MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 324 SEPTIEMBRE DEL AÑO 2025 ISNN 0124-4388
Las transfusiones sanguíneas son esenciales para salvar vidas en situaciones críticas, como cirugías complejas, accidentes o anemia aguda. No obstante, implican riesgos similares a los de un trasplante, como infecciones o reacciones adversas. Además, requieren bancos de sangre bien abastecidos, lo que representa un reto constante para los sistemas de salud.
Las transfusiones son procedimientos antiguos, tradicionales y efectivos, aunque no inocuos. En las décadas de 1970 y 1980, médicos como el australiano James Isbister y el estadounidense Ron Lapin comenzaron a explorar alternativas que permitieran reutilizar la propia sangre del paciente en su tratamiento.
Motivados por diferentes causas, Isbister pretendía reducir el riesgo de infección presente en una transfusión alogénica (externa) y examinó los beneficios de una autóloga (del mismo paciente); Lapin, por su parte, consideró las preferencias de los pacientes cuya religión no les permite recibir transfusiones y buscó alternativas.
Sin importar el motivo, ambos abrieron camino a un programa hoy bien establecido que, años más tarde y después de varios estudios y análisis, se ha consolidado como una propuesta futurista y beneficiosa para la salud pública mundial: los primeros pasos del Programa de Gestión de la Sangre del Paciente (PBM, por sus siglas en inglés, Patient Blood Management).
No se trata de desacreditar las transfusiones, ya que son vitales. Sin embargo, al ser una práctica común dentro del personal de atención primaria, se normalizó al punto de incurrir en un uso inapropiado. Cuando no son completamente necesarias, las transfusiones pueden traer consigo efectos secundarios o adversos.
Pese a que desde la década de 1970 se venían explorando alternativas y realizando estudios con relación al programa, no fue sino hasta 2005 que el hematólogo australiano James Isbister introdujo el término “Gestión de la Sangre del Paciente” —que corresponde al tratamiento y reutilización de la sangre— y trasladó el enfoque centrado en el componente sanguíneo hacia un enfoque centrado en el paciente.
El programa de Patient Blood Management se basa en tres principios clave:
La implementación de estos pilares en un programa pionero en Australia Occidental (2008-2014), que incluyó a 605 046 pacientes, dirigido por James Isbister y publicado por múltiples organizaciones de la salud, incluida la OMS, demostró en su impacto:
La implementación de este programa se inicia desde el enfoque quirúrgico y está justificada porque ha demostrado tener un impacto positivo en los desenlaces de los pacientes llevados a cirugía electiva mayor, ya que disminuye la utilización de recursos de atención de salud, así como los gastos, la dependencia transfusional y los riesgos y complicaciones de la misma, promoviendo a la vez la seguridad del paciente.
Además, se avanzará progresivamente a otras especialidades y se proyecta impactar con este programa no solo al paciente quirúrgico, sino también al paciente con patología médica, beneficiando tanto a adultos como a niños.
La firma con la Sociedad Iberoamericana de Patient Blood Management (SIAPBM) el pasado 28 de marzo de 2025 representa para el Hospital el compromiso con un modelo de atención más seguro, eficiente y centrado en el paciente, orientado por las capacitaciones en técnicas y modos de proceder que la sociedad brinda a sus aliados. Tal convenio supone beneficios y también responsabilidad.
El doctor Diego Zuluaga Santamaría, anestesiólogo cardiovascular del Hospital y presidente de la SIAPBM en Colombia, destaca que este programa cambia la manera en que entendemos la sangre: no como un insumo ilimitado, sino como un recurso vital que debe gestionarse rigurosamente.
El doctor Andrés Zapata Cárdenas, director de la Unidad de Adultos del Hospital y miembro del comité del programa, resalta que el PBM abre un nuevo capítulo en la seguridad del paciente, reduciendo complicaciones y optimizando recursos hospitalarios.
Paula Martínez Quintero, enfermera gestora y líder del comité, enfatiza la importancia de educar al personal de salud para reemplazar prácticas innecesarias por alternativas vanguardistas con mejores resultados.
El programa fortalece la excelencia institucional y se traduce en beneficios directos para los pacientes: menor riesgo, mayor seguridad y recuperación más rápida.
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