MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 326 NOVIEMBRE DEL AÑO 2025 ISNN 0124-4388
En Colombia, muchas personas que conviven con trastorno afectivo bipolar no siempre pueden manifestarlo, debido a diagnósticos incorrectos, estigmas y miedo al juicio social. La enfermedad altera el estado de ánimo, alternando episodios de euforia y profundas depresiones, así como cuadros maníacos e hipomaníacos.
A través del blog de la Clínica Medellín, en el documento Trastorno afectivo bipolar: Comprendiendo una enfermedad compleja, la doctora Sandra Elena Zapata, psiquiatra de la Clínica Medellín, explica que para diagnosticar el trastorno es necesario que la persona experimente episodios depresivos y maníacos o hipomaníacos. Los episodios depresivos duran al menos dos semanas y se caracterizan por ánimo decaído, pérdida de motivación, disminución del disfrute y alteraciones del sueño y apetito.
Los episodios maníacos, con duración mínima de cinco días, se manifiestan con euforia, irritabilidad, hiperactividad, pensamientos acelerados y conductas impulsivas de alto riesgo. La hipomanía es menos intensa, dura entre dos y tres días y genera menor disfuncionalidad. Algunos casos pueden incluir psicosis con ideas delirantes o alucinaciones.
El diagnóstico es clínico y se basa en criterios definidos, con causas principalmente genéticas y hereditarias. El tratamiento es farmacológico, mediante estabilizadores del ánimo como litio, ácido valproico y carbamazepina; en casos severos puede requerir hospitalización. La adherencia terapéutica es fundamental para preservar la funcionalidad.
Tras episodios maníacos intensos suelen aparecer fases depresivas. Signos de alerta frecuentes son logorrea, grandiosidad y disminución del sueño. Sin tratamiento adecuado, puede presentarse deterioro cognitivo y funcional, aunque los pacientes adherentes llevan vidas productivas e incluso ocupan cargos de alta responsabilidad.
A pesar de su impacto, el trastorno continúa siendo poco visible para el sistema de salud debido a diagnósticos erróneos, estigmas, desabastecimiento de medicamentos y escasa educación sobre salud mental. Esto agrava la problemática y genera interrogantes ciudadanos frente a la respuesta del sistema de salud colombiano.
A nivel global, el trastorno afecta al 0,5 % de la población (aprox. 37 millones de personas). La cobertura del tratamiento suele ser baja, especialmente en países de ingresos medianos y bajos.
En Colombia, en 2023 se registraron 200 casos por cada 100.000 habitantes. Las mujeres representan el 60 % de los diagnósticos y tienen mayor riesgo que los hombres. Los departamentos con más reportes son Santander, Antioquia, Bogotá y Valle. Las áreas urbanas concentran mayor diagnóstico, aunque el subregistro puede ser elevado.
Según el estudio Trastorno afectivo bipolar y trastorno por uso de sustancias. Prevalencia y factores asociados a la patología dual en población general de Colombia publicado en la Revista Colombiana de Psiquiatría, el 92 % de los pacientes presenta comorbilidades, principalmente ansiedad, trastornos de conducta y déficit de atención. También aumenta el riesgo de conducta suicida y consumo problemático de sustancias.
Otro estudio, llamado Con qué medicamentos están siendo tratados los pacientes con trastorno afectivo bipolar en Colombia, evidenció que el 60,6 % de los pacientes recibe monoterapia y más del 50 % recibe tratamientos inadecuados, lo que favorece recaídas, hospitalizaciones y afecta la calidad de vida de las personas.
Las principales barreras de acceso son gubernamentales, personales, familiares, sociales e institucionales, evidenciando la persistencia del estigma y la ineficiencia en la atención.
En 2025 entró en vigencia la Ley 2460 y la Política Nacional de Salud Mental 2024-2033, que propone atención integral con enfoque en derechos humanos, curso de vida y género. Sin embargo, la crisis del sistema, la falta de especialistas y la discontinuidad en medicamentos afectan los tratamientos. Además, la política carece de un plan de financiación claro, lo que preocupa a asociaciones médicas, que solicitan continuidad terapéutica y formación profesional de calidad.
La ley facilita el ingreso directo a psicología, amplia la cobertura profesional con servicio social obligatorio, aumenta cupos de psiquiatría y obliga al Invima a garantizar el abastecimiento de medicamentos.
También crea agentes comunitarios para primeros auxilios psicológicos y establece campañas educativas desde la infancia. Los medios públicos deberán divulgar contenidos sobre autocuidado y manejo emocional. Según Velázquez, es clave diferenciar entre salud mental y trastorno mental.
El reto social es visibilizar los trastornos, educar para derribar estigmas y garantizar continuidad terapéutica y farmacológica. Se requiere que cada proceso cuente con diagnóstico, seguimiento y tratamiento adecuados, para que la salud mental deje de ser un privilegio y se consolide como un derecho ciudadano.
Si usted está interesado en alguno de los libros de la Editorial San Vicente Fundación, ingrese al siguiente link, acceda a nuestro catálogo y realice su proceso de compra
Visitar catálogo
Tel: (4) 516 74 43
Cel: 3017547479
diana.arbelaez@sanvicentefundacion.com