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Reflexión
del mes
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"Sin
exageración puede afirmarse que la ciencia ética
de Sócrates, que ocupa el lugar central en los
diálogos de Platón, habría sido
inconcebible sin el procedimiento de la medicina. De
todas las ciencias humanas entonces conocidas, incluyendo
la matemática y la física, la medicina
es la más afín a la ciencia ética
de Sócrates.
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Sin
embargo, la medicina griega no merece ser tenida en cuenta
solamente como antecedente de la filosofía socrática,
platónica y aristotélica en la historia
del espíritu, sino además porque por vez
primera la ciencia médica, bajo la forma que entonces
revestía, traspasa los linderos de una simple profesión
para convertirse en una fuerza cultural de primer orden
en la vida del pueblo griego".
(En:
Paideia, Cap. I: La medicina griega,
considerada como Paideia) |
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Werner Jaeger (Alemania 1888 Estados
Unidos 1961). Filósofo y filólogo alemán.
Fue profesor en Berlín hasta 1934, año en
que emigró a Estados Unidos, donde ejerció
la docencia en las universidades de California, Chicago
y Harvard. Relevante estudioso de la Grecia clásica,
es autor de Aristóteles (1923), Paideia (1934)
y La teología de los primeros filósofos
griegos (1952). |
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'Ni tanto que
queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre'.
Refrán popular castellano
En todos los tratados que dan cuenta sobre los orígenes
de la industria de medicamentos, se repite una y otra vez que
la industria farmacéutica surgió a partir
de una serie de actividades diversas relacionadas con la obtención
de sustancias utilizadas en medicina; así de simple,
la industria de medicamentos se desarrolló en función
de la necesidad que |
tienen
los médicos para prescribir un tratamiento a quienes
les consultan porque están enfermos.
La industria farmacéutica
como la conocemos hoy, acompaña a la humanidad desde
hace dos siglos, cuando en 1820 el francés Joseph Pelleterier
preparó Quinina del alcaloide extraído de la corteza
de quina y posteriormente la farmacia de T.H. Smith Ltd. en
Edimburgo y otras más en Europa, utilizando preparaciones
normalizadas que les permitían producir estas sustancias
de manera industrial, comercializaron éste y otros principios
activos como atropina y estricnina.
No es de extrañar que siempre haya existido, y pudiera
decirse que siempre existirá, una estrecha relación
entre los médicos y la industria farmacéutica,
pues los profesionales de la salud siempre han requerido, y
requerirán, nuevas alternativas terapéuticas para
sus pacientes. Asimismo, el desarrollo de medicamentos siempre
demandará de una u otra forma, de la participación
del conocimiento médico. Es más que un simple
decir: el desarrollo farmacéutico y el conocimiento médico
se necesitan mutuamente, y el perfeccionamiento del uno implica
ineludiblemente el del otro.
Sin embargo, algunos consideran que los médicos y la
industria farmacéutica no deben, ni pueden relacionarse
de manera alguna, y que todo médico que trabaje para
la industria de alguna forma, sea porque presta sus servicios
como asesor científico o investigador, o porque trabaja
directamente con ella, pierde automáticamente sus valores
y su capacidad para actuar de forma independiente. Nadie pretende
negar que se han dado situaciones infortunadas que comprometen
a unos y otros, que merecieron la justa crítica de muchos;
pero algún trecho va de ajustar las relaciones médico-industria
-debido a que han existido dificultades que se han debido y
deben controlarse-, a aceptar doctrinas de Talibanes tan de
moda por estos días, que amenazantes señalan que
los médicos no pueden acercarse de ningún modo
a la industria que investiga, desarrolla y provee medicamentos.
Es indiscutible que las relaciones entre la industria farmacéutica
y los médicos requieren claros parámetros que
permitan a unos y otros, desarrollar sus actividades con independencia,
ética, profesionalismo, y anteponiendo siempre el interés
último que los debe impulsar, cual es, la atención
de los pacientes. Por ello, la industria farmacéutica
de investigación en Colombia viene ajustando de manera
sistemática su 'Código de Ética para la
promoción de medicamentos y su relación con los
profesionales de salud' -más conocido como 'Código
de Afidro'-, un acuerdo entre las principales compañías
farmacéuticas de investigación en el país,
que regula cómo deben promocionarse los medicamentos
ante profesionales de la salud y cuáles deben ser los
principales aspectos que deben regir la relación con
los médicos en aspectos tan sensibles como Investigación
Clínica, Educación médica, Eventos, Consultoría
y Calidad de los medicamentos.
