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| Una realidad silenciosa
y clandestina amenaza la infancia. El abuso sexual infantil
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pública y cultural, frente a la cual el Estado, los expertos
y las instituciones deben emprender acciones en defensa de la
niñez. |
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El abuso sexual infantil
es un problema de salud pública cada vez más recurrente
en Colombia. Aunque las cifras son conservadoras y sólo
se conoce entre el 2 ó 5% de los casos de abuso, según
Medicina Legal el 90% de los casos de abuso sexual que se registran
en el país son contra menores de edad; por eso, cuando
un menor dice que es víctima de abuso, se le debe escuchar
y creer: el 95% de estas confesiones son verdaderas.
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Hasta mayo pasado,
Medicina Legal había efectuado 4.972 dictámenes;
de ellos, 4.309 fueron a menores de edad, supuestas víctimas
de la violación de la integridad sexual. Por su parte,
el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar ICBF, a través
de su call center nacional, había recibido 16.391 denuncias
por maltrato infantil, entre las cuales se estima que unas 4.200
podrían ser por abuso sexual.
Las ciudades donde la problemática es más alarmante
son Bogotá, Cali y Medellín, capitales donde se
presentaron un 30% de las denuncias nacionales, con 1.049 casos
en Bogotá, 219 en Cali y 207 en Medellín.
En 2005 Bogotá registró 629 casos de abuso sexual
infantil, según la Secretaría Distrital de Salud,
un 65% del total registrado. Las localidades más afectadas
en la capital fueron Ciudad Bolívar con 218 casos, Kennedy
con 208 y Suba con 174. En segundo lugar se ubicó el
Valle del Cauca con 227 denuncias y, en tercer lugar, Antioquia
con 244.
Ante la gran cantidad de dígitos almacenados, las instituciones
nacionales e internacionales se han declarado en deuda con la
infancia. Por ello, adelantan proyectos de prevención
y recuperación de los niños en riesgo y víctimas
de cualquier forma de abuso sexual: caricias, juegos inapropiados,
comportamientos sexuales delante de los niños, pornografía,
proxenetismo, violaciones, entre otros.
Abuso vs violación
El abuso o maltrato sexual infantil es considerado como
una imposición de actos de carácter sexual contra
la voluntad del niño o niña. Estas exigencias
pueden darse a través de la manipulación, el engaño,
la intimidación o el chantaje. No obstante, dentro de
unos lineamientos médicos y psicológicos, debe
marcarse la diferencia existente entre el abuso sexual y la
violación como acceso carnal violento.
Según el doctor Julio César Correa Escobar, pediatra
coordinador de urgencias y consulta externa del Departamento
de Pediatría del Hospital Universitario San Vicente de
Paúl, el abuso sexual y la violación no
son equivalentes como tal. El abuso se evidencia cuando el niño
está sometido por un adulto a prácticas sexuales
de diferente tipo, que no corresponden al desarrollo del niño
y que en ningún momento el menor las puede consentir.
Ahora, cuando hablamos de violación, como asalto sexual
agudo, pensamos en una penetración a nivel genital. A
lo que se pretende llegar es a generar conciencia, dejar el
morbo a un lado y ver que el abuso sexual infantil es mucho
más amplio que una violación.
Tanto la medicina como la psicología manejan unos mecanismos
para detectar cuando un menor es una posible víctima
del abuso sexual, entre las que pueden establecerse los
cambios en el patrón del sueño y del apetito,
los terrores nocturnos y pesadillas, las regresiones en algunos
aspectos del desarrollo como dejar de controlar esfínteres,
el bajo rendimiento escolar, los cuadros de depresión
y la disminución de las actividades propias del niño,
señala Correa Escobar. A estos patrones de comportamiento,
la psicóloga Natalia Quintero Castillo, del grupo de
trabajo de la Casa del Afecto, programa de la Secretaría
de Bienestar Social de la Alcaldía de Medellín,
agrega que deben observarse los comportamientos sexualizados,
cuando el niño adopta actitudes de 'seducción'
hacia otros niños o muestra un interés que no
está de acuerdo con su edad, por todo lo relacionado
con el tema del sexo.
Estos niños también presentan un síndrome
psicológico llamado de acomodación,
cuyos síntomas se expresan en una adicción a la
excitación sexual, o un menor que no encuentra salida
a sus problemas y que cuando decide contarle a un adulto lo
hace con datos que son confusos y, con frecuencia, se retractan
de sus acusaciones.
Dentro del examen físico, una alerta importante que lleva
a los médicos a pensar que el menor está siendo
víctima de abuso, es cuando un escolar o un adolescente
están infectados por enfermedades de transmisión
sexual. A esta manifestación, Correa Escobar agrega síntomas
como las infecciones urinarias en adolescentes, presentación
de cuerpo extraño en la vagina o en el recto y las defecaciones
dolorosas.
¿Quién sufre más?
Tanto los niños como las niñas son víctimas
del abuso sexual infantil; sin embargo, las mujeres siguen siendo
las principales perjudicadas. La doctora Gabriela Hermida, psicóloga
con Maestría en Sistemas Humanos y miembro del Proyecto
Juntos es Posible, programa que pretende el fortalecimiento
de las redes comunitarias de Bogotá, afirma que el 84%
de las víctimas de abuso sexual son niñas.
