MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 321 JUNIO DEL AÑO 2025 ISNN 0124-4388
Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de mortalidad en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se estima que más del 50 % de esas muertes, que son prematuras y evitables, están directamente vinculadas a un asesino silencioso: la hipertensión arterial. Esta enfermedad crónica ocurre cuando la presión de la sangre en los vasos sanguíneos es demasiado alta (140/90 mmHg o más).
Es por esto que cada 17 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Hipertensión, una fecha clave para generar conciencia sobre la importancia de prevenir, diagnosticar y controlar esta condición de salud que representa uno de los principales factores de riesgo de infarto y accidente cerebrovascular, con un agravante común y peligroso: no presenta síntomas evidentes.
Sin embargo, puede manifestarse con indicadores inespecíficos cuando ya ha alcanzado un estado grave que pone en riesgo la vida del paciente, como dolores de cabeza, falta de aire, dolor en el pecho, náuseas, visión borrosa, zumbidos en los oídos, dificultad para respirar, palpitaciones o alteraciones del ritmo cardíaco.
De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), más de una cuarta parte de las mujeres adultas y cuatro de cada diez hombres adultos en América tienen hipertensión, y el diagnóstico, el tratamiento y el control son insuficientes. Las personas con menos recursos socioeconómicos tienden a tener mayor riesgo de padecer enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares.
En Colombia, con corte al 29 de febrero de 2024, fueron informadas a la Cuenta de Alto Costo un total de 5.803.809 personas con diagnóstico de hipertensión arterial, lo que corresponde a una prevalencia cruda de 10,87 casos por cada 100 habitantes.
De acuerdo con el médico internista de la Universidad Javeriana, Andrés Felipe Flórez, aunque la enfermedad no tiene cura, su manejo se basa en reducir la presión arterial y controlar los factores de riesgo, ya que, a largo plazo, esta patología puede provocar complicaciones graves como infarto agudo de miocardio, accidente cerebrovascular (tanto hemorrágico como isquémico) o daños en órganos como los ojos, los riñones y el cerebro.
De hecho, la hipertensión es una de las principales causas del síndrome cardiorrenal: como consecuencia de la presión arterial alta, los vasos sanguíneos del corazón y los riñones se dañan, lo que favorece la aparición de insuficiencia en ambos órganos.
La hipertensión no tratada puede desencadenar un infarto del miocardio, una enfermedad cerebrovascular o una enfermedad renal crónica que requiera diálisis, lo que implica costos mucho más altos en comparación con un paciente con hipertensión arterial que solo necesita el uso adecuado de medicamentos para controlar la enfermedad. Así lo afirmó el doctor Felipe Lozano, cardiólogo clínico del Hospital Pablo Tobón Uribe.
Para controlar las preocupantes cifras, es necesario priorizar la educación en salud a nivel general, de modo que los esfuerzos en las políticas de salud pública se centren en la prevención. Así se reducirían los gastos en salud y se acortaría la brecha socioeconómica de acceso al sistema, especialmente entre las personas de bajos recursos.
Aunque la enfermedad es de etiología multifactorial, en la que influyen factores genéticos, comportamentales, renales, neurales, socioeconómicos, psicosociales y ambientales, adquirir hábitos saludables que mejoren la calidad de vida —como seguir una dieta saludable y baja en sal, perder peso, practicar actividad física y dejar de fumar— influye positivamente en la reducción del riesgo y permitiría evitar cerca de 3.5 millones de muertes en los próximos años, según proyecciones de la OPS. De acuerdo con el doctor Lozano, la prevención es más beneficiosa para un sistema de salud que está económicamente golpeado.
Además, es necesario aumentar los exámenes regulares de presión arterial en la población adulta, sobre todo en grupos de riesgo: mayores de 60 años, personas con antecedentes familiares de hipertensión, personas con sobrepeso u obesidad, pacientes con enfermedades crónicas, personas sedentarias y población en condición de pobreza.
Ante la creciente prevalencia de la hipertensión arterial en el país y sus graves consecuencias para la salud pública, el Gobierno nacional reforzó su llamado a la acción con un enfoque preventivo y pedagógico. “Tomar la presión arterial con calma y de manera precisa puede salvar vidas. Por eso, la invitación es, por un lado, a que las personas tomen medidas de prevención y, por otro, a que los centros de salud de todo el territorio colombiano realicen jornadas permanentes de salud y talleres de pedagogía para enseñarle a los habitantes del país a tomar su presión con precisión y llevar así una vida más larga y saludable”, afirmó Guillermo Alfonso Jaramillo, ministro de Salud y Protección Social.
Aunque la hipertensión arterial avanza muchas veces sin dar señales de alarma, sus consecuencias pueden ser fatales. La detección temprana, la adopción de hábitos saludables y el fortalecimiento de estrategias de prevención desde el sistema de salud son medidas urgentes y necesarias para reducir la carga de enfermedad en el país.
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