MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMÉRICA No. 334 JULIO DEL AÑO 2026 ISNN 0124-4388
Cuando una persona cumple 60 años en Colombia, pasa a formar parte de los 8.1 millones de adultos mayores que viven en el país. Este grupo representa cerca del 15 % de la población y refleja el acelerado proceso de envejecimiento demográfico que atraviesa Colombia.
De acuerdo con los análisis de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la caída de la natalidad está acelerando el envejecimiento de las personas. Actualmente, la edad mediana en Colombia es de 32 años y solo el 10 % de los habitantes supera los 65 años. Sin embargo, las proyecciones advierten que, para 2050, esa proporción aumentará a uno de cada cinco colombianos y que, en 2070, será de uno de cada tres. La esperanza de vida también crecerá: en 50 años se estima que alcanzará los 85 años, siete más que la actual.
A nivel global, la Organización Mundial de la Salud proyecta que el número de personas de 60 años o más aumentará de 900 millones a 2.000 millones entre 2015 y 2050, al pasar del 12 % al 22 % de la población mundial.
Ante este panorama demográfico, es prioritario reflexionar sobre el tipo de sociedad que se está construyendo en relación con la dignidad y la atención que requieren los adultos mayores, especialmente en un país como Colombia, donde este grupo poblacional crece de manera sostenida.
La Ley 1251 de 2008 busca garantizar la participación y el ejercicio de los derechos de las personas mayores en la sociedad. Aunque existen políticas orientadas a proteger a las personas mayores, diversos análisis señalan limitaciones en su implementación, lo que hace que gran parte del cuidado continúe recayendo sobre las familias.
María Catalina Hernández Arboleda, psicóloga y coordinadora de un centro geriátrico en Medellín, relata desde su experiencia que es frecuente que algunos adultos mayores ingresen a hogares geriátricos en condiciones de alta vulnerabilidad.
“He conocido casos de abandono, pobreza, aislamiento social o necesidades de salud que no fueron atendidas oportunamente. También influyen la ausencia de redes de apoyo y el desgaste de los cuidadores o de las familias, que no cuentan con las herramientas necesarias para afrontar los procesos propios del envejecimiento”.
En la misma línea, Guillermo Valencia, licenciado en actividad física y especialista en gerontología, coincide con lo anterior y afirma que uno de los principales desafíos que enfrentan es la invisibilización de sus necesidades dentro del sistema de salud y de las políticas públicas.
“En algunas instituciones o servicios de salud, las personas mayores reciben una atención despersonalizada porque se asume que ciertos dolores o limitaciones ‘son normales por la edad’, cuando en realidad podrían prevenirse o tratarse adecuadamente”.
Hernández Arboleda afirma que el sistema no responde de manera integral, pues aborda las enfermedades por separado sin considerar a la persona en toda su complejidad física, psicológica y social.
“Solemos asociar el maltrato con agresiones físicas, pero, en la realidad, las situaciones más frecuentes son las emocionales, como la indiferencia y la desatención de necesidades básicas”.
Además, el sistema de salud no está diseñado para garantizar un acceso universal a la atención. Pese a que parte de esta población está afiliada al sistema de salud, en la práctica persisten barreras relacionadas principalmente con trámites administrativos complejos que, en su mayoría, se realizan mediante herramientas tecnológicas de difícil manejo para estos usuarios, lo que agudiza su dependencia de las redes de apoyo.
“Si no fuera por mi hija o mi nieta, yo no podría conseguir las citas con el cardiólogo porque uno llama, pero lo enredan mucho. No contestan personas, sino unas máquinas, y yo no sé cuáles números marcar. Lo mismo pasa en la EPS: tengo que estar acompañada porque no sé cuál ficha coger. Todo es muy complicado”, relató María del Rocío Correa, de 76 años y paciente, quien desde 2021 debe asistir con mayor frecuencia a controles de hipertensión y cardiología tras haber sufrido dos infartos.
La paciente añadió que incluso reclamar los medicamentos ha sido un dolor de cabeza. “Uno pregunta en la taquilla y lo que le dicen es que renueve la fórmula por WhatsApp, pero yo no sé manejar el celular”.
A esta situación se suman dificultades propias del sistema, como la demora en las autorizaciones y las largas listas de espera para acceder a especialistas, lo que ralentiza procesos necesarios para mantener una calidad de vida digna.
No obstante, no todo es enfermedad o pérdida de autonomía. El envejecimiento no debe asociarse únicamente con enfermedad o dependencia. Un informe del Banco Mundial afirma que, si los países en desarrollo adoptaran medidas audaces para promover una longevidad saludable, podrían salvar 150 millones de vidas. Además, al reducir los costos de la atención médica, promover estilos de vida más saludables, aumentar la productividad de la fuerza laboral y disminuir el gasto público en servicios sociales, también se generaría un importante valor económico.
Si conoce un caso de maltrato contra una persona mayor, existen canales de atención para garantizar su protección. La Línea 123 coordina el apoyo de la Policía Nacional. Las denuncias pueden presentarse ante las comisarías de familia, cuando el maltrato ocurre en el ámbito intrafamiliar, o ante la Fiscalía General de la Nación. Además, la Personería Municipal brinda orientación y vela por la protección de los derechos humanos.
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