MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 275 AGOSTO DEL AÑO 2021 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com icono facebook icono twitter

Urge redoblar esfuerzos para proteger a las gestantes

Por: Jessica Serna Sierra
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El pasado 23 de julio comenzó la vacunación para madres gestantes y con ella la esperanza de reducir la mortalidad materna, cuyas cifras son alarmantes: en 2020 los casos aumentaron en un 38,4 % en el país, respecto a reportes de 2019. Y no es que el COVID-19 fuera la causa de mayor incidencia en estas muertes, sino también, posiblemente, los efectos indirectos de la pandemia.

En 2020, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Salud (INS) dados a conocer el 28 de mayo, 414 mujeres fallecieron en Colombia por complicaciones durante la gestación, el parto o el postparto. Las causas más comunes de muerte fueron la hemorragia obstétrica, con el 17,9 % de los casos; seguida por el trastorno hipertensivo asociado al embarazo, con el 15,5 %; y la neumonía por COVID-19, con el 13,5 %.

En lo que va de este año las cifras siguen aumentando. Según el boletín epidemiológico del INS de la semana 29 de 2021, con corte al 24 de julio, en el país se registraron 401 muertes maternas, 304 corresponden a mortalidad materna temprana (ocurridas durante el embarazo, parto y hasta los 42 días de terminada la gestación), 79 tardías (ocurridas desde el día 43 hasta un año de terminada la gestación) y 18 por causas coincidentes (lesiones de causa externa), lo que representa un aumento del 48,2 % en la mortalidad materna en Colombia, respecto al mismo periodo 2020. “La razón nacional preliminar es de 88,7 muertes por cada 100.000 nacidos vivos”, alerta el documento.

Las entidades territoriales con los números más altos en lo que va del 2021 son Santa Marta, con 283,9 muertes por cada 100.000 nacidos vivos; Chocó, con 247,5; y Vichada, con 238,9.

Sandra María Vélez Cuervo, directora del Centro Nacer, Salud Sexual y Reproductiva, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, explica que las cifras han aumentado también en otros países de Latinoamérica e incluso del mundo, la diferencia es que en nuestra región ha incidido el hecho de que la pandemia ha aumentado las inequidades.

“Estamos hablando de que para tener una evaluación médica hay que tener internet, aplicativos y otra cantidad de cosas. Entonces si antes teníamos un limitante geográfico, a pesar de que supuestamente la pandemia lo elimina por el favorecimiento de la telepresencialidad, no muchas veces se pueden tener todos los insumos y recursos tecnológicos para el acceso a esa atención”.

En el país han aumentado casi todos los indicadores. Al respecto, Vélez señala algunas posibles explicaciones, a las que Nacer ha llegado a partir de las autopsias verbales (conversaciones con los familiares de las fallecidas). La primera es la subvaloración en el cuadro clínico, y la segunda, el miedo de las pacientes a contagiarse de COVID-19 al asistir a sus consultas.

“En época de pandemia se modificaron los protocolos de cuidado prenatal, las pacientes ya no estaban asistiendo a los ocho controles presenciales que se tenían por normatividad de la Organización Mundial de la Salud, sino que también se alternaba con consultas telepresenciales”, explica la directora de Nacer.

La subvaloración del cuadro clínico puede ocurrir cuando, por ejemplo, se confunde la neumonía con los síntomas iniciales del embarazo (disnea, dificultad respiratoria). Otro caso es el control de la presión arterial durante la gestación, pues hay condiciones que pueden ser asintomáticas y por eso muchas veces no se diagnostican por vía telefónica. Esto puede hacer que cuando la paciente llegue a la institución ya esté con una complicación grave.

Aunque Vélez enfatiza que las teleconsultas no son malas per se, sí aclara que se debe clasificar muy bien a cada paciente y estimar los riesgos. Para la especialista en perinatología, lo mejor es impulsar la cultura del autocuidado entre las madres gestantes y que asistan a los centros de salud si presentan una urgencia.