Este fenómeno obedece a unos factores determinantes a
nivel cultural, como lo son el machismo arraigado en la sociedad,
la imagen de la mujer como objeto sexual promovido por la publicidad
y, como lo expresa Gloria Carvalho, directora del Centro Internacional
de Educación y Desarrollo -Cinde-, (Centro cooperador
de la Unesco por la niñez temprana en América
Latina), por un fundamento ideológico de la naturaleza,
que muestra a las mujeres como seres humanos con una fortaleza
emocional superior a la de los hombres.
El abuso sexual afecta a los menores de edad, desde recién
nacidos hasta los 18 años; sin embargo, la legislación
colombiana es enfática cuando dice que cualquier relación
entre un adulto y un menor de 14 años, con o sin el consentimiento
del adolescente, es un delito, como es el caso del embarazo
en adolescentes. |
Hasta mayo
pasado, Medicina Legal había efectuado 4.972
dictámenes; de ellos, 4.309 fueron a menores
de edad, supuestas víctimas de la violación
de la integridad sexual.
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Los agresores generalmente
buscan víctimas menores de 14 años, porque en
la mayoría de las ocasiones, son las más vulnerables.
Esto obedece a que cuando un menor tiene más de 16 años,
su comportamiento es más defensivo y tiene menos
reparos para denunciar al culpable, dice Silvia Torres,
psicóloga coordinadora de la Casa del Afecto.
Se considera, según el ICBF, que en un 80% de los casos
de abuso sexual infantil, el menor conoce al abusador. Los agresores
son generalmente personas cercanas al niño o niña,
padrastros, padres, tíos, profesores, porteros, conductores
de transporte escolar, tenderos, entre otros.
El abuso familiar es el más complejo de todos, puesto
que suele ser repetitivo, escondido, sin violencia, con un tinte
seductor y un halo de confianza; estos problemas se deben, en
gran parte, al cambio de la estructura familiar a través
de la historia. Ahora las familias no son conformadas sólo
por padre, madre e hijos, pues también intervienen en
la estructura familiar personas cercanas y en algunos casos,
extraños. Tal es el caso de las familias de tíos
y sobrinos, abuelos y nietos, madre, padrastro e hijos o viceversa.
Frente a este fenómeno, Luz Elena Betancur, trabajadora
social del ICBF, sugiere la conservación de la
estructura familiar y la ayuda profesional para las familias
secularizadas que, en la mayoría de los casos, son hogares
en los que ha existido algún tipo de problema: abandono,
muerte, entre otros. Gloria Carvalho añade que
la familia misma debe ser el núcleo al cual se
dirige la ayuda, siempre y cuando esté dispuesta a colaborar. |
¿Quién
obliga? ¿Quién ayuda?
Según lo expresa el concejal de Medellín,
Luis Bernardo Vélez Montoya, en el Proyecto de Acuerdo
No. 186 de 2006, el 60% de la población colombiana se
encuentra bajo la línea de pobreza y de ésta,
el 40% bajo la línea de indigencia; estas situaciones
hacen que Colombia sea un país donde aumente el riesgo
de cualquier tipo de abuso. Vale la pena anotar, como lo expresa
Isabel Cuadros, psiquiatra especialista en violencia, que hay
que abandonar los mitos frecuentes de abuso sexual y entender
que, casi en un 80%, éstos no se dan con penetración.
La ley colombiana no castiga todos los tipos de violencia sexual
infantil. No obstante, casos como el acceso carnal violento,
sí son juzgados. La violación, como lo expresa
Gilberto García, jefe de la Unidad de Delitos Sexuales
de la Fiscalía, es condenada tanto en el Código
Penal como en el Código del Menor: Lo que se recomienda
cuando hay un caso de violación, es conservar la ropa
usada en el momento de la agresión, en especial la interior.
Si existe la posibilidad, la víctima no debe bañarse
y debe buscar ayuda inmediata.
Según los estudios psicológicos, un 30% de los
menores víctimas de abuso sexual tienden a ser abusadores
en el futuro. Por motivos como éste, las instituciones
mantienen una serie de proyectos en favor del correcto desarrollo
de los niños. Dice el pediatra Julio Correa, que es
más importante hacer énfasis en las campañas
de buen trato, en vez de seguir promulgando los casos de violencia.
A propuestas como ésta se han unido diferentes entidades
como el ICBF, institución nacional encargada de los menores
en riesgo. Magnolia Giraldo Duque, directora del ICBF, regional
Antioquia, indica estar satisfecha con las cifras, porque aunque
se conocen pocos casos, la cultura de la denuncia está
creciendo gracias a todas las campañas, y en todos estos
procesos sale ganando el niño.
Prevenir el abuso sexual infantil es un trabajo conjunto, donde
intervienen la sociedad, las instituciones y el Estado, mediante
el trabajo de la educación sexual y familiar. Cualquier
ciudadano está en el deber y la obligación de
denunciar los casos de abuso sexual. Revelar la identidad no
es un requisito para establecer la denuncia, según el
ICBF. Lo más importante es tener datos precisos de nombres
y ubicación de las víctimas. |

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