EDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 8    NO 95 AGOSTO DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Juan Guillermo Maya Salinas, Alba Luz Arroyave, Jairo Humberto Restrepo, Javier Ignacio Muñoz y Gonzalo Medina. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Editora: Olga Lucía Muñoz López. Asesoras comerciales: Amparo Abril Rojas y María Eugenia Botero. Web master: Santiago Ospina Gómez

Recuperar el horizonte perdido

Apenas en abril pasado, la Organización Mundial de la Salud, en su Informe 2006, afirmaba que el recurso más importante para la salud son las personas que trabajan en salud, llamándolos incluso, “Héroes de todos los días”. Los recursos humanos de salud, los hombres y mujeres que dedican su esfuerzo al área de la salud, que directa o indirectamente contribuyen a elevar el bienestar de la población, fueron reconocidos como la piedra angular de los servicios de salud, como la personificación de los valores esenciales del sistema, porque son ellos y ellas quienes curan y atienden a las personas, alivian el dolor y el sufrimiento, previenen las enfermedades y mitigan los riesgos.
Pero en Colombia, al igual que en el mundo entero, este colectivo atraviesa una de sus peores crisis, con clínicas y hospitales sin profesionales de salud o incapaces de retener al personal básico, con comunidades sin promotores de campañas de prevención y educadores en modos de vida saludables. Decía la OMS, que en todo el planeta hay escasez de profesionales de salud, producto de décadas de falta de inversión en la formación, remuneración y condiciones de trabajo y gestión de esos profesionales. Por eso no extraña la carencia de personal con experiencia clave, los cambios de profesión, las jubilaciones anticipadas y las migraciones nacionales o internacionales.
Nuestro país no escapa a esa realidad. Pero en honor a la verdad, hay que decir que desde el Estado ha existido preocupación por el tema; desde los años 60, sucesivos estudios e instancias han procurado regular del mejor modo, la formación y el ejercicio de los profesionales y auxiliares del área de la salud. Y con el apoyo de universidades y asociaciones científicas y profesionales, nacionales e internacionales, se han formulado toda clase de propuestas encaminadas a lograr el mejor entorno para el desarrollo de los recursos humanos de salud.
Y es obvio: salud es un servicio. Y el servicio lo prestan personas. Y sin profesionales y auxiliares de salud no hay servicios de salud. Es así de simple y contundente. De ahí la necesidad de reglar convenientemente lo referente a su capacitación y desempeño. Los esfuerzos entonces, no han faltado. Sin embargo, luego de la dinámica de los últimos seis años, con la contratación de 4 estudios sobre el tema desde el Ministerio con prestantes organizaciones académicas, luego con el accidentado trámite del proyecto de ley 017 de 2003 y ahora con la objeción presidencial al proyecto de ley de talento humano, la realidad obliga a replantearse, ¿para dónde vamos en capacitación y desempeño del talento humano en salud? Mundialmente, regionalmente, localmente, hay consenso en la necesidad de desarrollar la fuerza de trabajo en salud. Y para ello hace falta la firme confluencia de voluntad política, de actuaciones públicas y de recursos financieros suficientes, de modo que el personal de la salud pueda cumplir su misión, con los instrumentos que más necesita: educación académica, formación ética y profesional, compensación adecuada, buenas condiciones de trabajo y políticas de apoyo.
La Unesco señala que las dimensiones de la formación están en aprender a ser, a conocer, a hacer y a convivir. Y el experto en el tema de talento humano, doctor Germán González, alguna vez escribió acá en El Pulso, que “Colombia es el país que tiene la mejor información de América Latina y tal vez de toda América, en materia de recursos humanos en salud”. Además, el país reclama a gritos, profesionales y auxiliares de salud competentes, con alto sentido ético y capacidad de participar en la solución de problemas sociales relacionados con la preservación y recuperación de la salud. Teniendo los insumos y la necesidad tajante, el gobierno tiene la obligación de definir el marco en el cual deberán y podrán hacer su ejercicio, todas las personas que se desempeñan en salud. Es una obligación moral y pragmática que no da espera.
Que se atienda a las objeciones, tanto las presidenciales como a las de actores y protagonistas del sector salud que tienen funciones importantes por cumplir; que se llame otra vez a la concertación –una vez más no importa- hasta lograr acuerdos que fructifiquen en beneficio de quienes ejercen en el sector salud, porque hay un usuario que espera, un usuario expectante de la actuación del personal de salud. Y ese personal de salud sólo podrá seguir cumpliendo con su papel de la mejor manera, cuando se atiendan apropiada y dignamente, sus necesidades de formación, capacitación, desempeño y reconocimiento.
En todo el tráfago se perdió el horizonte. Hay que redefinir el norte. Pero con voluntad y decisión, ambos son susceptibles de redescubrimiento.

 
 




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