MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 16    No. 217  OCTUBRE DEL AÑO 2016    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


Niños muertos por desnutrición,
tragedia más allá de las estadísticas

Juan Carlos Arboleda Z., Periodista - elpulso@sanvicentefundacion.com
Hasta el 22 de septiembre pasado, la Secretaría de Salud de Guajira reportó 56 niños muertos por hambre en ese departamento en 2016.
Decía Stalin: “La muerte de un niño es una desgracia, la muerte de miles es una estadística”, y lo que le falta a la frase de humanidad se puede complementar: es una estadística de desgracias. Colombia vive con la muerte de miles de niños por desnutrición, una tragedia camuflada en estadísticas. Para las autoridades es preocupante pero se disuelve en cifras nacionales y se palia con programas estatales de los que se desconocen resultados tangibles; quienes denuncian los casos aran en el desierto, porque solo obtienen titulares en medios que se olvidan con un triunfo deportivo.
Cifras escuetas
Hasta el 22 de septiembre pasado, la Secretaría de Salud de Guajira reportó 56 niños muertos por hambre en ese departamento en 2016. Hasta fines de agosto pasado, por reportes de las comunidades, en La Guajira habían muerto 44 niños por desnutrición o causas asociadas en lo corrido del año.
En la semana epidemiológica 32 de 2016 (agosto 7 al 13), el Sivigila reportaba 12 muertes probables por y asociadas a desnutrición en menores de 5 años (6 en esa semana), y estudiaba 179 casos probables. Del total de muertes probables en menores de 5 años, 72.2% eran de poblaciones indígenas, 58.3% de población rural dispersa, 86.1% del régimen subsidiado y 61.1% eran menores de un año. Un informe anterior del Sivigila mostraba que un factor con incidencia en estas muertes podía ser el que 82.2% de las madres de los niños tenían bajo o ningún nivel educativo y 88.1% eran del estrato socioeconómico uno. Los departamentos del país con mayor prevalencia son Guajira, Chocó, Cesar y Meta.
La crisis estaba anunciada. La Sociedad Colombiana de Pediatría manifestó al gobierno que desde 2014 el Instituto Nacional de Salud registraba 299 muertes de niños menores de 5 años por diferentes patologías, pero que a la vez presentaban desnutrición en sus diagnósticos. No resulta extraño que el 6 de marzo de 2016, la Oficina de Unicef en Colombia indicara que 1 de cada 10 niños en el país sufre desnutrición crónica.
Además, líderes de comunidades wayuu entregaron informes desde 2015 a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) afirmando que en los últimos 8 años habrían muerto 4.770 niños por problemas relacionados con desnutrición y falta de agua potable, denuncia que condujo a que la CIDH en diciembre de 2015 dictara medidas cautelares en defensa de niños y adolescentes wayuu de Uribia, Manaure, Riohacha y Maicao, que obligarían al Estado a tomar medidas para proteger sus derechos. Más las muertes de 2016 demuestran la falta de medidas efectivas o su inoperancia.
Si bien hay acciones del gobierno, no parecen las más adecuadas, denunció el líder wayuu Javier Rojas -quien interpuso la acción ante la CIDH- y que en la segunda semana de agosto pasado llamó a la línea telefónica para estas emergencias en el Ministerio de Salud (031 330 50 71). Quería reportar 18 casos detectados, llamó el sábado, el domingo y el martes fue atendido por el operador José Gutiérrez, “quien dijo que esos casos solo son atendidos entre 6:00 a.m. y 6:00 p.m., y que los encargados no estaban disponibles”.
El Ministerio insiste que no todas las muertes se deben a desnutrición. El ICBF, luego del mea culpa del presidente Santos por muertes de niños al cuidado del Instituto, aclaró que esos casos no estaban bajo su protección total y fueron atención “de paso”.
Incluso en el informe de gestión de Minsalud en mayo pasado, el ministro Alejandro Gaviria indicó: “La desnutrición es un problema complejo y hay que marcar las responsabilidades sectoriales, la crónica puede ser pobreza, pero la aguda es de otra característica y ahí tiene que actuar el Ministerio de Salud, se abordó con la estrategia comunitaria y el reto para los próximos años es de escala”. Y agregó: “En La Guajira hay una situación muy compleja, tiene 4 veces la tasa de desnutrición nacional y este problema es transversal, involucra a todos los sectores, y está ligada a la situación económica, acceso a agua y alimentos, pero sus efectos son en salud; por eso nuestra responsabilidad es con la desnutrición aguda que puede desencadenar en muerte”.
Los rostros de niños fallecidos
