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| La
salud pública colombiana... ¿seguirá siendo
la Cenicienta del sistema? |
Si bien el tema de la salud pública ha saltado
a titulares de medios de información por la pasada epidemia
de fiebre amarilla y los sonados casos de falta de suero antiofídico
en el país, el problema no se limita a estas situaciones
particulares sino a la queja generalizada de los especialistas,
que tratan de señalar a gritos que si el país
no les presta atención, probablemente todo el sistema
de salud puede colapsar. Algunos senadores hablan en los corredores
del Congreso sobre la urgente necesidad de evaluar la Ley 100:
diez años después de entrar en vigencia, ha logrado
el milagro de que el estado de la salud pública no sólo
se haya estancado, sino que de manera increíble, cual
si fuera un cangrejo, se haya llegado a peores condiciones de
las que se tenían en los años 80s y 70s.
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Falta coordinación y vigilancia,
dice la Defensoría
Para la Defensoría del Pueblo la situación
es grave: la salud pública está pasando tal
vez por su peor momento, porque se quedó en el aspecto
externo, sin considerar cuál era el modelo que más
le servía al país, según manifestó
la doctora Martha Lucía Gualtero, asesora en salud
de la Secretaría General de la Defensoría;
y según el doctor Darío Mejía, Secretario
General de la entidad, en la epidemia de fiebre amarilla
y las muertes por falta de suero antiofídico, el
manejo dado por el Ministerio no fue el adecuado, por cuanto
tratar de minimizarle a la opinión pública
la verdadera magnitud de un problema, me parece con todo
el respeto, no fue responsable, además, y probablemente
de buena fe, se actuó de manera contraria a lo recomendable,
ya que en estos casos dar una alerta es la forma de hacer
que la población que está descuidada, inerme
y que puede ser una víctima, entre en una especie
de pánico enérgico que le permita, como ocurrió
con la fiebre amarilla, ir a buscar la vacuna Y enfatizó:
nos parece muy preocupante que el Ministerio de la
Protección Social, como director supremo del sistema,
se queje de que uno de los graves problemas que tiene la
salud pública es la falta de coordinación
por virtud de la descentralización; si quien tiene
a su cargo la coordinación se queja de la ausencia
de la misma, es un reconocimiento claro de que no hay ninguna
coherencia ni ninguna unidad en el manejo del tema; es casi
una confesión. En comunicación enviada
a la Superintendencia Nacional de Salud en febrero pasado,
la Defensoría hizo observaciones a problemas como
la falta de coordinación y de control y vigilancia,
y la falta de una definición clara de competencias.
Todos esos puntos deben clarificarse para que no se
presente la confusión que se está dando en
el sector, expresó el Doctor Mejía.
Problema añejo
Pero la grave situación de la salud pública
en Colombia no es nueva y se ha anunciado en diferentes
oportunidades y desde varios sectores y medios. El problema
podía preverse desde la expedición de la Ley
100, que de sus 289 artículos originales, sólo
en uno establecía los beneficios de la salud colectiva;
es lógico entonces suponer que con un soporte legal
tan tímido, no podían esperarse resultados
mejores. Para el doctor Luis Carlos Ochoa, autoridad en
el tema y exsubdirector General de la OPS, la situación
es bastante clara, porque tanto la Nación como los
entes territoriales, EPS y ARS son culpables: Lo que
ha ocurrido es que estas instituciones, todas, no han asumido
sus responsabilidades: el Ministerio de Salud descuidó
en general las acciones de salud pública y se dedicó
a acciones de tipo asistencial, al POS, a la atención
de los vinculados, al plan subsidiado; en los departamentos
ocurrió lo mismo: las transferencias que reciben
de la Nación no las transfieren a los municipios;
las EPS y ARS no han cumplido con las acciones que tienen
que cumplir regularmente; y en los municipios, el personal
encargado de salud pública fue despedido, además
de que los municipios en su mayoría, han hecho mal
uso de los recursos de salud dándole otras destinaciones,
hecho comprobado por la Contraloría y por la Superintendencia
de Salud. De manera que hay problemas en todos los niveles
y en todas las instituciones. Sin embargo, para el
Doctor Ochoa el problema no surge de la Ley 100 sino del
mal funcionamiento particular de los actores del sector
salud, y en la aplicación por parte de los gobiernos
y las instituciones.
