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Consultas a un clic, la nueva preocupación médica en la cultura de la inmediatez

Autor
Por: Katherin Castaño
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Años atrás cuando alguien quería curarse de algo que, a simple vista, no era “tan grave”, lo que más a la mano estaba era una abuela experta en remedios caseros o una droguería de barrio, donde siempre había un regente dispuesto a recomendar el medicamento que, según su criterio, curaba. Si el remedio o el medicamente no surtía su efecto, ahí se consideraba “ir al médico”.

En ese entonces, automedicarse parecía ser lo más grave para la seguridad del paciente a la luz de la medicina convencional. Pero los tiempos han cambiado y, con ellos, las preocupaciones médicas.

La llegada de Internet y el acceso generalizado a dispositivos digitales dejan a pocos al margen de la cultura de la inmediatez, que, impulsada por la tecnología, ha propiciado que un computador o un celular se conviertan en el canal más rápido para acceder a información en línea. Y la salud no se salva de eso.

La cibercondría —el hábito de consultar obsesivamente internet para autodiagnosticarse enfermedades—, que inició a comienzos de los años 2000, ya no goza de la misma popularidad, adquirió mala fama porque solía ofrecer una interpretación catastrófica de cualquier molestia física. Por eso, «googlear» ya es obsoleto si de un autodiagnóstico se trata; ahora está la inteligencia artificial (IA).

Aunque pueda parecer un término reciente, de ella se habla desde 1956. A partir de entonces, esta tecnología evolucionó y se perfeccionó hasta que su auge masivo llegó en 2024. Lo que antes parecía ficción (acceder fácilmente a una plataforma capaz de responder, crear y resolver tareas) hoy forma parte de la vida cotidiana.

Lorena Pérez, de 29 años, aseguró que desde que comenzó a utilizar la IA redujo considerablemente el número de citas médicas que solicitaba para ella y su esposo en la EPS. Su pareja atraviesa una enfermedad que ha requerido la valoración de varios especialistas y, entre una consulta y otra, utilizan la IA para compartir fotografías de las zonas afectadas de su cuerpo y obtener información a un clic sobre la evolución del tratamiento.

“No veo la necesidad de ir al médico si puedo adjuntar mis exámenes a la IA, ella me dice si hay algo irregular y ahí sí consulto. Todas las preguntas que me surgen me las resuelve en cuestión de segundos y no tengo que esperar a que me den una cita”, dijo.

Pero ¿qué implicaciones tiene reemplazar una consulta con un médico por la consulta a una máquina?

“La IA puede ser una herramienta como primer punto de consulta en salud, pero también plantea riesgos importantes si sustituye el juicio clínico, la relación médico- paciente o la autonomía informada de las personas”, así lo indicó Luisa Fernanda Giraldo Mejia, médica especialista en Bioética de la Universidad El Bosque.

¿La IA podría descongestionar el sistema?

Si bien ante cualquier síntoma la recomendación ideal siempre ha sido consultar con un profesional de la salud, en la práctica el acceso a la consulta no es tan oportuno como debería.

La Resolución 1552 de 2013 del Ministerio de Salud establece que los plazos para las citas en medicina y odontología general deben ser asignadas dentro de los tres días hábiles siguientes a la solicitud. Sin embargo, en el ejercicio de solicitar una cita con médico general presencial, los tiempos de espera pueden extenderse hasta un mes.

Y aunque no existiera la congestión que enfrenta el sistema de salud, resulta absurdo comparar los tiempos de respuesta de la inteligencia artificial con los de un médico, incluso en una cita prioritaria o de urgencia.

Sin embargo, la inmediatez no es el único factor que debe considerarse al confiar en una respuesta relacionada con la salud. La atención tiene un componente indispensable: el cuidado. Sin él, la enfermedad se reduciría a un problema exclusivamente biológico y la atención perdería su dimensión humana.

Para Giraldo Mejía, el escenario más deseable no es uno en el que la inteligencia artificial sustituya al médico, sino uno en el que permita que el profesional dedique más tiempo a lo verdaderamente humano: escuchar, acompañar, deliberar y cuidar.

“El mayor valor de la IA radica en complementar el trabajo de los profesionales y mejorar la eficiencia de los procesos, no en reemplazar la atención. Desde la bioética, la pregunta sería cómo hacerlo según los principios de beneficencia, autonomía y justicia”, concluyó.

Ética en la tecnología

Pero la medicina no es la única que se preocupa por la ética. Juan Diego Ramos, ingeniero de sistemas de la Universidad de Manizales y magíster en Gerencia de Proyectos de EAFIT, afirmó que la ética es un factor que cada vez tiene mayor relevancia en el desarrollo de nuevas tecnologías, aunque su aplicación todavía representa un desafío debido al carácter subjetivo de su naturaleza.

“No todas las IA distinguen por sí solas entre fuentes científicas y contenidos sin respaldo, por lo que siempre es necesario validar con criterio profesional la veracidad de la información que consumen estos sistemas”.

En esa misma línea, un estudio realizado en Estados Unidos por investigadores del Instituto Lundquist para la Innovación Biomédica, concluyó que algunos chatbots analizados tuvieron un desempeño deficiente al responder preguntas en los ámbitos de la salud y la medicina, donde las búsquedas en la IA son frecuentes. De ahí el riesgo de amplificar la desinformación y poner en riesgo la integridad.

IA en la salud mental

Pero las consultas de salud física no son solo las que están en juego. Los psicólogos han hecho un llamado constante para que la salud mental no quede en manos de una plataforma digital. Así lo explicó Diony Pérez, psicóloga y estudiante de la maestría en neuropsicología clínica en la Fundación Universitaria Internacional de La Rioja, quien además reiteró que, aunque la IA sirve como apoyo de información, jamás será el sustituto de un terapeuta.

“La IA puede orientar y entregarle información útil a una persona, pero jamás puede reemplazar el vínculo que se crea entre el psicólogo y el paciente, nosotros en las consultas nos permitimos conocer sus emociones, interpretamos el lenguaje no verbal, validamos su historia de vida y según el contexto adaptamos el plan de intervención y terapia”.

El creciente uso de herramientas tecnológicas obliga a cuestionar las nuevas dinámicas de la atención médica e invita a un análisis más profundo y consciente de la relación médico-paciente, en el que la IA no es un enemigo, sino un complemento que puede agilizar procesos operativos, pero jamás sustituir tareas exclusivamente humanas.


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Autor

Andrea Ochoa Restrepo

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