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Expectativas para los profesionales de la salud

Autor
Por: Yuly Andrea Atehortúa M.
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A raíz de las recientes situaciones vividas por el personal de salud, se puso nuevamente sobre la mesa una problemática fundamental del sistema, con múltiples aristas a considerar, lo que plantea una disyuntiva tanto para los estudiantes que aspiran a ser profesionales sanitarios como para los trabajadores en ejercicio.

Los desafíos que enfrentarán en el mercado incluyen bajos salarios frente a altas responsabilidades, ausencia de incentivos, inestabilidad laboral, condiciones deficientes de bioseguridad para ejercer su labor, y una sobrecarga de trabajo asistencial y administrativo.

El presidente de la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina (Ascofame), el Dr. Luis Carlos Ortiz, sostiene que la falta de definición de un modelo de atención en salud para el país ha dificultado que los actores del sistema y las instituciones educativas precisen cuáles son las necesidades específicas, así como el perfil y las competencias profesionales requeridas en el personal de salud. Esto es crucial para atender las necesidades y retos actuales. Aun así, Vélez afirma que universidades y facultades “sí están preocupándose por hacer una lectura de lo que se necesita en el sistema, para ir ajustando sus currículos”.

En 2019, Ascofame lanzó una serie de recomendaciones para la transformación de la educación médica en el país, tanto en pregrado como en posgrado. Estas sugerencias, resultado de un consenso entre las facultades, implican un compromiso de avanzar según las prioridades, velocidad y capacidad de cada una. En términos generales, se sugiere que el futuro profesional se adapte de manera consciente al entorno, a un sistema de salud en evolución y a un país diverso y multicultural en el que debe aprender a desenvolverse.

“Una de las recomendaciones para las facultades es que los estudiantes tengan contacto con la realidad compleja que tenemos en Colombia, buscando que sean líderes transformadores de realidades difíciles en otras más beneficiosas para pacientes y comunidades”, afirma Ortiz.

Sin embargo, la realidad sigue siendo dura. Para el médico laboral y profesor universitario, Néstor Aldemar Morales, las expectativas y desafíos de los estudiantes que aspiran a ingresar al mercado laboral hoy están llenos de incertidumbre. “Hay desesperanza e impotencia en relación con su formación, sus habilidades clínicas y humanas, en el contexto de un sistema de protección social en crisis, con trabajadores en muchos casos tercerizados de manera ilegal. Esto se traduce en falta de autonomía médica, sobrecarga, acoso laboral y temor a las demandas civiles por responsabilidad médica”.

“La falta de garantía de los derechos de los trabajadores”, agrega Morales, “la insuficiente protección en seguridad y salud en el trabajo y los bajos salarios han llevado a normalizar que el médico trabaje más del tiempo completo, hasta tener dos empleos y promediar horarios de más de 300 horas mensuales. Esto tiene efectos adversos como trastornos mentales, riesgo suicida en aumento, así como el síndrome de Burnout”.

Escasez de personal

A la sobrecarga laboral se suma otra arista del problema: la escasez de personal tanto de médicos como de enfermeras en las ciudades, en comparación con los estándares mínimos de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Además, el sistema es incapaz de retener talento humano en zonas rurales y dispersas, situación agravada por la migración a otros países o el cambio de actividad laboral.

“La autoridad sanitaria e instituciones de salud tienen un gran desafío en mejorar la disponibilidad de talento humano. Es difícil pensar que en poco tiempo se pueda formar una gran cantidad de médicos y enfermeras o traerlos de otros países. Hay que ser conscientes de que el proceso educativo requiere tiempo”, afirma el presidente de Ascofame.

En el mercado laboral de la salud en Colombia, la discrepancia entre la formación de profesionales y la disponibilidad de plazas laborales genera un desafío significativo. Con 63 universidades que ofrecen programas de medicina, se gradúan aproximadamente 6 500 médicos al año. Sin embargo, solo se generan alrededor de 1 500 nuevas plazas de trabajo anualmente. Esta brecha plantea una sobreoferta de médicos en comparación con la demanda actual del mercado. Esta desproporción puede resultar en una alta competencia por los puestos disponibles, lo que podría llevar a una reducción en las remuneraciones y condiciones laborales para los nuevos graduados. Además, la falta de un equilibrio adecuado entre oferta y demanda puede derivar en una subutilización de los profesionales capacitados, afectando negativamente la calidad y la accesibilidad de los servicios de salud en varias regiones.

Respecto al déficit de enfermeros en Colombia, la decana de la Facultad de Enfermería del CES, la Dra. Dedsy Yajaira Berbesi Fernández, manifestó que tanto en Colombia como a nivel global no se están formando suficientes profesionales en esa especialidad. Esto explica, en parte, el interés de países europeos como Alemania y Austria en atraerlos con sueldos más competitivos y estabilidad laboral. Además, se calcula que en ocho años Colombia no contará con suficientes enfermeros debido a procesos de jubilación.

Avanzar sin esperar medidas mágicas

Ortiz enfatiza que, mientras se forman nuevos profesionales, es necesario buscar el “mix de estrategias” que puedan ser más efectivas según la región, especialmente en zonas rurales, para distribuir el talento humano y garantizar el acceso a la salud. Entre estas estrategias se encuentran el uso de telesalud y telemedicina, y llevar equipos de salud directamente a las comunidades.

El presidente de Ascofame considera que, a pesar de la promesa incumplida de contar con un marco regulatorio que mejore las condiciones del talento humano en salud —“deuda que no hemos cumplido como país ni como sociedad, y que afecta las expectativas de los jóvenes que desean iniciar una carrera en este campo”—, las instituciones de salud tienen un reto que pueden empezar a cumplir hoy, más allá de esperar que se defina un modelo de salud, un régimen laboral especial o una ley con incentivos para regiones apartadas.

“Con voluntad, esfuerzo y buen manejo de los recursos se pueden lograr muchas cosas”, afirma. Por ejemplo, en cuanto a la formalización, sugiere que tanto las instituciones privadas como públicas avancen en un mejoramiento progresivo de las condiciones laborales, tomen medidas para no sobrecargar al personal manteniendo equipos de salud completos, establezcan turnos más alineados con las necesidades del talento humano, y ofrezcan horarios razonables y descansos.

En las zonas rurales, se deben ofrecer incentivos concretos para atraer y retener al personal, que van desde mejores salarios, condiciones de vivienda y alimentación, hasta la disponibilidad de equipos e insumos básicos para ejercer sin poner en riesgo al paciente ni a sí mismos, y que se reconozca el beneficio que presta el profesional a la comunidad.

Necesidades del país

El año pasado, la Universidad de Antioquia, la Javeriana, la Universidad de los Andes y el CES realizaron varios diálogos públicos donde concluyeron que las necesidades del talento humano en salud en Colombia, a tener en cuenta en la reforma a la salud, incluyen:

- Recibir incentivos, económicos y de otros tipos, para trabajar en los territorios.

- Formar talento humano generalista con capacidad resolutiva.

- Mantener y ampliar el servicio social obligatorio en todas las profesiones de salud.

- Brindar remuneración basada en la carrera y el escalafón profesional.



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