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ignorancia es atrevida y el egoísmo se reduce a un propio
yo. Esta es la realidad de la reforma de salud estadounidense,
en donde el interés de unos pocos que ostentan el poder
obstaculiza el bienestar de toda una nación. |
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El
presidente de Estados Unidos, Barack Obama, avanza con una propuesta
fundamental de su campaña y su gobierno: la reforma al
sistema de salud. En el actual, 47 millones de personas no tienen
seguro de salud (15 millones de ellos, son hispanos); y el gasto
en salud es mucho más alto que en cualquier nación
desarrollada. Es claro: se necesita un cambio. Estados Unidos
gastó US$2.4 trillones en 2008; el país invierte
en salud 16% del Producto Interno Bruto, 63% más que
el promedio de otros países desarrollados que invierten
9.4%.
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La
expectativa de vida promedio en los 12 países más
ricos del mundo es 80.2 años: en Estados Unidos 78.5
años. Esto es insostenible e inaceptable, pero muchos
políticos creen que la salud no debe ser un derecho en
este país.
La Fundación Robert Wood Johnson reportó que si
los esfuerzos para la reforma no son aprobados, el costo de
la salud se duplicará y los americanos sin seguro médico
serían unos 65.7 millones en 10 años, siendo las
familias de clase media las más afectadas.
La Reforma cuenta con el apoyo de la Asociación Médica
Americana (AMA), la Asociación de Tecnología Médica
Avanzada, la Asociación Americana de Hospitales, la Asociación
de Planes de Seguro Médico, la Asociación de la
industria farmacéutica y aparatos médicos, y el
sindicato de trabajadores. Su propósito es trabajar conjuntamente
para reducir en US$2 trillones o más el gasto en salud
en la próxima década.
Como se evidenció en los últimos meses, tener
un presidente progresista en una nación puritana y muchas
veces egocéntrica, hizo que cuando están listas
reformas de fondo, el status quo representado por ciertos grupos
utiliza influencias, aliados políticos y medios de comunicación
para impedirlas. Estos grupos truncaron hace ya más de
una década, la idea del ex-presidente Bill Clinton de
establecer una reforma de salud con cobertura universal.
En Estados Unidos el sistema de salud está dividido entre
el sistema privado y el público, pero ambos son manejados
como negocio (definición de libre empresa).
En teoría, este sistema de libre empresa debería
proveer eficiencia, precios accesibles en servicios de salud
y ambiente de competitividad, que permitiría un exitoso
sistema de salud privado basado en el sistema de Salud Pre-pagada
(Managed Health Care); este sistema no existe, pues tanto para
el empleador como para independientes, tiene muy altos costos.
En el sector público, el gobierno aporta a la salud con
2 de sus programas, accesibles pero altamente burocráticos:
Medicare, que se inició en 1965 y cubre cerca de 45 millones,
entre quienes están los jubilados mayores de 65 años
y discapacitados, que tienen acceso a medicinas, servicios médicos
y otras ayudas. Y el otro programa, Medicaid, ayuda a unos 55
millones de norteamericanos de bajos recursos; esta asistencia
no siempre cubre la totalidad de costos médicos y algunas
veces, exige co-pagos a los afiliados.
Objetivos y debate
La Reforma de Salud liderada
por Obama es humana y busca acabar el sistema actual, cuyas
contradicciones chocan con la idea de un sistema de salud justo
y eficiente. Se espera que la reforma integral del sistema de
salud debería: reducir el crecimiento a largo plazo de
costos de asistencia médica para empresas y gobierno;
proteger las familias de la bancarrota o deudas por costos de
asistencia médica; garantizar elección del médico
y de planes de salud; invertir en prevención y bienestar;
mejorar seguridad del paciente y calidad de la asistencia; garantizar
cobertura médica asequible y de gran calidad a todos
los estadounidenses; mantener cobertura cuando alguien cambia
de empleo o lo pierde; eliminar obstáculos para la cobertura
de personas con afecciones médicas pre-existentes.
El objetivo primordial de la reforma es garantizar el cubrimiento
universal. Esta lógica de un gobierno social-demócrata
como el de Obama, generó un debate centrado en 3 puntos:
Los grandes costos del sistema de seguridad social y Medicare
de Estados Unidos; la batalla política entre Republicanos
y Demócratas sobre cómo mejorar el sistema de
salud; y la desigualdad del sistema de salud para distintos
grupos sociales, en particular las minorías étnicas.
El primero amerita la discusión del por qué debe
haber cobertura universal, pues a medida que la población
estadounidense envejece, los recursos monetarios de seguridad
social se utilizan más rápido, mientras la nueva
ola de empleados no provee suficientes fondos para sostener
estos pagos. Entre 2000 y 2008, el porcentaje de empresas que
ofrecían cobertura de seguro médico a sus empleados
se redujo de 69 a 63%; en empresas con menos de 10 trabajadores,
más aún: de 57 a 49%.
Los políticos de cada bando defienden creencias, pero
mas triste aún, velan por sus intereses. El debate mantiene
en vilo al mayor beneficiado de esta historia: la población
de Estados Unidos. El mercado de libre empresa en salud es defendido
por el partido republicano, lo que impide la reforma; por último,
la desigualdad de esta sociedad se hizo mucho más evidente
durante la crisis económica. Grupos sociales minoritarios
reciben la peor asistencia en salud, porque más del 50%
de las minorías viven en pobreza o casi en ella.
Hasta que Estados Unidos no acepte que tiene un presidente afro-descendiente
que piensa en los demás, no considere modelos de salud
exitosos alrededor del mundo y un cambio de estrategia nacional,
sus problemas de salud empeorarán. Estados Unidos sería
la única nación con una economía del primer
mundo y un sistema médico del tercer mundo. Los cambios
necesarios no se harán mientras todas las partes involucradas
no hagan propuestas contundentes para que el sistema de salud
universal se haga realidad. El gobierno, la empresa privada
y la ciudadanía deben decidir colectivamente el futuro
del sistema de salud, antes de que éste se convierta
en una pesadilla peor que la guerra . |
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