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Apenas en abril pasado, la Organización Mundial
de la Salud, en su Informe 2006, afirmaba que el recurso
más importante para la salud son las personas que
trabajan en salud, llamándolos incluso, Héroes
de todos los días. Los recursos humanos de
salud, los hombres y mujeres que dedican su esfuerzo al
área de la salud, que directa o indirectamente contribuyen
a elevar el bienestar de la población, fueron reconocidos
como la piedra angular de los servicios de salud, como la
personificación de los valores esenciales del sistema,
porque son ellos y ellas quienes curan y atienden a las
personas, alivian el dolor y el sufrimiento, previenen las
enfermedades y mitigan los riesgos.
Pero en Colombia, al igual que en el mundo entero, este
colectivo atraviesa una de sus peores crisis, con clínicas
y hospitales sin profesionales de salud o incapaces de retener
al personal básico, con comunidades sin promotores
de campañas de prevención y educadores en
modos de vida saludables. Decía la OMS, que en todo
el planeta hay escasez de profesionales de salud, producto
de décadas de falta de inversión en la formación,
remuneración y condiciones de trabajo y gestión
de esos profesionales. Por eso no extraña la carencia
de personal con experiencia clave, los cambios de profesión,
las jubilaciones anticipadas y las migraciones nacionales
o internacionales.
Nuestro país no escapa a esa realidad. Pero en honor
a la verdad, hay que decir que desde el Estado ha existido
preocupación por el tema; desde los años 60,
sucesivos estudios e instancias han procurado regular del
mejor modo, la formación y el ejercicio de los profesionales
y auxiliares del área de la salud. Y con el apoyo
de universidades y asociaciones científicas y profesionales,
nacionales e internacionales, se han formulado toda clase
de propuestas encaminadas a lograr el mejor entorno para
el desarrollo de los recursos humanos de salud.
Y es obvio: salud es un servicio. Y el servicio lo prestan
personas. Y sin profesionales y auxiliares de salud no hay
servicios de salud. Es así de simple y contundente.
De ahí la necesidad de reglar convenientemente lo
referente a su capacitación y desempeño. Los
esfuerzos entonces, no han faltado. Sin embargo, luego de
la dinámica de los últimos seis años,
con la contratación de 4 estudios sobre el tema desde
el Ministerio con prestantes organizaciones académicas,
luego con el accidentado trámite del proyecto de
ley 017 de 2003 y ahora con la objeción presidencial
al proyecto de ley de talento humano, la realidad obliga
a replantearse, ¿para dónde vamos en capacitación
y desempeño del talento humano en salud? Mundialmente,
regionalmente, localmente, hay consenso en la necesidad
de desarrollar la fuerza de trabajo en salud. Y para ello
hace falta la firme confluencia de voluntad política,
de actuaciones públicas y de recursos financieros
suficientes, de modo que el personal de la salud pueda cumplir
su misión, con los instrumentos que más necesita:
educación académica, formación ética
y profesional, compensación adecuada, buenas condiciones
de trabajo y políticas de apoyo.
La Unesco señala que las dimensiones de la formación
están en aprender a ser, a conocer, a hacer y a convivir.
Y el experto en el tema de talento humano, doctor Germán
González, alguna vez escribió acá en
El Pulso, que Colombia es el país que tiene
la mejor información de América Latina y tal
vez de toda América, en materia de recursos humanos
en salud. Además, el país reclama a
gritos, profesionales y auxiliares de salud competentes,
con alto sentido ético y capacidad de participar
en la solución de problemas sociales relacionados
con la preservación y recuperación de la salud.
Teniendo los insumos y la necesidad tajante, el gobierno
tiene la obligación de definir el marco en el cual
deberán y podrán hacer su ejercicio, todas
las personas que se desempeñan en salud. Es una obligación
moral y pragmática que no da espera.
Que se atienda a las objeciones, tanto las presidenciales
como a las de actores y protagonistas del sector salud que
tienen funciones importantes por cumplir; que se llame otra
vez a la concertación una vez más no
importa- hasta lograr acuerdos que fructifiquen en beneficio
de quienes ejercen en el sector salud, porque hay un usuario
que espera, un usuario expectante de la actuación
del personal de salud. Y ese personal de salud sólo
podrá seguir cumpliendo con su papel de la mejor
manera, cuando se atiendan apropiada y dignamente, sus necesidades
de formación, capacitación, desempeño
y reconocimiento.
En todo el tráfago se perdió el horizonte.
Hay que redefinir el norte. Pero con voluntad y decisión,
ambos son susceptibles de redescubrimiento.
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