MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 15    No. 179  AGOSTO DEL AÑO 2013    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

 
 
Necesidad de una visión
de responsabilidad social
en medio de la crisis

Conrado Gómez Vélez, MD - Exsuperintendente de Salud - elpulso@elhospital.org.co
Actualmente, y desde hace varios años, el sector salud enfrenta una crisis institucional profunda. Los ataques al nombre de las instituciones -llámense hospitales, aseguradoras u organizaciones del gobierno- son permanentes, a su reputación y a su prestigio. Se dirá entonces que con razón -con innumerables argumentos, a, b, c y así sucesivamente-, desconociendo que el sector salud es inmaduro y que se encuentra en una profunda reforma desde hace 20 años, que le exigió acrecentar la cobertura de aseguramiento y servicios del 17% al 96%.
La tragedia en todo esto es la pérdida de valor de sus instituciones y el daño que se hace al esfuerzo. Parto de la idea que la mayoría de organizaciones y profesionales de la salud son instituciones y personas buenas, correctas, que desean hacer las cosas bien. Pero para ser exitosos y adelantar sus proyectos requieren de mejores condiciones, unas que ahora no tienen, y por lo tanto frecuentemente se termina actuando de forma sub-óptima. Muchos médicos, por ejemplo, quisieran más para sus pacientes pero el sistema no se los permite, y eso no los hace malos profesionales. Igual el gobierno, las aseguradoras y los hospitales, también tienen restricciones para hacer las cosas mejor.
Muchos argumentos que se esgrimen en contra de las diversas organizaciones del sector carecen de fundamento cierto, y para infortunio nuestro, en muchas ocasiones resultan de enfrentamientos entre diferentes gremios y actores, que así se esfuerzan por obtener más recursos, por mejorar su posición, en contra de otros. Esto le hace un daño irreparable al sistema de salud. Y sucesivamente, tenemos que notar que existen problemas visibles muy importantes en el funcionamiento del sistema de salud que se deben corregir, pues no hacerlo pone en riesgo las organizaciones y al final la salud de los colombianos.
Todos los sectores de manera general, también causan daño o pueden generar efectos nocivos en la economía o el medio ambiente, de manera colateral a su actividad principal. Sea porque consumen recursos agotables, porque tienen impactos ambientales, o porque para su crecimiento acometen actividades que acaban generando impactos negativos en la población o el entorno, o porque su madurez tecnológica no les permite atender adecuadamente las necesidades y cumplir las expectativas de las personas. Sin embargo, por esa misma razón, muchas compañías desarrollan programas de Responsabilidad Social Empresarial que buscan compensar a la sociedad, mitigar el daño que pueden ocasionar, e incluso ir más allá para lograr que su empresa y su organización sea benéfica y armónica frente a la sociedad y el país.
Desarrollar programas de responsabilidad social
El sector salud de alguna manera se ha considerado a sí mismo una industria glamorosa. Olvidamos el impacto de los desechos hospitalarios, de los medicamentos vertidos en las masas de aguas que tienen impacto sobre todas las especies, el impacto medio-ambiental y urbano de las instituciones de salud, y las consecuencias de todas las actuaciones clínicas, así como los problemas relacionados con la experimentación en humanos y animales, y así sucesivamente.
Mientras no se trabaje en el desarrollo
empresarialy la buena gestión, al lado de programas
de Responsabilidad Social que logren cambiarle
la cara al sector salud, será muy difícil
fortalecer sus instituciones.
La estrategia frente a todos estos impactos negativos ha sido siempre: vestir la bata blanca y el estetoscopio, y salir ante la gente como benefactores. Pero cuando se descubren los problemas de precios, las ambiciones desmedidas y los malos resultados de las organizaciones de salud, la gente queda perpleja. Al final la población defiende las instituciones de salud porque sabe que las necesita ó porque éstas son esencialmente altruistas. Pero eso no es suficiente. Los tiempos cambian, las personas ya no ven a las instituciones y profesionales de salud como las veían antes. Muchas aseguradoras por ejemplo, en estos momentos de crisis profunda de su reputación, carecen de programas de Responsabilidad Social para demostrar, para conseguir explicar a la sociedad de su esfuerzo y de su valor. Pasan incomprendidas porque tienen a cargo el trabajo sucio que no quiere hacer el Estado, que consiste en verificar los derechos, regular los servicios y ponerle trabas a la gente. La población lo único que recibió ó que cree recibir de ellas son las restricciones al acceso, la negación de medicamentos y así sucesivamente, pasando inadvertido todo su esfuerzo por la eficiencia y la cobertura. No obstante, estas empresas carecen de programas de Responsabilidad Social. ¡Cómo les ayudaría a estas organizaciones disponer en estos momentos de un programa de Responsabilidad Social! En el caso de los prestadores de servicios parece más fácil, porque para los clínicos es fácil vestir la bata blanca y el estetoscopio, pero tampoco ayuda mucho cuando la gente se enfrenta a las negativas y la falta de calidad, entre los innumerables problemas del sector.
Fortalecer las instituciones
Todo esto trae la reflexión necesaria de fortalecer las instituciones. Soy especialmente pesimista sobre el efecto mágico que se espera de las reformas jurídicas y legales del sistema. Mientras no se trabaje en el desarrollo empresarial y la buena gestión, al lado de programas de Responsabilidad Social que logren cambiarle la cara al sector salud, será muy difícil fortalecer sus instituciones. Y aquí vale decir que no hablamos de desarrollo institucional desde la perspectiva de mejorar la facturación o procesos de cobro, para remarcar que gran cantidad de los esfuerzos hechos en los últimos 20 años para fortalecer las instituciones pueden pasar inadvertidos, porque fueron trámites inocuos. Tampoco creo que la cara del sector salud y su eficiencia pueda depender de la concentración del poder y de todas las decisiones en Bogotá, o lo que es peor, en reducir la participación del sector privado en la salud. Prácticamente en toda Colombia la oferta de servicios de salud de alta complejidad es privada; no obstante, por esa misma razón funciona con incentivos diferentes y especiales que deben ser comprendidos y adecuadamente regulados.
Postdata: Sí se podía. Hace más de 9 años, casi 10, que se venía implorando al gobierno que regulara los precios de medicamentos. Las recientes decisiones del Ministerio demuestran que sí era capaz de hacerlo y que para ello no necesitaba leyes estatutarias ni de ninguna otra naturaleza, porque ya tenía la competencia.
Es más, a partir de la Ley 1122/07 no solo tenía la competencia sino que tenía la obligación, porque así se lo imponía específicamente un artículo de dicha ley, entendiendo que en el caso de los recobros se trataba de compras obligatorias para el Estado por orden judicial, que debían ser reguladas. Lo lamentable fue la indecisión. Mucho se reclamó por ejemplo, por razones políticas y como estrategia de ataque contra la institución, que la Superintendencia Nacional de Salud regulara los precios de medicamentos, sin tener ésta la competencia. Que lo haya hecho el Ministerio de un plumazo demuestra que sí se podía. ¡Qué desperdicio, que daño tan grande! Varios años sucesivos desprestigiando a una y otra organización del sector, para disculpar semejante indecisión.
 
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