Dónde está la riqueza del sistema de salud
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Afinales de 2017, la publicación de un informe de la Superintendencia Nacional de Salud en una revista nacional de amplio reconocimiento, suscitó una serie de reacciones variopintas. En él se analizaban los balances financieros de dos de los principales grupos de actores del sistema de salud, los aseguradores y prestadores. Y al dar un vistazo general, la conclusión que saltó a la opinión fue que mientras las EPS se encontraban en crisis financiera, los hospitales y clínicas nadaban en la bonaza.
Es difícil determinar, y no es la intención central de estas líneas, si existió algún tipo de sesgo en la forma de presentar la información, o si se quería beneficiar o perjudicar a algún actor en particular, las intencionalidades son a veces tan ocultas e intrínsecas que es mejor dejarlas reposar. Lo que si resulta interesante es mirar la veracidad de la información suministrada, el impacto causado en la sociedad con las aseveraciones emitidas un poco de manera apresurada, y pensar en los aspectos paralelos al tema.
Que la Supersalud publique estudios relacionados con el estado financiero de los actores del sistema puede ser interesante para conocer que tan saludable financieramente se encuentra el sector. Sin embargo, no cuesta nada soñar con la idea de que las instituciones sean medidas por otro tipo de variables, como que tan saludables se encuentran los afiliados a cada EPS, que tantas acciones de promoción se realizaron en un año, en cuál aseguradora se dan los menores tiempos de espera para la asignación de citas, cuántos tamizajes para enfermedades prevenibles se efectuaron, donde se presentan menos infecciones nosocomiales, y un largo etcétera relacionado ese si con elementos de salud.
Y es que incluso si partimos del hecho de que Colombia dejó a la salud como un sector a merced de los vaivenes del libre comercio, centrarnos en el análisis de las rentabilidades va en contravía de uno de los principios del mercado, y es dejar que los usuarios escojan a quien “comprar” y para ello una buena información sobre resultados en salud sería fundamental para que las personas libremente decidan a qué EPS estar afiliadas y a cuál IPS asistir, y para eso, más que cifras de pesos, se requiere mostrar resultados en salud.
Pero además, que la calidad de la gestión de las instituciones de la salud se mida por los balances financieros debería generar preocupación, y no solo por las cifras o balances en rojo o negro, sino porque quiere decir que hemos desviado el norte de preocuparnos por mantener a las personas saludables, hacia la meta de mantener cifras positivas como si fuésemos organizaciones meramente comerciales. Es evidente, y ante todo en el sector privado, que se esperen resultados financieros favorables cuando se emprende una tarea, pero también debemos pensar que la salud no se equipara con otras actividades sociales, acá lo que se encuentra en juego no es la satisfacción por un producto, sino la vida misma, y es sobre elementos relacionados con la calidad de vida que se deben medir y cuestionar a quienes toman el riesgo de incursionar en su manejo ya sea por razones altruistas o comerciales.
Berthold Brecht relata en su obra La Ópera de los tres Centavos como un hombre se enriquecía en las calles de Londres a costa de obligar a niños abandonados al viejo oficio de la mendicidad. El sentimiento de culpa de los londinenses era el filón explotado por Peachum, el rey de los mendigos, para llenar sus arcas, mientras la compasión que inspiraban sus pequeños rapaces cumplía su papel de justificar el enriquecimiento. No podemos caer, aunque las situaciones parezcan muy diferentes, en un comportamiento social donde la enfermedad sea fuente de riqueza gracias a explotar la necesidad de alivio y el dolor de otros seres humanos.
Ahora bien, los resultados dados a conocer por la Supersalud produjeron una primera reacción, las EPS a través de su gremio ACEMI salieron a los medios de comunicación a adoptar un papel un poco menos que de victimas del sistema y señalaron, por primera vez en 23 años de funcionamiento del actual sistema de salud, a los prestadores como al actor que se ha enriquecido a expensas de los demás. Nada más alejado de la verdad, o mejor dicho, una nueva afirmación al mejor estilo de la pos verdad.
No es sino mirar el estado de los hospitales públicos para tener otra opinión. Nadie podría decir con un nivel mínimo de vergüenza que los hospitales públicos se han enriquecido. Su crisis financiera viene de años atrás, y sus empleados son testigos de los atrasos en las nóminas, los proveedores de las abultadas carteras y los pacientes de las dificultades para recibir atención. Por su parte los prestadores privados si bien tardaron un poco más en sentir las afujías económicas, estas también empezaron a ser muy significativas desde hace varios años cuando la cartera de los responsables de pago empezaron a escalar a cifras inmanejables para cualquier sector de la economía.
No es lo mismo que contablemente se diga que una entidad tiene cien millones de pesos, sin que se aclare que de esa cantidad le deben 95 millones, son informaciones sesgadas que producen más daño que lo que aportan a los análisis.
Es bueno recordar un poco la historia. La mayoría de los hospitales y clínicas de este país surgieron de un espíritu de ayuda o de respuesta a las necesidades de la población. Desde benefactores individuales, comunidades religiosas que veían en el brindar salud una tarea encomendada por Dios, hasta convites que a punta de empanadas lograban levantar los hospitales de sus pueblos. En cada una de estas iniciativas el anhelo de enriquecerse era imposible, o por lo menos, no era prioritario. La forma de abordar el mundo ha cambiado y pareciera que toda actividad humana debe tener el conseguir dinero como aliciente, pero de nuevo debemos reflexionar, ¿es ético pensar en montar una empresa para lucrarse del dolor de los demás? En ese caso lo mejor que le podría suceder al sistema es tener una población altamente enferma para que circulen las facturas, ¿es a eso a lo que le debemos apuntar los actores del sector salud? Si estas respuestas son afirmativas en alguna mente, realmente como sociedad estamos peor de lo que nadie podría imaginar.
Una cosa es verdad, las cifras frías pueden interpretarse según los intereses de quien las mire. La crisis financiera del sistema de salud se ha generalizado, ya no son solo los hospitales públicos, las clínicas privadas, los profesionales o los proveedores, también las aseguradoras se lamentan, y a los prestadores se les adeuda tanto que es casi un milagro que continúen funcionando. Acá podemos recordar de nuevo a Brecht cuando decía primero vinieron por los comunistas…pero yo no era comunista…, la crisis ya ha tocado a todos y eso debería ser suficiente para preguntarnos qué es lo que está fallando, porque un sistema que gasta más de 45 billones de pesos al año no puede calificarse como pobre. Entonces, ¿será el modelo? O ¿será que hay un ánimo de enriquecimiento desmedido y por eso se exigen aún más recursos?
La riqueza de un sistema de salud debe estar en un solo resultado: una población saludable, el resto pueden ser arandelas, importantes sí, pero al fin de cuentas, pura bisutería.
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