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| Con la llegada de
las redes sociales y el acceso a internet en cualquier lugar,
una línea muy delgada divide lo personal de lo profesional.
El personal de salud y los que están en proceso de formación
no se escapan a este fenómeno, violando, en la mayoría
de los casos, la privacidad y el derecho al secreto médico
de los pacientes. |
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Como si fueran trofeos, como
momentos para elevar el ego y, en el peor de los casos, como
ventana comercial, algunos médicos y estudiantes de áreas
de la salud exhiben en sus cuentas personales de Instagram,
Facebook o Twitter, casos e historias de pacientes sin ningún
consentimiento. Aquí la autorización verbal no
es suficiente: un documento escrito donde la persona autorice
a que su imagen e historia se utilicen para determinado fin,
es una obligación que no debe omitirse bajo ninguna circunstancia.
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"Estoy demostrando
a familiares y amigos que como médicos en formación
ya estamos en contacto con pacientes", "tengo sentido
de pertenencia por la profesión y la universidad",
"no percibo nada de malo en subir este tipo de fotografías",
"no estamos haciendo nada de malo", "todos lo
hacen sin ningún problema, incluso médicos".
Afirmaciones como éstas encienden alarmas y así
lo refleja estudio en la revista Biomédica,
donde la U. Javeriana de Cali analiza el manejo que los estudiantes
de medicina hacen de las redes sociales con publicación
de fotografías de los pacientes y el profesionalismo
médico.
Señala la publicación que si bien el desarrollo
y uso de las redes generó un cambio en la comunicación
entre médico, paciente e institución, en ese proceso
se pueden vulnerar los principios del profesionalismo en la
práctica médica: El profesionalismo, que
incluye entre otros aspectos el respeto por la privacidad de
los pacientes, constituye una de las 6 competencias básicas
que deben desarrollar y mantener los estudiantes de medicina
durante el pregrado y la residencia, y los médicos en
su ejercicio profesional. Hoy el uso masivo y poco controlado
de las redes sociales electrónicas ha provocado un debate
ético en este campo, pues estudiantes y profesionales
de la medicina utilizan estas redes para relacionarse con sus
colegas y pacientes, y como una herramienta médica que
trasciende su uso exclusivo en el sitio de trabajo, lo cual
si bien resulta beneficioso, los expone al riesgo constante
de cruzar el límite entre lo que se considera un comportamiento
profesional y lo que no. Al igual que cualquier ciudadano, los
profesionales de la medicina tienen la libertad y el derecho
de usar las redes sociales, pero deben tener especial cuidado
para no trasgredir las normas éticas que rigen la profesión
médica.
¿Cuál es el problema?
Expertos coinciden: el problema no son las redes ni
el internet. Las complicaciones llegan con el mal uso de esas
herramientas de comunicación y sobre todo el desconocimiento
frente a temas de bioética. Para José Humberto
Duque, miembro del Comité de Ética del Hospital
Universitario y Centros Especializados de San Vicente Fundación,
la academia también es responsable de que se den estas
vulneraciones: Las universidades no están formando
en bioética ni en derecho médico ni responsabilidad
civil a los médicos. Hay un vacío enorme y eso
lleva a que se cometan estos errores. El diseño curricular
de las facultades de medicina tiene currículos del siglo
XIX, se enseña lo mismo que hace 20, 40 o 50 años,
no hay innovación curricular sobre los nuevos problemas.
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Al igual que cualquier
ciudadano,
los profesionales de la medicina tienen la
libertad y el derecho de usar las redes sociales,
pero deben tener especial cuidado para no
trasgredir las normas éticas que
rigen la profesión médica.
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Otra consideración
es la pertinencia y el momento de la carrera en que los temas
éticos llegan a la formación. Diana Patricia Guerra,
coordinadora del Observatorio por el Derecho a la Salud, señala
que la academia debe brindar herramientas para enfrentar la
vida profesional: El tema ético se debe tratar
no en el último semestre, sino desde el ingreso orientar
sobre lo que se puede y no se puede hacer, enfrentar manuales
de ética de la profesión, porque como profesionales
pueden tener sanciones, ser investigados por asuntos administrativos,
éticos, disciplinarios o penales, y hasta de responsabilidad
fiscal.
Pero no solo médicos en formación vulneran la
privacidad de sus pacientes al publicar en redes sin autorización,
dice Duque: Los médicos somos muy olímpicos
y no medimos la viralidad que tienen las redes sociales; son
una herramienta necesaria, útil, de la que nos debemos
apropiar en forma prudente y responsable. Nunca, como ahora,
es tan borrosa la línea entre lo personal, lo íntimo
y lo profesional; muchos médicos se mueven en redes sociales
de forma olímpica, presentándose como expertos
con un fin comercial.
A las redes no hay que satanizarlas
Por el alcance y la movilización alrededor de
estas herramientas de comunicación, usarlas con fines
académicos, de promoción y prevención,
debe ser el propósito. La educación debe ser la
prioridad, lejos de ese afán de morbo mostrando malformaciones
o complicaciones de los pacientes; las redes sociales deben
manejarse de manera prudente y racional, sabiendo que el respeto
por el paciente es lo primero. Bajo ninguna circunstancia resulta
ético usarlas para generar alarma, show o desconcierto,
mucho menos para ganar pacientes o alimentar el ego con divulgación
de capacidades médicas.
Así las cosas, antes de publicar en redes primero verifique:
¿Tiene autorización escrita del paciente? / Las
historias clínicas son propiedad del paciente, jamás
del médico o la institución, por tanto requieren
autorización para su uso. / Tenga mucho cuidado con la
publicación de menores de edad o personas con protección
especial. / Encripte la información del paciente para
que no sea identificable; esto aplica también para publicaciones
con fines académicos o científicos. / Hay un riesgo
médico, legal y ético en la confidencialidad que
exige la protección de datos de la vida íntima
del paciente. Todo lo que padece y tratamientos hacen parte
de su vida íntima, por tanto son datos sobre los que
hay que tener máxima responsabilidad.
El secreto no es un deber médico absoluto, pero
sí debe ser prioritario y fundamental en la práctica
médica y la ley es clara en eso. Es necesario asumir
a plenitud y con toda conciencia la viralidad de las redes y
el alto riesgo al que se expone la información de un
paciente en cuestión de segundos, concluye Duque. |
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