MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 12    No. 154  JULIO DEL AÑO 2011    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Habilidades para la vida

La persona resiliente
La persona resiliente es aquella que al encontrarse en una situación de adversidad, expuesta a numerosos factores de riesgo, tiene la capacidad de utilizar aquellos factores protectores para sobreponerse a la adversidad, crecer y desarrollarse adecuadamente. Esta capacidad no es estática: varía en el tiempo y con las circunstancias.
Atributos de la persona resiliente
Ciertos atributos de la persona tienen una asociación positiva con la posibilidad de ser resiliente. Estos son: control de emociones e impulsos, autonomía, sentido del humor, alta auto-estima (concepción positiva de sí mismo), empatía (capacidad de comunicarse y de percibir la situación emocional del interlocutor), capacidad de comprensión y análisis de las situaciones, cierta competencia y capacidad de atención y concentración.
También se han descrito condiciones del medio ambiente social y familiar que favorecen la posibilidad de ser resiliente: la seguridad de un afecto recibido por encima de todas las circunstancias y no condicionada a las conductas ni a ningún otro aspecto de la persona; la relación de aceptación incondicional de un adulto significativo; y la extensión de redes informales de apoyo.

Perfil del niño resiliente
Parece muy sencillo decir que un niño resilente es aquel que trabaja bien, juega bien y tiene buenas expectativas sobre sí mismo. Esto resulta abstracto para muchos, por eso resulta un poco más fácil describir lo que esto significa.
Los niños resilientes responden más al contacto con otros seres humanos y generan más respuestas positivas en las otras personas, son activos, flexibles y adaptables. Se comunican con facilidad, demuestran empatía y afecto, y tienen comportamientos pro-sociales.
Los niños resilientes tienen la capacidad de resolver problemas, pensar en abstracto reflexiva y flexiblemente.
Los niños resilientes tiene un fuerte sentido de independencia, con un sentido de control interno y de poder personal, con autodisciplina y control de impulsos. Esto se traduce en actuar independientemente, con eficacia propia y controlar algunos factores del entorno.
Los niños resilientes tienen sentido de propósito y de futuro. Esto es tener expectativas saludables, dirección hacia objetivos y orientación hacia la consecución de los mismos, motivación para los logros, fe en un futuro mejor y sentido de la anticipación de la coherencia. Este último factor parece uno de los más poderosos predictores de resultados positivos en resiliencia.
De todas estas cualidades, las que se han asociado con más fuerza a la presencia de adultos resilientes, han sido las aspiraciones educacionales y el anhelo de un futuro mejor. Cuando un futuro atractivo nos parece posible y alcanzable, podemos persuadirnos para subordinar una gratificación inmediata a una posterior más integral.
Expresiones de los niños con características resilientes
Grotber (1995) creó un modelo para caracterizar a un niño resiliente a través de las siguientes expresiones: “Yo tengo”, “yo soy”, “yo puedo”.
TENGO
Personas en quienes confío y quienes me quieren incondicionalmente.
Personas que me ponen límites, para que aprenda a evitar peligros o problemas.
Personas que me muestran por medio de su conducta la manera correcta de proceder.
Personas que quieren que aprenda a desenvolverme solo.
Personas que me ayudan cuando estoy enfermo o en peligro, o cuando necesito aprender.
SOY
Una persona por la que otros sienten aprecio y cariño.
Feliz cuando hago algo bueno para los demás y les demuestro mi afecto.
Respetuoso de mí mismo y del prójimo.
Capaz de aprender lo que mis maestros me enseñan.
Agradable y comunicativo con mis familiares y vecinos.
ESTOY
Dispuesto a responsabilizarme de mis actos.
Seguro de que todo saldrá bien.
Triste, lo reconozco y lo expreso con la seguridad de encontrar apoyo.
Rodeado de compañeros que me aprecian.
PUEDO
Hablar sobre cosas que me asustan o me inquietan.
Buscar la manera de resolver mis problemas.
Controlarme cuando tengo ganas de hacer algo peligroso o que no está bien.
Buscar el momento apropiado para hablar con alguien o para actuar.
Encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito.
Equivocarme y hacer travesuras sin perder el afecto de mis padres.
Sentir afecto y expresarlo.
De acuerdo con este modelo, la resiliencia se puede promover si se procura que la crianza, la educación formal y la informal aumenten las situaciones que producen estas verbalizaciones en cada persona.
 
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