MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMÉRICA No. 334 JULIO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
Los niños menores de cinco años y los adultos mayores continúan entre los grupos que más demandan atención por infecciones respiratorias agudas (IRA) en los servicios de salud. Este comportamiento mantiene presión y reabre el debate sobre la capacidad del sistema para responder desde la prevención.
La IRA es uno de los eventos de mayor vigilancia epidemiológica en el país. La enfermedad presenta un patrón estacional y coincide con las temporadas de lluvias y variaciones climáticas. Sin embargo, pese a tratarse de un patrón conocido, la respuesta del sistema sigue siendo principalmente reactiva.En la semana epidemiológica 24 de 2026 se notificaron 6.195 hospitalizaciones por IRA en sala general. Los registros recientes muestra disminuciones en algunos departamentos como Santiago de Cali, Cesar, Guainía, La Guajira y Risaralda, mientras que se observaron aumentos en Amazonas, Arauca, Barranquilla, Caquetá, Cartagena de Indias, Córdoba, Cundinamarca, Guaviare, Magdalena y Santa Marta.
El ascenso de virus respiratorios impacta directamente los servicios de salud, generando congestión en urgencias, mayores tiempos de atención, retrasos en la atención de otras patologías, ocupación de camas hospitalarias y presión sobre el talento humano en salud.
En las últimas cuatro semanas epidemiológicas (21 a 24 de 2026), los mayores de 60 años representaron el 24,4 % de las hospitalizaciones (6.047 casos), seguidos por los niños entre dos y cuatro años con el 17,3 % (4.306 casos).
Para el experto en salud pública Carlos Valdivieso, miembro de Acuerdos Fundamentales y expresidente del Colegio Médico de Antioquia, las IRA presentan picos estacionales cada año. “En 2026 se registraron dos picos: entre febrero y marzo (semanas 06 a 11) y entre finales de abril y mayo (semanas 18 a 22). En las últimas semanas se ha observado un incremento de hospitalizaciones en UCI en menores de un año (21 %) y mayores de 60 años (33,5 %)”, señaló.
El especialista advirtió que este incremento genera tensión sobre la red hospitalaria: “Se evidencia saturación en servicios generales, pediátricos y UCI. La situación financiera de muchas IPS ha llevado incluso al cierre de algunos servicios”.
El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) proyecta una probabilidad del 61 % de fenómeno de El Niño entre mayo y julio de 2026, con incremento superior al 90 % hacia septiembre. Este escenario, junto con el calor extremo, la baja humedad y los incendios forestales, incrementa la irritación de las vías respiratorias y la susceptibilidad a infecciones, especialmente en menores de cinco años, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
También influyen las oscilaciones térmicas, la permanencia en espacios cerrados durante temporadas de lluvia y la contaminación del aire, factores asociados al aumento de enfermedades respiratorias y al agravamiento de patologías como asma y enfermedad pulmonar.
En ciudades como Bogotá y Medellín, los episodios de contaminación suelen coincidir con los picos respiratorios, aumentando la sobrecarga en el sistema.
En la región de las Américas, la influenza continúa en descenso, con circulación de influenza B en el norte e influenza A (H3N2) en el sur. El virus sincitial respiratorio (VSR) presenta incremento en la región Andina, Brasil y el Cono Sur, mientras que el SARS-CoV-2 mantiene tendencia a la baja.
El INS mantiene a los menores de cinco años como grupo prioritario de vigilancia. Aunque la mortalidad infantil ha disminuido, muchas muertes siguen siendo prevenibles mediante vacunación, consulta temprana y acceso oportuno.
El INS recomienda fortalecer la comunicación del riesgo sobre medidas no farmacológicas como el lavado de manos, la etiqueta respiratoria, el uso de tapabocas, la ventilación adecuada, el distanciamiento y el aislamiento de sintomáticos, especialmente en comunidades en riesgo de inundación y poblaciones en refugios temporales.
Asímismo, plantea reforzar la vigilancia epidemiológica con monitoreo continuo, intensificar la detección de comportamientos inusuales y activar acciones en zonas afectadas por eventos hidrometeorológicos.
Se recomienda, además, educar para la identificación temprana de signos de alarma, priorizando poblaciones vulnerables como menores de cinco años, adultos mayores y personas con comorbilidades.
De igual forma, se debe promover la vacunación contra el COVID-19 e influenza estacional, garantizar condiciones adecuadas de ventilación en alojamientos temporales y evitar el hacinamiento.
Otra prioridad es establecer rutas claras de atención para casos graves y notificar oportunamente posibles brotes en alojamientos temporales, activando los protocolos del INS y las autoridades territoriales.
Finalmente, se recomienda evaluar la capacidad instalada y articular acciones con la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y los consejos territoriales para integrar la vigilancia de IRA en los planes de respuesta ante emergencias.
Las infecciones respiratorias agudas seguirán representando uno de los principales desafíos para el sistema de salud. La diferencia estará en la capacidad de anticiparse mediante prevención, vacunación, vigilancia epidemiológica y una atención primaria que reduzca la necesidad de hospitalizaciones y la presión sobre la red de urgencias.
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