Un ejemplo
En documento de la Universidad de Antioquia de octubre de
2003 y en el cual se hacen comentarios sobre el proyecto
de Ley 017, se abordan indicadores de mortalidad materna
considerados como fundamentales, por cuanto las madres son
claves en la estructura social y por lo que significan en
la familia; en Antioquia a pesar de que la tendencia tuvo
un marcado y sostenido descenso entre 1943 y 1994, lapso
durante el cual se redujo el riesgo de morir 15 veces, se
observa un incremento a partir del 94 pasando de una tasa
de 40 por 100.000 nacidos vivos a 80 por 100.000 en el 2001;
esta preocupante duplicación en las tasas se repiten
en el Valle del Cauca, en donde se pasó del año
1995 al 2000 de 14,1 a 29,7. Y peor es el caso de Bogotá,
saltando de 13,9 a 53,4 por 100.000 nacidos vivos; al ver
como la mortalidad materna se ha duplicado en el país
luego del año 94, es importante saber qué
pasa con la atención materna en la Ley 100 y, según
el mismo documento, la duplicación de las tasas de
mortalidad materna es consecuencia de la carencia
de políticas en salud pública y la pérdida
de norte por parte de los entes rectores de la salud, quienes
como consecuencia de la puesta en marcha del negocio de
la salud, se dedicaron a contratar servicios de atención
con las IPS que ofrecieran tarifas más bajas sin
importar la calidad. Pero otras situaciones graves
se están presentando en el país: brotes de
malaria al sur de Bolívar, bajas coberturas en vacunación,
problemas en el control de vectores, desnutrición,
mal seguimiento a la tuberculosis, y casos curiosos pero
que resaltan el descuido en el sistema, como la reaparición
del chinche de cama en el sector de Moravia en Medellín,
situación erradicada desde 1920.
En salud no hay política
social sino económica
Para el doctor Germán González Echeverri,
Coordinador del Doctorado en Epidemiología de la
Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad
de Antioquia, Colombia en salud pública retrocedió
a situaciones similares de los años 70s. Sin embargo,
considera que puede haberse mejorado en algunos aspectos
pero no por una intervención del sector, sino debido
al desarrollo de otros factores como tipos de vivienda,
acueducto, y a la urbanización de la población;
y aunque nunca antes se había contado con tantos
recursos financieros ni humanos tan bien calificados, el
hecho es que la estructura no ha funcionado, al considerar
que cobertura no es aseguramiento sino personas que reciben
servicios de salud. En los últimos 10 años,
Colombia se dedicó a manejar la enfermedad, porque
es donde están los recursos económicos más
importantes, y el hecho de que tenga tantos recursos es
su propia debilidad. Si fueran escasos no habría
tantos intereses en quedarse con ellos; para el Doctor
González, el problema de salud pública va
mucho más allá de la misma Ley 100, porque
cuando los intereses son económicos, tanto
públicos como privados, los resultados en salud pública
son los que tenemos y son consecuencia de carecer de una
política social. En otras palabras: la política
real del país no es en salud, la política
real es manejar un negocio que tiene mucha plata y que pasa
por salud; adicionalmente, vamos a perder un país
por la miopía de tratar de manejarlo homogéneamente:
si una alta proporción del país son municipios
pequeños que no tienen infraestructura para tener
alta tecnología en salud o una alta organización,
no podemos hacer leyes homogéneas. Finalmente,
el doctor González cuestiona si antes de pensar en
modificar la Ley 100 es más importante primero establecer
cuál debe ser la política social en Colombia
y, partiendo de allí, cuál es la salud que
vamos a buscar, pero sin confundir los conceptos salud-enfermedad
que se contraponen.
Es problema estructural y de formación
El deterioro de la salud pública también ha
involucrado el saber. Es así como después
de la reforma de la Ley 100 las universidades comenzaron
a ofrecer postgrados en salud pública con orientación
básicamente gerencial, creando una generación
de especialistas que no tienen elementos de análisis
colectivo de la salud, ni del fenómeno salud-enfermedad
en la sociedad, ni de la contribución de la salud
a la formación de capital humano y social, sino que
tienen elementos de análisis gerencial y la salud
pública se convierte en la gerencia de instituciones,
según señala el doctor Román Restrepo,
Coordinador del Seminario en Salud Pública de la
Universidad de Antioquia. Estima además, que el problema
de la salud pública en el país es completamente
estructural: Lo que hay es un fraccionamiento de la
atención entre un montón de interesados con
intereses completamente opuestos, lo que trae una desarticulación
del modelo. Tenemos los indicadores más malos, nacidos
de un quehacer equivocado de la salud pública por
tratar de someterla a los criterios del mercado, resultado
de una transformación de la concepción de
la salud pública absolutamente recortada, cercenada,
disminuida y desprovista de análisis colectivos y
globales, que son los que dan el soporte a la salud pública,
que trasciende lo institucional, lo administrativo y lo
gerencial.
