MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMÉRICA No. 336 SEPTIEMBRE DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388

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Recuperar la confianza para hacer funcionar el sistema

El nuevo Gobierno recibe un sistema de salud en el que los problemascoyunturales y estructurales ya no pueden abordarse de manera aislada. La crisis de financiamiento, la ausencia de flujo de recursos a los prestadores, las dificultades de acceso, las EPS intervenidas, las deudas acumuladas y la incertidumbre jurídica responden a un problema más profundo: en el sistema se ha perdido la confianza entre todos los actores que deben hacerlo funcionar.

Cuando los pacientes no saben si recibirán oportunamente sus medicamentos o tratamientos, los hospitales y las clínicas desconocen cuándo recibirán el pago por los servicios prestados y las cifras sobre las deudas y los recursos siguen siendo objeto de discusión, la incertidumbre termina ocupando el lugar de la confianza.

Por eso, el desafío no consiste únicamente en anunciar un plan de choque o reabrir la discusión sobre el modelo de aseguramiento. Antes de cualquier transformación estructural, Colombia necesita, de forma urgente, recuperar las condiciones que permitan reconstruir la confianza y, sobre esa base, hacer funcionar su sistema de salud.

Esto implica atender las urgencias de los pacientes, pero también restablecer condiciones básicas de gobernabilidad: información confiable, responsabilidades claras, decisiones oportunas y reglas suficientemente estables para que cada actor pueda cumplir su función.

De la reacción a la anticipación

Durante años, buena parte de la gestión del sistema ha estado marcada por la urgencia: problemas de liquidez, cierre de presupuestos anuales, dificultades con los medicamentos, intervenciones de EPS, reclamos de los prestadores y barreras de acceso. Con frecuencia, las decisiones llegan después de que el problema ya se ha convertido en crisis.

Cambiar esa lógica debe ser una de las primeras tareas de la nueva administración. La prioridad inmediata debería ser garantizar la continuidad de los tratamientos y servicios críticos, y también desarrollar mecanismos que permitan identificar dónde se están acumulando los problemas antes de impactar a los prestadores y al paciente.

La confianza no se recupera únicamente con anuncios o creando nuevamente líneas de crédito para los prestadores. Se construye cuando las instituciones demuestran que pueden anticipar los problemas, tomar decisiones y cumplirlas. Y para anticipar es indispensable contar con información confiable.

Información para gobernar

Las diferencias sobre las deudas, las obligaciones de las EPS, la suficiencia de la UPC y los datos de salud y las tutelas muestran que todavía existen datos enfrentados sobre una misma realidad.

Por eso, una de las primeras tareas desde el Gobierno, en un plan de choque, debería ser construir un diagnóstico financiero urgente, pero compartido y verificable. No se trata únicamente de establecer cuánto dinero necesita el sistema, sino de conocer cuánto se debe, a quién, qué obligaciones pueden verificarse y dónde están los principales puntos de presión.

La información deja así de ser un asunto exclusivamente técnico para ser un tema de Estado. Se convierte en una condición para gobernar. Hospitales, clínicas, aseguradores y autoridades necesitan conocer con claridad los recursos disponibles, las responsabilidades de cada actor y las reglas que orientan sus decisiones.

No es posible construir confianza sobre cifras que el propio sistema todavía discute desde hace décadas.

Pero la información solo tiene valor si se actúa oportunamente.

La previsibilidad también construye confianza

La situación de los prestadores suele medirse a partir de sus cuentas por cobrar y del monto de las deudas. Sin embargo, el problema va más allá de cuánto se les debe.

Cuando una institución no sabe cuándo recibirá el pago por los servicios que ya prestó, pierde capacidad para planear, invertir e innovar. La incertidumbre afecta la contratación de talento humano, la relación con proveedores, la renovación tecnológica, el mantenimiento de la infraestructura y la posibilidad de ampliar servicios.

Por eso, la discusión sobre los recursos debe incorporar una pregunta adicional: ¿qué tan previsible es su flujo?

Un sistema puede movilizar grandes cantidades de dinero y mantener, al mismo tiempo, a sus instituciones en incertidumbre si los pagos son impredecibles o dependen de soluciones temporales o medidas extraordinarias.

Hospitales y clínicas no necesitan solo alivios temporales. Necesitan condiciones que les permitan tomar decisiones de mediano y largo plazo. Un hospital que puede anticipar sus ingresos puede contratar, invertir y mantener sus servicios; uno que depende permanentemente del próximo giro extraordinario termina concentrado en resolver la siguiente crisis de caja.

EPS intervenidas: decisiones que devuelvan certezas

Las EPS intervenidas representan una de las principales pruebas de decisión institucional para la nueva administración. El desafío no es simplemente determinar si las intervenciones continúan o terminan, sino establecer qué resultados deben producir y cuál será la ruta posterior.

Una intervención no puede convertirse en un estado permanente sin objetivos verificables. Mejorar el acceso, reducir las deudas, fortalecer la gestión y garantizar condiciones de sostenibilidad deberían ser criterios para evaluar su continuidad.

En entidades de gran tamaño, como Nueva EPS, esta definición adquiere una importancia mayor por el impacto que cualquier decisión puede tener sobre millones de afiliados y sobre los demás actores del sistema.

La incertidumbre prolongada tampoco es neutral. Una EPS sin una ruta clara limita la capacidad de hospitales, clínicas, proveedores y pacientes para anticipar sus decisiones.

Las medidas extraordinarias deben tener objetivos, indicadores y una salida definida. De lo contrario, dejan de ser instrumentos de solución y se convierten en mecanismos para administrar indefinidamente la incertidumbre.

Transformar sin profundizar la incertidumbre

Resolver las urgencias y ordenar las situaciones pendientes no significa renunciar a las transformaciones estructurales que el país necesita. Colombia enfrenta cambios demográficos, un aumento de las enfermedades crónicas, desigualdades territoriales, presiones tecnológicas y la necesidad de fortalecer la prevención y la atención primaria.

Pero transformar el sistema exige proteger su funcionamiento mientras se producen los cambios.

La discusión no debería reducirse a defender lo existente o desmontarlo. La pregunta más útil es otra: ¿qué capacidades deben preservarse, cuáles necesitan corregirse y cuáles requieren una transformación profunda?

Hospitales, redes de atención, talento humano y experiencias acumuladas durante décadas hacen parte de una capacidad instalada que no puede desconocerse. Transformar también implica reconocer aquello que funciona y construir sobre ello.

La continuidad institucional no significa inmovilidad. Puede ser, precisamente, la base desde la cual una reforma produzca mejores resultados sin poner en riesgo la atención.

La verdadera prueba: cumplir

Todas estas decisiones conducen a un mismo desafío: convertir las definiciones en resultados.

El sector no necesita únicamente nuevas propuestas. Necesita que las decisiones produzcan efectos concretos. Si se anuncian recursos, deben llegar. Si se establecen reglas, deben poder aplicarse. Si se interviene una entidad, deben existir metas y plazos. Y si se transforma el sistema, debe garantizarse la continuidad de la atención.

La confianza no se recupera con discursos; se recupera cuando las instituciones cumplen.


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Autor

Andrea Ochoa Restrepo

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