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Donde también se cuida la vida silvestre

En el Hospital San Vicente Fundación Medellín cuidar la vida también significa proteger los árboles y la fauna silvestre.

Autor
Por: Andrea Ochoa Restrepo
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Mientras un médico se dirige a una cirugía, un bichofué canta entre las ramas de un árbol centenario. A pocos metros, una guacamaya atraviesa el cielo y un colibrí encuentra alimento entre las flores del jardín. Son escenas que pasan inadvertidas para muchos, pero que cuentan una historia silenciosa: en el Hospital San Vicente Fundación Medellín no solo se cuida la vida de quienes llegan buscando atención médica, también se protege la vida que habita este entorno.

En pleno centro de Medellín, el Hospital conserva uno de los pulmones verdes más importantes de la ciudad. Sus cerca de 560 árboles, pertenecientes a alrededor de 100 especies, albergan un ecosistema compuesto por 38 especies de fauna silvestre: 33 especies de aves, tres mamíferos y dos reptiles que conviven diariamente con pacientes, familias, colaboradores y visitantes.

Este patrimonio natural refleja una manera de entender la misión institucional. Durante 113 años, el Hospital ha cuidado la salud de las personas y, al mismo tiempo, ha preservado esa riqueza natural que la sostiene.

De esa convicción nació la Guía Ilustrada de Fauna, un proyecto desarrollado entre el área ambiental y los equipos de Marca y Donaciones para acercar a colaboradores, visitantes y ciudadanos a la biodiversidad que habita el campus hospitalario.

Como explica Ana María Londoño Rivera, jefe de Cooperación y Donaciones del Hospital San Vicente Fundación: “Esas especies estaban aquí antes de que nosotros llegáramos. Entonces, yo creo que lo mínimo es darles ese lugar”.

Más que un inventario científico, la publicación fue concebida como una herramienta de divulgación. “El espíritu de la guía es divulgativo. Los textos son muy livianos; tienes el nombre común y científico de las especies, así como alguna información que va a permitir al lector verlos aquí, apreciarlos un poquito más o saber dónde van a estar, en resumen: cuidarlos”.

Para Ana María, la guía también representa una manera de entender el propósito institucional. “declaramos el propósito superior: cuidar la vida, este proyecto nos lleva a pensarlo en plural; cuidamos las vidas. No es que nuestra vocación como hospital se vaya a trasladar a las especies animales; es que sabemos que viven aquí, las respetamos y nos interesa que siempre están volviendo. Somos un refugio de vida”.

Esa visión también sorprendió a Paula Andrea Giraldo Molina cuando llegó como ingeniera ambiental al Hospital. Encontró un campus con una amplia cobertura arbórea, un inventario de fauna elaborado por especialistas y una comunidad que entiende el cuidado ambiental como parte de su trabajo cotidiano. Con el tiempo comprendió que esa riqueza natural no era producto del azar, sino el resultado de años de conservación.

Ese compromiso se refleja en situaciones cotidianas. Apenas una semana después de ingresar a la institución, comenzó a recibir llamadas de colaboradores que preguntaban cómo actuar ante la presencia de unos búhos o llevaban hasta el área ambiental un colibrí herido para intentar salvarlo. Esas experiencias le confirmaron que el cuidado por la fauna hace parte de la vida diaria del Hospital y no únicamente de un proceso técnico.

Gracias a su ubicación, San Vicente hace parte de un corredor ecológico conformado por el Hospital, la Universidad de Antioquia y el Jardín Botánico, lo que facilita el tránsito de aves y otras especies entre estos espacios verdes.

Como explica Ana María Londoño: “Es un circuito muy valioso para la ciudad; y se puede percibir: baja un poquito la temperatura y el ruido. Lo mismo les pasa a los animales; ellos también sienten que aquí pueden habitar “.

Mantener este equilibrio requiere un trabajo permanente de conservación. El Hospital realiza mantenimiento de los árboles, monitorea sus condiciones fitosanitarias y desarrolla labores de jardinería para garantizar que las zonas verdes continúen ofreciendo alimento, y condiciones adecuadas para la fauna silvestre.

La apropiación también ha llegado al personal asistencial. Paula recuerda el caso de una médica aficionada al avistamiento de aves que durante años fotografió las especies presentes en el Hospital y soñaba con elaborar una guía similar, una muestra de que la biodiversidad ya hacía parte de la identidad de quienes trabajan en la institución.

La salud también comienza por el entorno

La gestión ambiental hospitalaria ha evolucionado más allá del cumplimiento de la normatividad. Hoy incorpora una visión que reconoce la estrecha relación entre la salud humana, la salud animal y la salud de los ecosistemas.

“Un concepto que tiene repercusión recientemente es el de: una sola salud, donde definitivamente se busca que no solo nos centramos en la salud de las personas, sino que también se garantice la salud ambiental y la salud de los animales”.

Desde esa perspectiva, conservar los árboles y proteger la biodiversidad también beneficia directamente a las personas. Las zonas verdes aportan sombra, capturan dióxido de carbono, ayudan a regular la temperatura y favorecen la presencia de múltiples especies.

“Cuando cuidamos el entorno también estamos cuidando la salud. Los árboles garantizan un ecosistema donde nos volvemos un pulmón verde, damos sombra, aportamos a la absorción de CO2 y generamos el espacio para que puedan llegar esas especies de fauna”.

Conocer para cuidar

La Guía Ilustrada de Fauna busca despertar una nueva forma de observar el entorno cotidiano. Más que identificar especies, invita a reconocer que forman parte del patrimonio natural de la ciudad.

Como resume Paula Giraldo: “Lo que no se conoce no se cuida”.

Ella misma reconoce que el proyecto transformó su manera de recorrer el Hospital y la ciudad. Ahora identifica aves que antes pasaban inadvertidas y espera que quienes consulten la guía vivan esa misma experiencia.

Ana María comparte esa expectativa. “Si logramos que las personas que se acerquen a esta guía aprecien la fauna que hay ahí —que, mal dicho, es la del San Vicente, porque es la de esta ciudad—, yo creo que vamos a ser más sensibles, más conectados y más dispuestos a cuidar”.

Un legado que inspira

Para Ana María Londoño, esta iniciativa demuestra que la protección a la fauna no es una tarea exclusiva de las autoridades ambientales. Todas las organizaciones y todos los ciudadanos pueden aportar desde su propio ámbito de acción.

“Yo creo que este es un momento en el que no hay ninguna profesión, ninguna organización y ninguna área que pueda marginarse del valor que tienen las vidas. Todos, como ciudadanos, tenemos esa responsabilidad”.

Desde la gestión ambiental, Paula coincide en que conservar estos espacios fortalece la relación entre las personas y su ambiente.

“Vale la pena hacer esfuerzos en estas actividades de conservación. Los resultados muestran que al final todo está conectado y que la vida definitivamente se cuida desde muchas perspectivas”.

En el Hospital San Vicente Fundación Medellín, cuidar la salud también significa proteger el espacio donde la vida —en todas sus formas— encuentra un espacio para permanecer. Bajo la sombra de un árbol centenario, en el vuelo de una guacamaya, en el canto de un bichofué o en el gesto de quien decide rescatar un colibrí herido, el Hospital recuerda que cuidar la vida también es cuidar el mundo que la hace posible.


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Andrea Ochoa Restrepo

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