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Los anuncios del gobierno para conjurar la crisis del sistema
de salud por el escándalo de corrupción, reafirman
que el comportamiento gubernamental ante los problemas estructurales
del sector es esencialmente reactivo. Igual que el modelo
sobre el cual se basa el sistema de salud, es curativo,
contiene disposiciones para el tratamiento de la enfermedad,
pero pocas medidas tienen un esquema preventivo que corrija
el mal de raíz.
La problemática está sobre-diagnosticada.
Nadie puede decir que no sabía para dónde
iban las cosas, que no se alertó desde el principio
sobre las fallas de origen, pecados originales del sistema
de salud. Instituciones académicas, universitarias,
científicas, gremiales, sindicales, religiosas, políticas
y populares, e incluso del gobierno, pusieron el dedo en
la llaga año tras año, y los manejadores del
tinglado hicieron caso omiso de las advertencias. Eventos
mil llenaron la agenda de los entes gubernamentales en toda
la triste historia de la Ley 100/93 y su interminable catálogo
de remiendos normativos.
Pese a los males de origen, el rumbo del sistema pudo corregirse
para tener al menos un comportamiento decoroso y unos mínimos
resultados en salud frente a las cuantiosas ganancias privadas.
Pero hay que volverlo a decir: el sistema de salud es una
colcha de ratazos que no aguanta más remiendos. No
sirve, señores, no sirve, hay que cambiar este nicho
vergonzoso de mercado, este nido de corrupción y
de enriquecimiento ilícito, por un verdadero sistema
de salud. La intermediación siempre ha sido un cáncer
en cualquier campo, porque se lucra deshonestamente de los
beneficios que corresponden por justicia a los pacientes
y a los usuarios. Entonces, quizá habría que
eliminar la intermediación.
Y hay que retomar los determinantes sociales de la salud
como reales paradigmas de la seguridad social: brindar seguridad
alimentaria, agua potable, saneamiento básico y propiciar
hábitos saludables, promover la salud y prevenir
la enfermedad. Las cosas son más simples de lo que
piensan quienes las enredan para enriquecerse con la salud.
Las disposiciones de tipo financiero están viciadas
por una contradicción interna, llevan intrínseco
el virus de la corrupción: cuando está demostrada
la suficiencia de los recursos actuales, y su incorrecta
orientación, aplicación y control, ¿quién
puede creer en la bondad del aumento de dineros?
La reestructuración del Fosyga es inevitable e incluso
saludable, debe empezar por fijarle reglas de juego en el
plano normativo, que imponga salvaguardas a un asunto tan
delicado como el manejo de dineros públicos por entes
privados, debe prever una licitación muy seria para
seleccionar consorcio fiduciario (ojalá fuese una
entidad oficial, ¿por qué no pensar en un
pool de los entes territoriales que les sirva a la vez como
gran fondo nacional de ahorro?), que cumpla las órdenes
precisas de la sentencia T-760 sobre flujo de recursos y
adopte un modus operandi distinto, con disponibilidad de
recursos ágil y transparente, con auditoría
estricta y sometido al régimen que resulte del límite
de recobros. El Estado daría ejemplo de buena administración
en éste y otros puntos.
Limitar al número de EPS sería una medida
contraproducente, engañosa, pues consolidaría
el monopolio de grupos de aseguradoras, fomentando el abuso
de posición dominante en contra de los otros estamentos.
El argumento oficial de que un alto número de EPS
es difícil de controlar, es un sofisma: el Ministerio
y los entes de control poseen todas las herramientas legales
y sólo les falta voluntad política y cierta
adición de recursos físicos y humanos y mayor
descentralización, para cumplir la tarea. Bajo cuerda,
se busca lo de siempre: dar la mano a las EPS con el pretexto
de tener mano dura con ellas.
Lo demás es muy provechoso, siempre y cuando se haga
con firmeza: establecer un eficaz sistema de información,
exigir indicadores de resultados en salud, hacer giro directo
a hospitales, y ante todo, reasumir la rectoría estatal
del sistema. ¿O será ésta otra oportunidad
de oro perdida para mejorar la situación de la salud
o cambiar el sistema?
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