MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 3    NO 33   JUNIO DEL AÑO 2001    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co
Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Alberto Uribe Correa, Augusto Escobar Mesa, Juan Guillermo Maya Salinas, José María Maya Mejía. Editora: Albaluz Arroyave Zuluaga. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez.
20/20

Para el ciudadano común y aun para los enterados, resulta imposible tener clara visión de la numerología y terminología que cayó sobre el sector salud a partir de la llegada de la ley 100 de 1993. Ni los más expertos entienden su propia jerigonza; y adicionalmente la telaraña que existe es tal, que la fatiga desespera y la gente desiste de saber dónde fue que quedó la plata que dijo el gobierno de entonces, con el ministro de salud a la cabeza, que llegaría a chorros y que por fin todos, absolutamente todos, tendríamos oportunidades reales de alcanzar los servicios de salud que necesitáramos.
El día del foro sobre el tema, porque con toda seguridad llegará, se dirá que los escenarios variaron, que tal cosa y que tal otra. Esto lo viviremos en su momento; entre tanto los pacientes: niños, madres, campesinos trabajadores, en fin todos los enfermos que llegan desde los campos lejanos a los hospitales de los municipios, no encuentran nada, nada para su salud; las oportunidades se esfumaron; los hospitales no se cierran, pero están cerrados. Se recibe pero no se atiende; no se pagan los salarios, no hay con qué; no se entrega un medicamento, pues no existe; nadie sabe nada y nadie pregunta nada y en momentos de enfermedad como esos, como los que vive la gente común de los campos colombianos, la angustia no deja, no da lugar y tampoco se tienen alientos ni autoridad para interrogar. En ninguna parte hay respuestas; todos tienen sus dudas; nadie entiende nada de lo que pasa; parece que nadie sabe la verdad. Pero la verdad es una: no hay dinero; sin dinero no hay salud; con las deudas vivas y las facturas vencidas sobre el escritorio del director, no se puede surtir la farmacia; con la cartera no se construye un quirófano, ni una sala de partos, ni se compra una cuna de lactante.
El Sistema de Seguridad Social es una madeja, como una estopa que se anuda a sí misma cada vez más y el nuevo nudo genera otros y la secuencia del laberíntico hilo está perdida. El Sistema de Seguridad Social que hoy tenemos, no es el mismo que se planteó inicialmente. El origen y la composición de las cuentas, los trámites, las siglas, los porcentajes y las limitaciones, entre otros elementos, conforman una fórmula imposible y compleja generada por él mismo. Es como si el sistema llevara en su esencia su propia confusión. Y, entre tanto, se dan vueltas y más vueltas que generan más dificultades y se pone un parche para tapar un escape o un vacío y éste se presenta más adelante y entonces es necesario poner otro y entonces se va hacia atrás y así, en ese desespero, no se hallan soluciones, por el contrario, surge más confusión.
El solo hecho de eliminar la intermediación de recursos en el sistema, al menos en el régimen subsidiado, aliviaría a los hospitales y por supuesto también a los enfermos y eliminaría trámites, esperas y la tenebrosa y sórdida corrupción.
Con la teoría de que plata es buena aunque sea prestada, aparecen intermediarios e intermediarios de intermediarios y más pasos innecesarios y redundantes que le hacen la vida difícil y compleja a los hospitales. Los directores ya lo han manifestado muchas veces y han presentado alternativas de solución a los problemas financieros que les entorpecen la asistencia.
Es preciso hacer el Sistema de Seguridad Social más amable, más ágil y más práctico. Donde los recursos sí existan y sí fluyan. La situación de los hospitales de los municipios clama por esto. De lo que hoy vivimos en salud ya conocemos sus inconvenientes y debilidades y por esto, en adelante, es obligatorio plantear soluciones, no con adivinanzas sino con visión 20/20.

 




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