MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 275 AGOSTO DEL AÑO 2021 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter

El PRASS en deuda con la salud pública y el país

Por: Redacción EL PULSO
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Para la médica epidemióloga e investigadora de la universidad CES, Yessica Giraldo, los indicadores que muestran los resultados del PRASS y de los cuales se podrían desprender conclusiones sobre su efectividad para mitigar los efectos del COVID-19 resultan bastante pobres desde su construcción: “El Segcovid muestra unos indicadores muy bajos, el rastreo de contactos, que es un indicador muy importante porque muestra la cantidad de casos que se rastrean por cada caso positivo, dice que en el país apenas se contactan 1,88 contactos, lo que resulta ser muy poco al no llegar ni en el promedio a los dos casos (1,85) y es fácil pensar que en Colombia una persona contagiada tiene más de dos contactos, y más con los tiempos para la entrega de los resultados de las pruebas. En el momento de mayores resultados en el percentil 75 se llega a 3 casos, y en marzo de este año, cuando estaba creciendo el último pico, el rastreo fue de 7 contactos pero solo un día. La mediana nunca llega a 2 y eso es lamentable”.

Un estudio citado por la doctora Giraldo y publicado el 20 de julio pasado, analizó más de un millón 400 mil cadenas de contacto y detectaron que en Colombia si se hiciera rastreo a 5 contactos se disminuiría la mortalidad en un 50 %, lo que mostraría la pobreza del rastreo en el país. “Lo ideal sería rastrear entre 20 y 40 contactos por caso, y en pruebas en promedio en el país solo se hacen 3,5 pruebas por caso, Inglaterra hacía más de 500. En el país la línea que muestra la cantidad de pruebas es casi plana con una constante a la baja y ni siquiera en los picos más altos ha aumentado el número”.

Pero el tema iría más allá de los números y se ubicaría en la definición misma de las acciones establecidas en el PRASS. Como señala la doctora Giraldo, el manual del PRASS habla de contactos registrados pero no necesariamente con un seguimiento efectivo, y cuando se revisan las cifras del componente de seguimiento los indicadores también son muy pobres: “hacer rastreos no es registrar, es hacer la prueba, hacer seguimiento para detectar tempranamente si es un caso positivo o no y así evitar que la persona se vuelva un nuevo agente transmisor”. Y agrega con preocupación: “esto a lo que lleva es a que estos sean unos indicadores de procesos, de registrar casos y contactos pero no hay manera de ver la efectividad y los resultados”.

El Segcovid reporta que en el componente de seguimiento de casos, el porcentaje en el país llega al 90.54 %, pero la definición señala que se entiende para este ítem la cantidad de casos confirmados y sospechosos que las EAPB tienen registrados y que se reportan con seguimiento, y esa condición, según Giraldo, se cumple por ejemplo con que haya contestado una encuesta o una llamada telefónica, con lo que se obtienen números altos de manera fácil. “Este indicador esta sesgado porque al incluir los casos confirmados, el seguimiento también queda registrado, y esto se cumplía con una llamada, es una tarea mínima y por eso el indicador da tan alto pero no ofrece mayores aportes para la toma de decisiones. No se sabe que tan efectivas son las cantidades de pruebas, porque por ejemplo si hago 100 y registro 98, me da un cumplimiento de 98 % pero no sé sabe nada más”.

Indicadores que serían de gran importancia para mirar la evolución de la pandemia en Colombia y medir la efectividad de las estrategias tomadas para enfrentarla no se muestra en los informes del PRASS, como por ejemplo cuantas cadenas de contactos se cortan.

En el indicador del PRASS sobre los viajeros que ingresan al país, se evidencia aun más, para Giraldo, la pobreza de la estrategia: “resulta ineficaz en la medida que se calcula según un reporte de cada viajero y la política sanitaria de otros países que sí exigían la prueba para viajar. La declaración de estado de salud que hacen las personas ante Migración Colombia, en realidad muestra es lo que la persona con su buena o mala voluntad quiera responder, y es obvio la gente no se va a querer aislar porque viene de vacaciones o a hacer negocios, entonces acá se contabiliza la voluntad y solo eso. Lo más grave es que en Colombia no pasa nada nada con quienes dijeron que no se iban a auto aislar o hacerse la prueba”.