El Código de Afidro busca que las relaciones de
la industria farmacéutica de Investigación y Desarrollo
con los profesionales de la salud propendan por el beneficio
del paciente, que apoyen una sana práctica de la medicina
y demás profesiones relacionadas con la salud de los
colombianos, por medio de la entrega de información científica
y educativa veraz, debidamente soportada, así como el
apoyo a la investigación y el desarrollo. De igual
forma establece su compromiso con el respeto de los más
elevados estándares, en todas sus actividades de comercialización.
El Código de Afidro puede consultarse en http://www.
afidro.org/img/documento /Nuestro_Codigo_de_etica.pdf.
Uno de los aspectos más inquietantes es: ¿Cómo
hacer en lo tocante a Educación Médica? Para nadie
es un secreto que la industria farmacéutica es uno de
los actores que más ampliamente ha participado en el
desarrollo de eventos e iniciativas orientadas a que los médicos
se capaciten. Ante la casi nula oportunidad de educación
médica de los profesionales de la salud hoy en día
en Colombia, y ante las muy limitadas condiciones económicas
que les ha impuesto el sistema de salud, las opciones de capacitación
ofrecidas por la industria farmacéutica no deben descartarse
cuando ellas se dan en un contexto de respeto y comportamiento
ético. Indudablemente, los seminarios, congresos y demás
encuentros científicos deben plegarse a estrictos estándares
que busquen la capacitación real de los profesionales
de salud, más allá de los intereses de terceros.
Asimismo, se quiere estimular la Investigación Clínica
realizada bajo estrictos estándares éticos, y
bajo la premisa que debe cumplirse siempre con todos los requisitos
de la Buena Práctica Clínica. Estas investigaciones
realizadas por médicos y científicos se convirtieron
en una importante actividad que aporta nuevos datos para el
desarrollo de medicamentos, transfiere conocimientos y tecnologías,
y es fuente de importantes recursos para muchos centros de investigación
en el país. Para fortuna de todos, este tipo de investigación
ha aumentado en Colombia gracias a la calidad de los profesionales
de salud, a que existen reconocidos centros de investigación
y una muy exigente regulación, además de requerirse
la participación de Comités de Ética para
llevar a cabo las investigaciones.
Ahora se promueve de manera activa ante las diferentes sociedades
médicas, la revisión del Código de Ética
de Afidro, con el fin de que adopten planteamientos allí
descritos o que adapten algunos de ellos en sus propios Códigos
de Ética, convencidos que la adecuada relación
médicos-industria y su independencia de criterios, deben
buscarse afanosamente. Igualmente se buscan acercamientos con
la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas
-ACSC- y la Asociación de Facultades de Medicina -ASCOFAME-.
Conscientes que la regulación sobre publicidad de medicamentos
no es suficiente para dar adecuado alcance a los temas de promoción
de medicamentos ante los médicos, es necesario adoptar
Códigos de conducta que preserven la ética y la
competencia leal entre las compañías. Por ello
es impostergable también, que la industria de copias
y genéricos que opera en el país participe de
estas iniciativas. Hoy el Código de Ética para
prácticas promocionales de la Industria Farmacéutica
es único en Colombia, y son signatarios del mismo compañías
como AstraZeneca, Bayer-Schering, Boehringer Ingelheim, Bristol-Myers
Squibb, Elly Lilly, Genzyme, GlaxoSmithKline, Janssen-Cilag,
Merck Merck Sharp & Dohme, Novartis, Pfizer, Roche, Sanofi
Aventis, Schering Plough, Wyeth, Zambon.