Frente a la hemorragia obstétrica, la principal causa de mortalidad materna durante 2020 en el país, la experta cree que estas muertes se pueden estar presentando en zonas alejadas: “y también donde la paciente tenía miedo de consultar. Por otro lado, no sabemos qué tanto haya podido impactar esa canalización de esfuerzos en el COVID-19 en disminuir la atención de otros tipos de patologías”, la revisión de cómo fue el acceso a citas de cuidado prenatal en época de pandemia sería un punto importante a investigar.

En el panorama internacional se habla de un déficit de trabajadores que atienden partos. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) en su informe El estado de las matronas en el mundo 2021 estima que, con la actual composición y distribución, el personal que trabaja por la salud sexual, reproductiva, materna, neonatal y del adolescente (SSRMNA) de todo el mundo podría satisfacer el 75 % de las necesidades mundiales de atención esencial en este tema, y en los países de ingreso bajo solo podría satisfacer el 41 %.

Una década perdida

Los comparativos de cifras revelan que se perdió una década en la lucha contra la mortalidad materna. La directora de Nacer confirma que esto es una realidad, incluso señala que en Antioquia “veníamos con una curva hacia la baja entre 2017 y 2019, y se mantuvo muy estable porque las tazas estaban entre 21 y 25 muertes, ahora volvimos a 40, el valor de 2010”.

Además, la experta señala que “se conservan las relaciones del aporte de población migrante a estas cifras. En el último quinquenio esta mortalidad ha disminuido mucho porque las instituciones se han acercado a estas comunidades”.

Para afrontar esta problemática, Vélez sugiere tres estrategias. “La primera es tarea de la comunidad y tiene que ver con que las pacientes reconozcan los signos de alarma, notifiquen oportunamente y asistan a las consultas. La segunda es seguir extremando medidas de bioseguridad, utilizando mascarilla y manteniendo el distanciamiento, porque la pandemia no se ha ido. La tercera es, desde el punto de vista asistencial, el reconocimiento y no subvaloración de los cuadros clínicos”.

Un asunto prioritario

Según ONU Mujeres: “El embarazo y el parto entrañan riesgos específicos. En todo el mundo mueren cada día 840 mujeres por causas relacionadas con el embarazo y el parto que podrían haberse evitado. A nivel mundial, esto supuso el fallecimiento de 303.000 mujeres en 2015”.

Para hacerle frente a esta problemática, los líderes mundiales se trazaron una meta clara a 2030 entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): reducir la tasa mundial de mortalidad materna a menos de 70 por cada 100.000 nacidos vivos. En el caso de Colombia, el gobierno nacional, a través del documento CONPES 3918, definió reducir su tasa a 32.

Una iniciativa que ha apuntado a reducir este índice es Código rojo, estrategia basada en simulación que fue desarrollada por el grupo Nacer en 2005 para atender pacientes que tienen emergencias obstétricas. Esta organiza al personal, cada uno con roles específicos, y establece flujogramas de manejo adecuado dependiendo la causalidad de la hemorragia, una de las principales causas de muerte materna.

“En 2006 comenzó la capacitación en diferentes pueblos y en 2007 tuvimos un impacto significativo en Medellín, donde se centró inicialmente la estrategia, pues se presentaron 0 muertes maternas. No todo es explicado por Código rojo, pero sí hubo un impacto importante, mostrando que la capacitación es fundamental para lograr una mejor atención y disminuir la mortalidad materna y perinatal”, apunta la directora de Nacer.

Con la vacunación, se espera una reducción de los casos, así como sucedió con el personal de salud, pues desde el comienzo de la pandemia hasta el 6 de julio de este año, según reportes del INS, se registraron 12.432 casos de COVID-19 en gestantes, de las cuales 135 fallecieron.

En el país, según anunció Gerson Bermont Galavis, director de Promoción y Prevención del Ministerio de Salud, hasta el 27 de julio habían recibido la primera dosis 22.688 gestantes, entre la semana 12 de gestación y los 40 días de posparto. “Queremos que se vacunen todas, independiente de su condición migratoria, esto es protección de la vida, de las mujeres que están embarazadas y de sus bebés”, dijo el funcionario.


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