MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 66    MARZO DEL AÑO 2004    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

La salud pública colombiana... ¿seguirá siendo la Cenicienta del sistema?
Si bien el tema de la salud pública ha saltado a titulares de medios de información por la pasada epidemia de fiebre amarilla y los sonados casos de falta de suero antiofídico en el país, el problema no se limita a estas situaciones particulares sino a la queja generalizada de los especialistas, que tratan de señalar a gritos que si el país no les presta atención, probablemente todo el sistema de salud puede colapsar. Algunos senadores hablan en los corredores del Congreso sobre la urgente necesidad de evaluar la Ley 100: diez años después de entrar en vigencia, ha logrado el milagro de que el estado de la salud pública no sólo se haya estancado, sino que de manera increíble, cual si fuera un cangrejo, se haya llegado a peores condiciones de las que se tenían en los años 80s y 70s.

Falta coordinación y vigilancia, dice la Defensoría
Para la Defensoría del Pueblo la situación es grave: la salud pública está pasando tal vez por su peor momento, porque se quedó en el aspecto externo, sin considerar cuál era el modelo que más le servía al país, según manifestó la doctora Martha Lucía Gualtero, asesora en salud de la Secretaría General de la Defensoría; y según el doctor Darío Mejía, Secretario General de la entidad, en la epidemia de fiebre amarilla y las muertes por falta de suero antiofídico, el manejo dado por el Ministerio no fue el adecuado, por cuanto “tratar de minimizarle a la opinión pública la verdadera magnitud de un problema, me parece con todo el respeto, no fue responsable, además, y probablemente de buena fe, se actuó de manera contraria a lo recomendable, ya que en estos casos dar una alerta es la forma de hacer que la población que está descuidada, inerme y que puede ser una víctima, entre en una especie de pánico enérgico que le permita, como ocurrió con la fiebre amarilla, ir a buscar la vacuna” Y enfatizó: “nos parece muy preocupante que el Ministerio de la Protección Social, como director supremo del sistema, se queje de que uno de los graves problemas que tiene la salud pública es la falta de coordinación por virtud de la descentralización; si quien tiene a su cargo la coordinación se queja de la ausencia de la misma, es un reconocimiento claro de que no hay ninguna coherencia ni ninguna unidad en el manejo del tema; es casi una confesión”. En comunicación enviada a la Superintendencia Nacional de Salud en febrero pasado, la Defensoría hizo observaciones a problemas como la falta de coordinación y de control y vigilancia, y la falta de una definición clara de competencias. “Todos esos puntos deben clarificarse para que no se presente la confusión que se está dando en el sector”, expresó el Doctor Mejía.
Problema añejo
Pero la grave situación de la salud pública en Colombia no es nueva y se ha anunciado en diferentes oportunidades y desde varios sectores y medios. El problema podía preverse desde la expedición de la Ley 100, que de sus 289 artículos originales, sólo en uno establecía los beneficios de la salud colectiva; es lógico entonces suponer que con un soporte legal tan tímido, no podían esperarse resultados mejores. Para el doctor Luis Carlos Ochoa, autoridad en el tema y exsubdirector General de la OPS, la situación es bastante clara, porque tanto la Nación como los entes territoriales, EPS y ARS son culpables: “Lo que ha ocurrido es que estas instituciones, todas, no han asumido sus responsabilidades: el Ministerio de Salud descuidó en general las acciones de salud pública y se dedicó a acciones de tipo asistencial, al POS, a la atención de los vinculados, al plan subsidiado; en los departamentos ocurrió lo mismo: las transferencias que reciben de la Nación no las transfieren a los municipios; las EPS y ARS no han cumplido con las acciones que tienen que cumplir regularmente; y en los municipios, el personal encargado de salud pública fue despedido, además de que los municipios en su mayoría, han hecho mal uso de los recursos de salud dándole otras destinaciones, hecho comprobado por la Contraloría y por la Superintendencia de Salud. De manera que hay problemas en todos los niveles y en todas las instituciones”. Sin embargo, para el Doctor Ochoa el problema no surge de la Ley 100 sino del mal funcionamiento particular de los actores del sector salud, y en la aplicación por parte de los gobiernos y las instituciones.
Un ejemplo
