Para el ciudadano común y aun para los enterados, resulta
imposible tener clara visión de la numerología y
terminología que cayó sobre el sector salud a partir
de la llegada de la ley 100 de 1993. Ni los más expertos
entienden su propia jerigonza; y adicionalmente la telaraña
que existe es tal, que la fatiga desespera y la gente desiste
de saber dónde fue que quedó la plata que dijo el
gobierno de entonces, con el ministro de salud a la cabeza, que
llegaría a chorros y que por fin todos, absolutamente todos,
tendríamos oportunidades reales de alcanzar los servicios
de salud que necesitáramos.
El día del foro sobre el tema, porque con toda seguridad
llegará, se dirá que los escenarios variaron, que
tal cosa y que tal otra. Esto lo viviremos en su momento; entre
tanto los pacientes: niños, madres, campesinos trabajadores,
en fin todos los enfermos que llegan desde los campos lejanos
a los hospitales de los municipios, no encuentran nada, nada para
su salud; las oportunidades se esfumaron; los hospitales no se
cierran, pero están cerrados. Se recibe pero no se atiende;
no se pagan los salarios, no hay con qué; no se entrega
un medicamento, pues no existe; nadie sabe nada y nadie pregunta
nada y en momentos de enfermedad como esos, como los que vive
la gente común de los campos colombianos, la angustia no
deja, no da lugar y tampoco se tienen alientos ni autoridad para
interrogar. En ninguna parte hay respuestas; todos tienen sus
dudas; nadie entiende nada de lo que pasa; parece que nadie sabe
la verdad. Pero la verdad es una: no hay dinero; sin dinero no
hay salud; con las deudas vivas y las facturas vencidas sobre
el escritorio del director, no se puede surtir la farmacia; con
la cartera no se construye un quirófano, ni una sala de
partos, ni se compra una cuna de lactante.
El Sistema de Seguridad Social es una madeja, como una estopa
que se anuda a sí misma cada vez más y el nuevo
nudo genera otros y la secuencia del laberíntico hilo está
perdida. El Sistema de Seguridad Social que hoy tenemos, no es
el mismo que se planteó inicialmente. El origen y la composición
de las cuentas, los trámites, las siglas, los porcentajes
y las limitaciones, entre otros elementos, conforman una fórmula
imposible y compleja generada por él mismo. Es como si
el sistema llevara en su esencia su propia confusión. Y,
entre tanto, se dan vueltas y más vueltas que generan más
dificultades y se pone un parche para tapar un escape o un vacío
y éste se presenta más adelante y entonces es necesario
poner otro y entonces se va hacia atrás y así, en
ese desespero, no se hallan soluciones, por el contrario, surge
más confusión.
El solo hecho de eliminar la intermediación de recursos
en el sistema, al menos en el régimen subsidiado, aliviaría
a los hospitales y por supuesto también a los enfermos
y eliminaría trámites, esperas y la tenebrosa y
sórdida corrupción.
Con la teoría de que plata es buena aunque sea prestada,
aparecen intermediarios e intermediarios de intermediarios y más
pasos innecesarios y redundantes que le hacen la vida difícil
y compleja a los hospitales. Los directores ya lo han manifestado
muchas veces y han presentado alternativas de solución
a los problemas financieros que les entorpecen la asistencia.
Es preciso hacer el Sistema de Seguridad Social más amable,
más ágil y más práctico. Donde los
recursos sí existan y sí fluyan. La situación
de los hospitales de los municipios clama por esto. De lo que
hoy vivimos en salud ya conocemos sus inconvenientes y debilidades
y por esto, en adelante, es obligatorio plantear soluciones, no
con adivinanzas sino con visión 20/20.