Esneider José Uriana presentaba desnutrición y falleció el mismo día que una niña wayuu de 9 meses que pesaba 5.500 gramos y llevaba 12 días hospitalizada en la Unidad de Cuidados Intensivos Gyo Medical de Riohacha; Esneider vivía en la ranchería Couchotca de Manaure. El 17 de junio en el Hospital San Rafael de San Juan del Cesar falleció otro niño wayuu de 8 meses de nacido, llegó remitido desde el Hospital de Manaure; estaba afiliado a la EPS Salud Vida y pertenecía a la comunidad Kachuana que lleva dos casos similares este año. Fabiola Epinayú Uriana fue la víctima 34 en 2016 al fallecer el 22 de junio en La Guajira; murió un día después de que el Juzgado 1° Administrativo de Riohacha admitiera una acción de tutela contra el ICBF para que amparara sus derechos fundamentales a la vida y la salud. Tenía 14 meses.
Si bien las cifras dimensionan los fenómenos sociales, es tristemente normal perder la perspectiva del drama que encierra cada número. Reconocer los nombres, a familias, comunidades y esperanzas de vida perdidas puede servir para humanizar una crisis que se volvió fría como los mismos números y que de manera silenciosa avanza a la extinción de pueblos como el Wayuu.
¿Qué pasa en un Estado donde
a pesar de alertas, llamados internacionales,
providencias judiciales y un supuesto compromiso
del gobierno, sigue viendo a sus niños en La Guajira
y en el resto del país, morir por física hambre?
El 23 de junio una niña con desnutrición severa, neumonía e insuficiencia respiratoria murió en la clínica Renacer de Riohacha, Su médico, Abudi Dasuki, señaló que solo contaba 9 meses de edad y llegó en mal estado general, pesaba 5.3 kilos, cuando debería estar entre 8 y 9. Daniela Bouriyú vivía en la comunidad Wala Walao en la vía entre Riohacha y Maicao. El pediatra Dasuki declaró al diario El Heraldo: “El Hospital Nuestra Señora de los Remedios está colapsado y no hay camas para atender a los niños que llegan con desnutrición de todos los rincones de La Guajira”. Como si la hoz no tuviese descanso, el 7 de julio segó la vida de una niña wayuu de 9 meses, a quien el pediatra Félix Mogollón diagnosticó desnutrición aguda severa y sepsis de origen intestinal y urinario. La lista puede seguir, pero el sentido no puede ser el de engrosar estadísticas.
El problema no ha pasado inadvertido, por el contrario, el volumen de titulares de prensa moviliza reacciones de las autoridades, pero estas han sido tan diversas y disímiles que es imposible evaluar resultados, y otras veces suenan a excusas o salidas macondianas. El primer hecho de carácter internacional fueron las medidas cautelares ordenadas por la CIDH en diciembre de 2015 en protección de los niños wayuu de La Guajira, y que exige soluciones frente a la desnutrición infantil, la falta de agua y el acceso a un buen servicio de salud, todas necesidades básicas insatisfechas históricamente por el Estado.
ICBF y Presidencia responden con leguleyadas
La directora del ICBF, Cristina Plazas, manifestó que una razón por la cual mueren los niños es la insistencia de los padres de no llevarlos o sacarlos de los centros hospitalarios, y su solución fue instar para que los derechos de los niños sean prevalentes por encima de los usos y costumbres de las comunidades. Sin embargo, tratar de cambiar costumbres ancestrales con medidas judiciales es entrar en conflicto con las comunidades, haciendo que desistan de llevar a los niños a centros de atención.
El 31 de mayo de 2016 una providencia del Tribunal Superior de Riohacha le otorgó 48 horas al presidente Santos para garantizar el bienestar de los niños wayuu y así evitar las muertes por hambre. No solo el plazo no se cumplió (los niños siguen muriendo por esa causa), sino que los alegatos de la apoderada del mandatario dejan sabor a leguleyada: alegó falta de legitimidad del accionante, ya que Elson Rafael Rodrigo Rodríguez actuó en nombre de los niños wayuu sin acreditar el poder de sus padres o representantes de esa comunidad, ni acreditaba que los mismos estuvieran en imposibilidad de atender la defensa de los menores. ¿Acaso solicitar la conservación de la vida de unos niños necesita el cumplimiento de papeleos más allá de un sentido de humanidad? Al parecer sí, porque las demás entidades comprometidas en el fallo alegaron no tener competencia o responsabilidad en el tema, además de falta de legitimidad en los alegatos.
Todas las instancias han participado en la discusión, desde Procuraduría y Fiscalía anunciando investigaciones exhaustivas, como hizo en su momento el fiscal general encargado, Jorge Perdomo: “Se tiene certeza de que existen las pruebas suficientes para mandar a la cárcel a quienes en La Guajira propiciaron el saqueo de los recursos públicos, destinados a la salud, la educación y la alimentación de niños wayuu, que es una infamia, que se perseguirá incluso con la Interpol en Venezuela”. La corrupción también tiene responsabilidad, pues se detectaron 4 fundaciones en La Guajira que habrían defraudado en unos $3.300 millones a los contratos de alimentación.
La pregunta es: ¿Qué pasa en un Estado donde a pesar de alertas, llamados internacionales, providencias judiciales y un supuesto compromiso del gobierno, sigue viendo a sus niños en La Guajira y en el resto del país, morir por física hambre?
 