Si bien Colombia desde hace muchos meses tomó la decisión de no exigir pruebas PCR a quienes ingresaban al país, y por lo tanto se podría creer que el seguimiento a los viajeros no es un indicador de gran importancia, en el caso de la pandemia el control sobre estas personas podría ser la primera barrera para evitar el ingreso de las nuevas variantes, situación que con el PRASS no se evidencia en la medida que él solo registra información y voluntades, más no establece acciones como los aislamientos.

El PRASS como estrategia

Para la doctora Giraldo, y teniendo en cuenta los resultados en salud pública, puede decirse que el PRASS no ha cumplido su objetivo de contención, y aunque la estrategia no está estandarizada universalmente, en otros países ha sido un éxito porque lo han hecho bien y entre otras razones han tenido como meta desde un principio la supresión. “El solo plantear una meta equivocada implicó que no se dimensionara el alcance real de la pandemia, y cuando se plantea un plan de salud pública que empieza por desconocer el riesgo, de ahí en adelante todo se queda corto”.

Los estudios más recientes, y las cifras, muestran que los países que le apuntaron tempranamente a la supresión les está yendo mejor en resultados en salud e incluso en lo socioeconómico, en cambio los que le han apostado a la mitigación o contención tienen los peores resultados.

Frontino, un municipio ubicado en la subregión del occidente antioqueño, con una población plurietnica que apenas supera los veinte mil habitantes, es un buen ejemplo de la realidad que se vive en el país por fuera de las capitales. Su secretaría de salud, Claudia González, considera que al pasar la responsabilidad del PRASS a las EAPB se perdió la posibilidad de control integral de los contactos en la medida que ellas no conocen a toda la población, y si bien se pueden relacionar bien con sus afiliados, la fragmentación no permite la integralidad.

En relación con la implementación del PRASS frente a las comunidades indígenas la principal brecha ha sido la cultural: “nos hemos reunido con los líderes indígenas, la EAPB indígena, convocado a reuniones, pero los resguardos y sus líderes están reacios no solo a la vacunación sino a la búsqueda activa de casos, sintomáticos o asintomáticos, porque, su cosmogonía, les indica que se tratan con sus plantas tradicionales. Desde la OIA (organización indígena de Antioquia) se ha tratado de socializar el tema pero a ellos les ha faltado articulación con el sistema indígena de salud y no se ve una apropiación en estas culturas”.

¿Es posible suprimir el OVID-19?

Si bien por ahora no es posible eliminar el virus, si se puede suprimir, afirma Yessica Giraldo, lo que objetivamente quiere decir llegar a una tasa de reproducción (RT) menor a 1, ya que cuando es superior la tendencia es a la expansión y entre más alto, el crecimiento es más exponencial. “La supresión quiere decir mantener un RT por debajo de 1 y eliminación, siendo estrictos sería cero (lo que se logró en los años 80 con la viruela). Ese compromiso en el país de un RT menor a 1 no se ha planteado, y significaría la existencia de transmisión pero controlada”. “Trabajar con la meta de la mitigación es peligroso porque es permitir que el virus tenga una tendencia a la expansión y el riesgo es que se desborde en cualquier momento, como sucedió con esta última ola que se extendió cuatro meses; y ese es el riesgo de tener una política de mitigación”..

Un elemento aún más peligroso es que hasta ahora se desconocen los efectos que dejará el COVID en la salud de largo plazo. Ocho de cada diez personas que estuvieron contagiadas presentan al menos un síntoma persistente y eso aumentará la carga de enfermedad con efectos en la productividad del país, pero además sobre el sistema de salud que no se está reacomodando aun para este desafío.

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