética y crítica a una relación que puede haberse tornado perversa. En momentos en los que los llamados contra la corrupción se generalizan, Médicos sin Marcas tendrá futuro si la ética logra imponerse sobre otro tipo de consideraciones.

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