En documento de la Universidad de Antioquia de octubre de 2003 y en el cual se hacen comentarios sobre el proyecto de Ley 017, se abordan indicadores de mortalidad materna considerados como fundamentales, por cuanto las madres son claves en la estructura social y por lo que significan en la familia; en Antioquia a pesar de que la tendencia tuvo un marcado y sostenido descenso entre 1943 y 1994, lapso durante el cual se redujo el riesgo de morir 15 veces, se observa un incremento a partir del 94 pasando de una tasa de 40 por 100.000 nacidos vivos a 80 por 100.000 en el 2001; esta preocupante duplicación en las tasas se repiten en el Valle del Cauca, en donde se pasó del año 1995 al 2000 de 14,1 a 29,7. Y peor es el caso de Bogotá, saltando de 13,9 a 53,4 por 100.000 nacidos vivos; al ver como la mortalidad materna se ha duplicado en el país luego del año 94, es importante saber qué pasa con la atención materna en la Ley 100 y, según el mismo documento, la duplicación de las tasas de mortalidad materna es “consecuencia de la carencia de políticas en salud pública y la pérdida de norte por parte de los entes rectores de la salud, quienes como consecuencia de la puesta en marcha del negocio de la salud, se dedicaron a contratar servicios de atención con las IPS que ofrecieran tarifas más bajas sin importar la calidad”. Pero otras situaciones graves se están presentando en el país: brotes de malaria al sur de Bolívar, bajas coberturas en vacunación, problemas en el control de vectores, desnutrición, mal seguimiento a la tuberculosis, y casos curiosos pero que resaltan el descuido en el sistema, como la reaparición del chinche de cama en el sector de Moravia en Medellín, situación erradicada desde 1920.
En salud no hay política social sino económica
Para el doctor Germán González Echeverri, Coordinador del Doctorado en Epidemiología de la Facultad Nacional de Salud Pública de la Universidad de Antioquia, Colombia en salud pública retrocedió a situaciones similares de los años 70s. Sin embargo, considera que puede haberse mejorado en algunos aspectos pero no por una intervención del sector, sino debido al desarrollo de otros factores como tipos de vivienda, acueducto, y a la urbanización de la población; y aunque nunca antes se había contado con tantos recursos financieros ni humanos tan bien calificados, el hecho es que la estructura no ha funcionado, al considerar que cobertura no es aseguramiento sino personas que reciben servicios de salud. “En los últimos 10 años, Colombia se dedicó a manejar la enfermedad, porque es donde están los recursos económicos más importantes, y el hecho de que tenga tantos recursos es su propia debilidad. Si fueran escasos no habría tantos intereses en quedarse con ellos”; para el Doctor González, el problema de salud pública va mucho más allá de la misma Ley 100, porque “cuando los intereses son económicos, tanto públicos como privados, los resultados en salud pública son los que tenemos y son consecuencia de carecer de una política social. En otras palabras: la política real del país no es en salud, la política real es manejar un negocio que tiene mucha plata y que pasa por salud; adicionalmente, vamos a perder un país por la miopía de tratar de manejarlo homogéneamente: si una alta proporción del país son municipios pequeños que no tienen infraestructura para tener alta tecnología en salud o una alta organización, no podemos hacer leyes homogéneas”. Finalmente, el doctor González cuestiona si antes de pensar en modificar la Ley 100 es más importante primero establecer cuál debe ser la política social en Colombia y, partiendo de allí, cuál es la salud que vamos a buscar, pero sin confundir los conceptos salud-enfermedad que se contraponen.
Es problema estructural y de formación
El deterioro de la salud pública también ha involucrado el saber. Es así como después de la reforma de la Ley 100 las universidades comenzaron a ofrecer postgrados en salud pública con orientación básicamente gerencial, creando una generación de especialistas que no tienen elementos de análisis colectivo de la salud, ni del fenómeno salud-enfermedad en la sociedad, ni de la contribución de la salud a la formación de capital humano y social, sino que tienen elementos de análisis gerencial y la salud pública se convierte en la gerencia de instituciones, según señala el doctor Román Restrepo, Coordinador del Seminario en Salud Pública de la Universidad de Antioquia. Estima además, que el problema de la salud pública en el país es completamente estructural: “Lo que hay es un fraccionamiento de la atención entre un montón de interesados con intereses completamente opuestos, lo que trae una desarticulación del modelo. Tenemos los indicadores más malos, nacidos de un quehacer equivocado de la salud pública por tratar de someterla a los criterios del mercado, resultado de una transformación de la concepción de la salud pública absolutamente recortada, cercenada, disminuida y desprovista de análisis colectivos y globales, que son los que dan el soporte a la salud pública, que trasciende lo institucional, lo administrativo y lo gerencial”.

 
El Ministerio frente a la salud pública
El Ministerio de Protección Social ha establecido seis áreas prioritarias de atención como parte del programa nacional de salud pública para el país: 1) La política nacional de salud sexual y reproductiva con cinco énfasis: cáncer de cuello uterino; violencia intrafamiliar; VIH-sida y enfermedades de transmisión sexual; mortalidad materna y salud sexual y reproductiva para la población adolescente; 2) Enfermedades inmunoprevenibles en la infancia a través del Plan Ampliado de Inmunizaciones; 3) Enfermedades transmitidas por vectores, donde las metas tienen que ver con la reducción de la mortalidad evitable por malaria, dengue y fiebre amarilla; 4) Salud mental, con el desarrollo de la Encuesta Nacional de Salud Mental, que hace parte del estudio OMS; 5) Enfermedades crónicas, básicamente trabajando por el incremento de la actividad física en la población, con el programa “Colombia Activa”; 6) Nutrición, donde se trabaja en la Política Nacional de Seguridad Alimentaria.
La doctora Ana Cristina González, Directora Nacional de Salud Pública del Ministerio, reconoce la existencia de problemas y afirma que se están enfrentando con los recursos disponibles: “En lo que va corrido de esta administración, hemos elevado las coberturas de vacunación, y el compromiso es lograr coberturas útiles en todos los biológicos, tenemos garantizados los recursos para este año: $70.000 millones; adicionalmente, el Instituto Nacional de Salud ha reiniciado la producción de vacuna para fiebre amarilla”. Frente a la responsabilidad de la salud pública en el país, la Doctora González resaltó la importancia de dejar claro la existencia de unas responsabilidades compartidas pero distribuidas: “Se puede trazar la barrera porque la ejecución de las políticas le compete a los departamentos, a los municipios y a otros actores del sistema, hay una frontera. Claro que en una crisis como la epidemia de fiebre amarilla en la Sierra Nevada de Santa Marta, todos los actores tienen responsabilidades y también competencias claramente definidas”.
 
Sí hay trabajo del Ministerio
Algo que reconocen todos los consultados es el esfuerzo del Ministerio de la Protección Social por trabajar en una solución. El doctor Román Restrepo destaca cómo por primera vez desde 1994, el Ministerio habla de políticas (salud sexual y reproductiva, vacunación sin fronteras, etc.), lo cual es un avance a nivel de planeación y de interés por enfrentar situaciones particulares; el doctor Germán González menciona que los funcionarios están haciendo un esfuerzo grande en salud pública, pero que rápidamente encuentran limitaciones de recursos: “Soy testigo del esfuerzo que hace la gente del Viceministerio de Salud en tratar de hacer bien las cosas pero son muy poquitos, y tienen que pelear con todo el mundo para que les den la información. Además, hay una total desarticulación en salud pública, y ellos al final acaban pagando las vacas flacas, todo el mundo los mira; y resulta que tienen deseos de hacer cosas, saben que es lo que hay que hacer, pero en el país no hay la estructura para hacerlo”.
Estas posiciones frente a las acciones del Ministerio son interesantes, por cuanto muestran que el problema de salud pública en Colombia desborda las fronteras de un funcionario e inclusive de todo un Ministerio, y abre dos grandes opciones: es un problema de la estructura completa de salud en el país generada en una Ley 100 que no profundizó en el tema, y por lo tanto no dio las herramientas necesarias ni adecuadas para su tratamiento, al enfocar la estructura con un énfasis demasiado marcado hacia el aseguramiento (léase negocio de la salud). O la otra opción, más grave aún porque la solución no se limita a un cambio en la Ley, es que la Ley misma es producto de algo mucho mayor, es la aplicación de los acuerdos del llamado “Consenso de Washington”, que planteó el ajuste estructural del Estado; si este es el caso, lo que no existe es una política social del Estado que se interese en la salud pública, por lo que no habría entonces un interés por lograr ni permitir una solución, por cuanto se desconoce la salud pública como una prioridad dentro del Estado mismo, cediendo ante unos intereses macroeconómicos que a su vez también superan al Estado mismo.
Actualmente, distintos grupos trabajan en propuestas que solucionen el problema de salud pública, e inclusive varios de ellos han sido consultados por congresistas preocupados por el tema que preparan un debate nacional. El Pulso ha sondeado algunas de esas propuestas y esperamos publicarlas próximamente. Por el momento, sólo queda esperar que por el bienestar de los colombianos, la suerte nos acompañe, y que la situación no estalle antes de que el país encuentre soluciones.
 



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