Los debates y señalamientos siempre existirán,
pero toda iniciativa orientada a mejorar la relación
entre profesionales de salud y la industria farmacéutica,
contribuirá como garantía para una mejor atención
al paciente y para preservar la confianza en la relación
médico-paciente. |
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Bioética
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Dos de los argumentos más frecuentemente presentados
a favor de la eutanasia son: primero, evitar al enfermo sufrimientos
inútiles que menoscabarían su dignidad humana;
y segundo, que la no aceptación de esta práctica
es una cuestión religiosa. Ambos argumentos indican ignorancia
de quien los presenta o, peor aún, mala fe porque tratan
de ocultar la verdad sobre el tema. |
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La eutanasia, por definición, es la supresión
de la vida de un enfermo en fase terminal, con el fin de evitarle
dolores o sufrimientos. Esgrimir esta razón es ignorar
que la obligación del médico, obligación
ética, es administrar al paciente los fármacos
disponibles que alivien plenamente tanto sus dolores físicos
como su sufrimiento psíquico. Insisto: es deber del
médico, y falta gravemente si no está atento
a ello, calmar los dolores que atormentan al enfermo así
la substancia de que disponga y las dosis exigidas tengan
efectos secundarios no deseados pero inevitables como el embotamiento
o pérdida de la conciencia, o los que afecten otras
funciones -respiratoria, circulatoria, etc.-. Es su responsabilidad
procurar una «atención al moribundo -y agrego
yo, al enfermo terminal- con todos los medios que posee actualmente
la ciencia médica: para aliviar su dolor y prolongar
su vida humana», como lo enseña Vidal. Más
aún, es su deber velar por que su labor sea oportuna
y adecuada y satisfaga aspectos humanos tales como afectos,
confianza, aspectos religiosos, legales, etc. Y consideramos
medidas terapéuticas necesarias, debidas y con sentido,
la adecuada hidratación y la alimentación del
paciente por medios ordinarios, proporcionales, no extraordinarios.
Es un deber ineludible de todo profesional del área
de la salud no acortar la vida ni prolongar la agonía
más allá del límite biológico
esperado, oportuno, natural, de las reservas biológicas
propias de cada organismo -lo que se conoce como ortotanasia-.
Es clara la diferencia entre matar o eutanasia
y dejar morir u ortotanasia.
Desde la ética personalista el médico ni ninguna
persona del área de la salud puede éticamente
disponer de la vida del paciente ni por acción directa
ni por omisión -acción por omisión-;
tampoco es ético caer en el encarnizamiento clínico.
Destruir a un ser humano que no ha cometido ningún
delito, ninguna falta, y que está sometido a una condición
intrínseca de su existencia, no es dignificarlo ni
respetarlo así se haga por compasión, por amor.
Matar por amor o por compasión también es matar,
es suprimir una vida humana injustamente.
El argumento de que son las religiones, especialmente la católica,
las que se oponen a la práctica y despenalización
de la eutanasia es igualmente falaz e indica ignorancia o
mala fe. Cualquier médico medianamente informado sobre
su profesión sabe, o mejor debe saber, que en el Juramento
llamado hipocrático -hórkos- proclamado entre
lo siglos V y IV antes de Cristo, el voto cuarto afirma: «No
daré a nadie, aunque me lo pida, ningún fármaco
letal ni haré semejante sugerencia. Igualmente tampoco
proporcionaré a mujer alguna un pesario abortivo. En
pureza y santidad mantendré mi vida y mi arte».
La antopología filosófica condena el aborto,
la eutanasia, el suicidio asistido y exige al
médico y a todo aquel que esté al cuidado del
paciente terminal con toda claridad, que entre su deber frente
al ser humano enfermo no se interpondrá ningún
interés político, económico, religioso,
racial, social, etc.
La historia y el êthos de la medicina nos muestran que
el sanador o médico tiene como misión
esencial el cuidar de la vida en general y de la humana en
particular, y que en las culturas en las que se practicaban
sacrificios humanos él -el sanador- no
participaba, y dichos sacrificios los realizaban sacerdotes.
Si se contamina la misión del médico con la
del verdugo, cualquiera sea la razón que se dé
para ello, traerá como consecuencia que el paciente
pierda la esencial confianza en el profesional médico
y en el personal del área de la salud.
En la decisión eutanásica la intención
es obviamente la de poner fin por medios externos -omisión
o comisión- a la vida de una persona, cuya dignidad
no se pierde porque esté en la fase terminal. En decisión
ortotanásica la intención y la acción
de la voluntad expresan el reconocimiento de las limitaciones
biológicas de toda vida, a las de la medicina, a las
del médico, pero prestando siempre al enfermo en fase
terminal todos los auxilios que le ayuden a vivir con dignidad
su estar muriendo.
La misión del médico es según Laín
Entralgo:«Curar con frecuencia; aliviar siempre; consolar
aliviando no pocas veces; consolar acompañando, en
todo caso [...] como en la época de Bérard y
Gluber -más aún como siempre-, allá donde
no puede llegar la técnica debe llegar la misericordia».
La misericordia como técnica médica de gran
eficacia para el bien del paciente, que es el sentido fundamental
de la medicina.
Nota: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano
de Bioética -Cecolbe-
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