MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 133  OCTUBRE DEL AÑO 2009    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


Reforma de Salud en
Estados Unidos: Un líder contra
el egoísmo y la ignorancia

Ricardo Restrepo Guzmán, MD Corresponsal en Nueva York, Estados Unidos - elpulso@elhospital.org.co
La ignorancia es atrevida y el egoísmo se reduce a un propio yo. Esta es la realidad de la reforma de salud estadounidense, en donde el interés de unos pocos que ostentan el poder obstaculiza el bienestar de toda una nación.
El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, avanza con una propuesta fundamental de su campaña y su gobierno: la reforma al sistema de salud. En el actual, 47 millones de personas no tienen seguro de salud (15 millones de ellos, son hispanos); y el gasto en salud es mucho más alto que en cualquier nación desarrollada. Es claro: se necesita un cambio. Estados Unidos gastó US$2.4 trillones en 2008; el país invierte en salud 16% del Producto Interno Bruto, 63% más que el promedio de otros países desarrollados que invierten 9.4%.
La expectativa de vida promedio en los 12 países más ricos del mundo es 80.2 años: en Estados Unidos 78.5 años. Esto es insostenible e inaceptable, pero muchos políticos creen que la salud no debe ser un derecho en este país.
La Fundación Robert Wood Johnson reportó que si los esfuerzos para la reforma no son aprobados, el costo de la salud se duplicará y los americanos sin seguro médico serían unos 65.7 millones en 10 años, siendo las familias de clase media las más afectadas.
La Reforma cuenta con el apoyo de la Asociación Médica Americana (AMA), la Asociación de Tecnología Médica Avanzada, la Asociación Americana de Hospitales, la Asociación de Planes de Seguro Médico, la Asociación de la industria farmacéutica y aparatos médicos, y el sindicato de trabajadores. Su propósito es trabajar conjuntamente para reducir en US$2 trillones o más el gasto en salud en la próxima década.
Como se evidenció en los últimos meses, tener un presidente progresista en una nación puritana y muchas veces egocéntrica, hizo que cuando están listas reformas de fondo, el status quo representado por ciertos grupos utiliza influencias, aliados políticos y medios de comunicación para impedirlas. Estos grupos truncaron hace ya más de una década, la idea del ex-presidente Bill Clinton de establecer una reforma de salud con cobertura universal.
En Estados Unidos el sistema de salud está dividido entre el sistema privado y el público, pero ambos son manejados como “negocio” (definición de libre empresa). En teoría, este sistema de libre empresa debería proveer eficiencia, precios accesibles en servicios de salud y ambiente de competitividad, que permitiría un exitoso sistema de salud privado basado en el sistema de Salud Pre-pagada (Managed Health Care); este sistema no existe, pues tanto para el empleador como para independientes, tiene muy altos costos.
En el sector público, el gobierno aporta a la salud con 2 de sus programas, accesibles pero altamente burocráticos: Medicare, que se inició en 1965 y cubre cerca de 45 millones, entre quienes están los jubilados mayores de 65 años y discapacitados, que tienen acceso a medicinas, servicios médicos y otras ayudas. Y el otro programa, Medicaid, ayuda a unos 55 millones de norteamericanos de bajos recursos; esta asistencia no siempre cubre la totalidad de costos médicos y algunas veces, exige co-pagos a los afiliados.
Objetivos y debate
La Reforma de Salud liderada por Obama es humana y busca acabar el sistema actual, cuyas contradicciones chocan con la idea de un sistema de salud justo y eficiente. Se espera que la reforma integral del sistema de salud debería: reducir el crecimiento a largo plazo de costos de asistencia médica para empresas y gobierno; proteger las familias de la bancarrota o deudas por costos de asistencia médica; garantizar elección del médico y de planes de salud; invertir en prevención y bienestar; mejorar seguridad del paciente y calidad de la asistencia; garantizar cobertura médica asequible y de gran calidad a todos los estadounidenses; mantener cobertura cuando alguien cambia de empleo o lo pierde; eliminar obstáculos para la cobertura de personas con afecciones médicas pre-existentes.
El objetivo primordial de la reforma es garantizar el cubrimiento universal. Esta lógica de un gobierno social-demócrata como el de Obama, generó un debate centrado en 3 puntos: Los grandes costos del sistema de seguridad social y Medicare de Estados Unidos; la batalla política entre Republicanos y Demócratas sobre cómo mejorar el sistema de salud; y la desigualdad del sistema de salud para distintos grupos sociales, en particular las minorías étnicas. El primero amerita la discusión del por qué debe haber cobertura universal, pues a medida que la población estadounidense envejece, los recursos monetarios de seguridad social se utilizan más rápido, mientras la nueva ola de empleados no provee suficientes fondos para sostener estos pagos. Entre 2000 y 2008, el porcentaje de empresas que ofrecían cobertura de seguro médico a sus empleados se redujo de 69 a 63%; en empresas con menos de 10 trabajadores, más aún: de 57 a 49%.
Los políticos de cada bando defienden creencias, pero mas triste aún, velan por sus intereses. El debate mantiene en vilo al mayor beneficiado de esta historia: la población de Estados Unidos. El mercado de libre empresa en salud es defendido por el partido republicano, lo que impide la reforma; por último, la desigualdad de esta sociedad se hizo mucho más evidente durante la crisis económica. Grupos sociales minoritarios reciben la peor asistencia en salud, porque más del 50% de las minorías viven en pobreza o casi en ella.
Hasta que Estados Unidos no acepte que tiene un presidente afro-descendiente que piensa en los demás, no considere modelos de salud exitosos alrededor del mundo y un cambio de estrategia nacional, sus problemas de salud empeorarán. Estados Unidos sería la única nación con una economía del primer mundo y un sistema médico del tercer mundo. Los cambios necesarios no se harán mientras todas las partes involucradas no hagan propuestas contundentes para que el sistema de salud universal se haga realidad. El gobierno, la empresa privada y la ciudadanía deben decidir colectivamente el futuro del sistema de salud, antes de que éste se convierta en una pesadilla peor que la guerra .
 
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