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| Actualmente, y desde
hace varios años, el sector salud enfrenta una crisis
institucional profunda. Los ataques al nombre de las instituciones
-llámense hospitales, aseguradoras u organizaciones del
gobierno- son permanentes, a su reputación y a su prestigio.
Se dirá entonces que con razón -con innumerables
argumentos, a, b, c y así sucesivamente-, desconociendo
que el sector salud es inmaduro y que se encuentra en una profunda
reforma desde hace 20 años, que le exigió acrecentar
la cobertura de aseguramiento y servicios del 17% al 96%. |
| La tragedia en todo esto es la
pérdida de valor de sus instituciones y el daño
que se hace al esfuerzo. Parto de la idea que la mayoría
de organizaciones y profesionales de la salud son instituciones
y personas buenas, correctas, que desean hacer las cosas bien.
Pero para ser exitosos y adelantar sus proyectos requieren de
mejores condiciones, unas que ahora no tienen, y por lo tanto
frecuentemente se termina actuando de forma sub-óptima.
Muchos médicos, por ejemplo, quisieran más para
sus pacientes pero el sistema no se los permite, y eso no los
hace malos profesionales. Igual el gobierno, las aseguradoras
y los hospitales, también tienen restricciones para hacer
las cosas mejor. |
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Muchos argumentos
que se esgrimen en contra de las diversas organizaciones del
sector carecen de fundamento cierto, y para infortunio nuestro,
en muchas ocasiones resultan de enfrentamientos entre diferentes
gremios y actores, que así se esfuerzan por obtener más
recursos, por mejorar su posición, en contra de otros.
Esto le hace un daño irreparable al sistema de salud.
Y sucesivamente, tenemos que notar que existen problemas visibles
muy importantes en el funcionamiento del sistema de salud que
se deben corregir, pues no hacerlo pone en riesgo las organizaciones
y al final la salud de los colombianos.
Todos los sectores de manera general, también causan
daño o pueden generar efectos nocivos en la economía
o el medio ambiente, de manera colateral a su actividad principal.
Sea porque consumen recursos agotables, porque tienen impactos
ambientales, o porque para su crecimiento acometen actividades
que acaban generando impactos negativos en la población
o el entorno, o porque su madurez tecnológica no les
permite atender adecuadamente las necesidades y cumplir las
expectativas de las personas. Sin embargo, por esa misma razón,
muchas compañías desarrollan programas de Responsabilidad
Social Empresarial que buscan compensar a la sociedad, mitigar
el daño que pueden ocasionar, e incluso ir más
allá para lograr que su empresa y su organización
sea benéfica y armónica frente a la sociedad y
el país.
Desarrollar programas de responsabilidad
social
El sector salud de alguna manera se ha considerado a
sí mismo una industria glamorosa. Olvidamos el impacto
de los desechos hospitalarios, de los medicamentos vertidos
en las masas de aguas que tienen impacto sobre todas las especies,
el impacto medio-ambiental y urbano de las instituciones de
salud, y las consecuencias de todas las actuaciones clínicas,
así como los problemas relacionados con la experimentación
en humanos y animales, y así sucesivamente. |
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Mientras no se trabaje
en el desarrollo
empresarialy la buena gestión, al lado de programas
de Responsabilidad Social que logren cambiarle
la cara al sector salud, será muy difícil
fortalecer sus instituciones.
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La estrategia frente
a todos estos impactos negativos ha sido siempre: vestir la
bata blanca y el estetoscopio, y salir ante la gente como benefactores.
Pero cuando se descubren los problemas de precios, las ambiciones
desmedidas y los malos resultados de las organizaciones de salud,
la gente queda perpleja. Al final la población defiende
las instituciones de salud porque sabe que las necesita ó
porque éstas son esencialmente altruistas. Pero eso no
es suficiente. Los tiempos cambian, las personas ya no ven a
las instituciones y profesionales de salud como las veían
antes. Muchas aseguradoras por ejemplo, en estos momentos de
crisis profunda de su reputación, carecen de programas
de Responsabilidad Social para demostrar, para conseguir explicar
a la sociedad de su esfuerzo y de su valor. Pasan incomprendidas
porque tienen a cargo el trabajo sucio que no quiere hacer el
Estado, que consiste en verificar los derechos, regular los
servicios y ponerle trabas a la gente. La población lo
único que recibió ó que cree recibir de
ellas son las restricciones al acceso, la negación de
medicamentos y así sucesivamente, pasando inadvertido
todo su esfuerzo por la eficiencia y la cobertura. No obstante,
estas empresas carecen de programas de Responsabilidad Social.
¡Cómo les ayudaría a estas organizaciones
disponer en estos momentos de un programa de Responsabilidad
Social! En el caso de los prestadores de servicios parece más
fácil, porque para los clínicos es fácil
vestir la bata blanca y el estetoscopio, pero tampoco ayuda
mucho cuando la gente se enfrenta a las negativas y la falta
de calidad, entre los innumerables problemas del sector.
Fortalecer las instituciones
Todo esto trae la reflexión necesaria de fortalecer
las instituciones. Soy especialmente pesimista sobre el efecto
mágico que se espera de las reformas jurídicas
y legales del sistema. Mientras no se trabaje en el desarrollo
empresarial y la buena gestión, al lado de programas
de Responsabilidad Social que logren cambiarle la cara al sector
salud, será muy difícil fortalecer sus instituciones.
Y aquí vale decir que no hablamos de desarrollo institucional
desde la perspectiva de mejorar la facturación o procesos
de cobro, para remarcar que gran cantidad de los esfuerzos hechos
en los últimos 20 años para fortalecer las instituciones
pueden pasar inadvertidos, porque fueron trámites inocuos.
Tampoco creo que la cara del sector salud y su eficiencia pueda
depender de la concentración del poder y de todas las
decisiones en Bogotá, o lo que es peor, en reducir la
participación del sector privado en la salud. Prácticamente
en toda Colombia la oferta de servicios de salud de alta complejidad
es privada; no obstante, por esa misma razón funciona
con incentivos diferentes y especiales que deben ser comprendidos
y adecuadamente regulados.
Postdata: Sí se podía. Hace más de 9 años,
casi 10, que se venía implorando al gobierno que regulara
los precios de medicamentos. Las recientes decisiones del Ministerio
demuestran que sí era capaz de hacerlo y que para ello
no necesitaba leyes estatutarias ni de ninguna otra naturaleza,
porque ya tenía la competencia.
Es más, a partir de la Ley 1122/07 no solo tenía
la competencia sino que tenía la obligación, porque
así se lo imponía específicamente un artículo
de dicha ley, entendiendo que en el caso de los recobros se
trataba de compras obligatorias para el Estado por orden judicial,
que debían ser reguladas. Lo lamentable fue la indecisión.
Mucho se reclamó por ejemplo, por razones políticas
y como estrategia de ataque contra la institución, que
la Superintendencia Nacional de Salud regulara los precios de
medicamentos, sin tener ésta la competencia. Que lo haya
hecho el Ministerio de un plumazo demuestra que sí se
podía. ¡Qué desperdicio, que daño
tan grande! Varios años sucesivos desprestigiando a una
y otra organización del sector, para disculpar semejante
indecisión. |
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