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El Ministerio frente a
la salud pública
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El
Ministerio de Protección Social ha establecido seis áreas
prioritarias de atención como parte del programa nacional
de salud pública para el país: 1) La política
nacional de salud sexual y reproductiva con cinco énfasis:
cáncer de cuello uterino; violencia intrafamiliar; VIH-sida
y enfermedades de transmisión sexual; mortalidad materna
y salud sexual y reproductiva para la población adolescente;
2) Enfermedades inmunoprevenibles en la infancia a través
del Plan Ampliado de Inmunizaciones; 3) Enfermedades transmitidas
por vectores, donde las metas tienen que ver con la reducción
de la mortalidad evitable por malaria, dengue y fiebre amarilla;
4) Salud mental, con el desarrollo de la Encuesta Nacional de
Salud Mental, que hace parte del estudio OMS; 5) Enfermedades
crónicas, básicamente trabajando por el incremento
de la actividad física en la población, con el
programa Colombia Activa; 6) Nutrición, donde
se trabaja en la Política Nacional de Seguridad Alimentaria.
La doctora Ana Cristina González, Directora Nacional
de Salud Pública del Ministerio, reconoce la existencia
de problemas y afirma que se están enfrentando con los
recursos disponibles: En lo que va corrido de esta administración,
hemos elevado las coberturas de vacunación, y el compromiso
es lograr coberturas útiles en todos los biológicos,
tenemos garantizados los recursos para este año: $70.000
millones; adicionalmente, el Instituto Nacional de Salud ha
reiniciado la producción de vacuna para fiebre amarilla.
Frente a la responsabilidad de la salud pública en el
país, la Doctora González resaltó la importancia
de dejar claro la existencia de unas responsabilidades compartidas
pero distribuidas: Se puede trazar la barrera porque la
ejecución de las políticas le compete a los departamentos,
a los municipios y a otros actores del sistema, hay una frontera.
Claro que en una crisis como la epidemia de fiebre amarilla
en la Sierra Nevada de Santa Marta, todos los actores tienen
responsabilidades y también competencias claramente definidas. |
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Sí hay trabajo
del Ministerio
Algo que reconocen todos los consultados es el esfuerzo del
Ministerio de la Protección Social por trabajar en una
solución. El doctor Román Restrepo destaca cómo
por primera vez desde 1994, el Ministerio habla de políticas
(salud sexual y reproductiva, vacunación sin fronteras,
etc.), lo cual es un avance a nivel de planeación y de
interés por enfrentar situaciones particulares; el doctor
Germán González menciona que los funcionarios
están haciendo un esfuerzo grande en salud pública,
pero que rápidamente encuentran limitaciones de recursos:
Soy testigo del esfuerzo que hace la gente del Viceministerio
de Salud en tratar de hacer bien las cosas pero son muy poquitos,
y tienen que pelear con todo el mundo para que les den la información.
Además, hay una total desarticulación en salud
pública, y ellos al final acaban pagando las vacas flacas,
todo el mundo los mira; y resulta que tienen deseos de hacer
cosas, saben que es lo que hay que hacer, pero en el país
no hay la estructura para hacerlo.
Estas posiciones frente a las acciones del Ministerio son interesantes,
por cuanto muestran que el problema de salud pública
en Colombia desborda las fronteras de un funcionario e inclusive
de todo un Ministerio, y abre dos grandes opciones: es un problema
de la estructura completa de salud en el país generada
en una Ley 100 que no profundizó en el tema, y por lo
tanto no dio las herramientas necesarias ni adecuadas para su
tratamiento, al enfocar la estructura con un énfasis
demasiado marcado hacia el aseguramiento (léase negocio
de la salud). O la otra opción, más grave aún
porque la solución no se limita a un cambio en la Ley,
es que la Ley misma es producto de algo mucho mayor, es la aplicación
de los acuerdos del llamado Consenso de Washington,
que planteó el ajuste estructural del Estado; si este
es el caso, lo que no existe es una política social del
Estado que se interese en la salud pública, por lo que
no habría entonces un interés por lograr ni permitir
una solución, por cuanto se desconoce la salud pública
como una prioridad dentro del Estado mismo, cediendo ante unos
intereses macroeconómicos que a su vez también
superan al Estado mismo.
Actualmente, distintos grupos trabajan en propuestas que solucionen
el problema de salud pública, e inclusive varios de ellos
han sido consultados por congresistas preocupados por el tema
que preparan un debate nacional. El Pulso ha sondeado algunas
de esas propuestas y esperamos publicarlas próximamente.
Por el momento, sólo queda esperar que por el bienestar
de los colombianos, la suerte nos acompañe, y que la
situación no estalle antes de que el país encuentre
soluciones. |

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