Otros artículos...
Niños muertos por desnutrición, tragedia más allá de las estadísticas
Mayor mortalidad de niños por desnutrición en Guajira, Chocó, Guainía y Nariño: por pobreza, atraso y olvido
La muerte del bebé que no llegó a titulares de prensa
Hay muertes de niños por hambre en toda Colombia
Quienes más mueren de hambre en Colombia son los adultos mayores
Piden $4.5 billones más para presupuesto de Salud en 2017
Instituto de Metrología Biomédica del Hospital Universitario de San Vicente Fundación: Primero acreditado en Colombia en calibración de equipos de optometría
Rehabilitación intestinal en Centros Especializados de San Vicente Fundación
Medicina y espiritualidad: ¿El poder de la palabra en crisis?
Ya opera “Mipres”
Doctor Ramón Córdoba Palacio, maestro de bioética y humanismo en medicina
S.O.S. por atención en salud a los niños
Sexta prórroga a Vigilancia Especial en Cafesalud
Nueva Unidad de Pediatría en Hospital Pablo Tobón Uribe
Nace ADRES, Administradora de Recursos del Sistema de Salud
Renunció el viceministro Fernando Ruiz
EPS: a cubrir transporte para reclamar medicamentos o llevarlos a domicilio
El Vigía: ¿Cuál es la mejor estrategia de prevención y control de Infecciones Asociadas a la Atención en Salud?
“Barreras al acceso a medicamentos sería violación a derechos humanos”
 

 



Arriba

[ Editorial | Debate | Opinión | Monitoreo | Generales | Cultural | Breves ]

COPYRIGHT © 2001 Periódico El PULSO
Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular
. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved