No hay datos precisos sobre el
número de niños combatientes en Colombia. Human
Rights Watch estima que el total de niños y niñas
participantes en el conflicto armado supera los 11.000, una
de las cifras más altas del mundo, y con un comportamiento
creciente en los últimos años. Se calcula que
uno de cada cuatro combatientes irregulares es menor de 18 años.
En contraste, las Convenciones de Ginebra de 1949 y la Convención
sobre los Derechos del Niño establecen que es prohibido
usar niños menores de 15 años en guerra. El Protocolo
Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niños
(Protocolo sobre los Niños Soldados), adoptado unánimemente
por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2000 y ratificado
por Colombia en junio de 2005, subió el límite
a los 18 años como la edad mínima para la participación
directa en las hostilidades, el reclutamiento obligatorio o
cualquier tipo o utilización en hostilidades por parte
de grupos armados irregulares. La legislación colombiana
prohíbe el reclutamiento de menores de 18 años
para el servicio militar.
Varios reportes mencionan que la mayoría de los niños
se unen a los grupos armados ilegales por voluntad propia, pero
después del ingreso no hay libertad para dejar el grupo.
Unicef Colombia reveló que entre los que se vinculan
voluntariamente, 33% lo hacen por atracción a las armas
y uniformes, otro 33% por pobreza, 16% por relación cotidiana
con los grupos armados y un 8% por enamoramiento o decepción
amorosa. Algunas niñas se alistan para escapar del abuso
sexual en sus hogares.
Los niños son un grupo especialmente vulnerable en la
guerra. Sus vidas y su bienestar corren peligro. Se denuncia
que los niños combatientes a cambio de alimentos y protección,
se ven expuestos a enfermedades, agotamiento físico,
lesiones, tortura a manos del enemigo o la muerte. Son entrenados
en el uso de armas, en ensamblar y lanzar artefactos explosivos,
sembrar campos minados; arriesgan sus vidas en combates y muchas
veces son obligados a presenciar o a participar en atrocidades.
La mayoría de estos niños provienen de familias
pobres, entienden muy poco la finalidad del conflicto, luchan
contra otros niños con orígenes similares y tienen
un futuro incierto. Las niñas participantes en el conflicto
se enfrentan a presiones relacionadas con su condición
de mujeres. Los menores que intentan escapar o regresar con
sus familias corren el riesgo de que los ejecuten.
Colombia hace parte de la deplorable lista de países
en los que miles de niños combaten y mueren en sangrientos
conflictos. Entre los retos se destacan, la puesta en práctica
por parte de todos los actores de lo establecido en las Convenciones,
la prevención del reclutamiento mediante fortalecimiento
de redes locales de servicios para la infancia, la desmovilización
de niños como máxima prioridad e incluir el tema
en futuras negociaciones de paz. La distribución de material
educativo en las escuelas de las zonas de mayor peligro por
el conflicto puede ser una estrategia útil. De otra parte,
es necesario mejorar la reintegración, rehabilitación
y recuperación de los niños desmovilizados y capturados,
aumentar sustancialmente los recursos para ello, mejorar la
coordinación entre instituciones y programas existentes,
y evaluar el impacto de los mismos.
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