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En el momento actual parece conveniente y oportuno discernir
en torno de la ética que requieren las empresas y quienes
las conforman, para el feliz cumplimiento de su misión
en beneficio propio y del entorno social en el cual se desempeñan.
Especial importancia reviste este tema, cuando estamos viviendo
en un mundo globalizado y en el cual se habla con tanto énfasis
de la competitividad, más no de responsablemente competentes
para nuestras tareas, tanto individuales como colectivas.
Necio es el empresario que está empeñado única
y exclusivamente en los buenos resultados económicos
de su organización, con exclusión de sus repercusiones
en la perdurabilidad de la misma y en el bien común.
El verdadero reto es lograr empresas que no sólo consigan
brillantes balances económicos, sino que generen riqueza,
entendida ésta como su propia utilidad económica
y el cúmulo de beneficios para sus colaboradores, accionistas,
clientes y proveedores; empresas comprometidas con la excelente
calidad de los bienes y servicios que producen, con el mejoramiento
del medio ambiente y de la comunidad en general y, por ende,
con el fortalecimiento del país. La mediocridad y el
egoísmo están en la antesala de la desaparición.
Cuando las acciones humanas se centran en el egoísmo
y en la falta de solidaridad, se atropellan los sanos dictados
de la ética, con graves repercusiones sociales que,
tarde o temprano, han de devolvérsenos como destructor
bumerang.
Entendemos la ética como aquella parte de la filosofía
que trata de las relaciones entre los seres humanos, sin exclusión
de sus obras, como lo es la empresa, la misma que origina
estas reflexiones.
Simplificándola al máximo y con el debido permiso
de las autoridades en esta vital materia, podríamos
decir que la ética es el tratado de las correctas relaciones
entre las personas, sean naturales o jurídicas. Es
lo que atañe al fiel cumplimiento de todas las obligaciones
de los asociados, a la observancia de sus deberes para lograr
una sana convivencia y para no tener que apelar a la exigencia
de sus respectivos derechos, evitando los muchos traumas que
con frecuencia se derivan de tales exigencias. Es la manera
de anticiparse a los conflictos de relación y convivencia,
mediante el respeto a los demás.
Es apenas natural que si la ética atañe a los
seres humanos también toque con sus obras, entre las
cuales la empresa ocupa un lugar destacado. Por esto, no es
desacertado afirmar que la ética empresarial es una
realidad que tiene que darse, que hay que procurarla siempre
y con mayor razón cuando se busca la supervivencia
de las empresas, en concordancia con la cita de Adela Cortina,
autoridad reconocida mundialmente en temas de ética
y que encabeza este escrito.
Empresa, según el Diccionario de la Academia de la
Lengua, "es una entidad integrada por el capital y el
trabajo como factores de producción, y dedicada a actividades
industriales, mercantiles o de prestación de servicios
con fines lucrativos, con la consiguiente responsabilidad".
Implica esfuerzos, riesgos y responsabilidades muy grandes
para quienes la acometen y sostienen, y tiene como interlocutores
naturales a numerosos grupos de interés a los cuales
afecta, y que a su vez inciden sobre ella.
Para comportarse éticamente, la empresa tiene que tener
en cuenta a todos estos grupos de interés, entre los
cuales se destacan: sus dueños o accionistas; sus colaboradores,
llámense directivos u operarios; sus clientes, proveedores
y competidores; el medio ambiente, la comunidad, el Estado
y ella misma.
Según lo que antes afirmamos, diciendo que la ética
se podría sintetizar como el fiel cumplimiento de los
deberes y el respeto por los derechos de los demás,
la empresa que actúa éticamente -sin distinción
de su naturaleza, tamaño o campo de acción-
necesita tener profundo respeto por sus grupos de interés:
Con sus dueños o accionistas, dado que son quienes
hacen el esfuerzo financiero, corren riesgos grandes y tienen
pleno derecho a recibir el justo rendimiento económico
de su inversión; mediante su empresa, ellos promueven
fuentes de trabajo y desarrollo social, ayudan a generar riqueza
con su patrimonio y se comprometen con el bien común
a través de su capital, que es elemento fundamental
de la misma.
Con sus colaboradores, de todos los niveles y responsabilidades,
desde el directivo hasta el operario, como seres humanos,
únicos, irrepetibles, imágenes de Dios, merecedores
del reconocimiento, el respeto y el crecimiento en todos los
aspectos; capaces de obtener con su esfuerzo personal y creatividad,
logros que persigue la empresa. Cada vez existe una mayor
conciencia de que el capital humano es el principio básico
de las empresas, y que es de máxima prioridad y alta
rentabilidad la inversión que haga en la educación
y formación de las personas que en ellas trabajan,
pues se trata de seres humanos que como tales son un fin en
sí mismos, no un medio; además, a su vez son
miembros de una familia y de una comunidad que se enaltecen
o se degradan en función del trato y oportunidades
que se les brinda por parte de su organización. Por
eso, está gran responsabilidad frente al crecimiento
de sus colaboradores, mediante un trato justo y prudente,
generador de confianza, con espacios que les permitan desarrollar
su iniciativa, creatividad, superación y sentido de
pertenencia; con espacios laborales y elementos de trabajo
seguros y adecuados; con remuneraciones justas, dignificantes
y oportunas; con soportes que les afiancen su seguridad social
y la de los suyos; con programas que les faciliten vivienda
digna, capacitación y adecuado desarrollo personal,
físico y espiritual, y con la convicción de
que la empresa es fiel reflejo de quienes la integran.
Con sus clientes, consumidores de bienes y servicios, porque
constituyen la razón de ser de la empresa y a ellos
deben entregar productos de la mejor calidad para la satisfacción
de sus necesidades humanas, con oportunidad y costos razonables.
Brindar productos de calidad es una obligación antes
que una dádiva, porque lo primero que espera y merece
el cliente es que los productos que adquiere sean de calidad;
en sana ley, que superen sus expectativas. Es de sana ética
para una empresa, el esforzarse por mejorar la calidad, con
criterio de responsabilidad social y con miras a su propia
supervivencia.
Con sus proveedores, porque la empresa que actúa éticamente
necesita tener con éstos unas relaciones donde predominen
la honradez, la sinceridad y el compromiso indispensables
para alcanzar la necesaria confianza. El proveedor es un imprescindible
"socio" y compañero de viaje, y de acuerdo
con el trato que se le brinde, se obtendrá de él
una colaboración que repercute necesariamente en el
resultado final de la empresa. Sabemos que no es fácil
el auto-abastecerse y que todos dependemos de todos. El proveedor
está haciendo también un esfuerzo merecedor
de acatamiento y respeto; no es ético el apercollarlo,
maltratarlo y confrontarlo sin su consentimiento- con sus
pares; merece que se guarde total reserva sobre sus ofertas,
diseños de sus muestras y condiciones, y no es ético
llevarlo a una guerra con sus competidores y aún consigo
mismo, a través de sus estrategias de venta y comercialización
de sus productos con precios "predatorios"; hay
que mirarlo y tratarlo como el colaborador que es, antes que
como a un enemigo, y propiciar el mejoramiento de sus productos,
porque ello incide favorablemente en el resultado de la empresa,
que es su cliente.
Con sus competidores, mediante unas relaciones serias y honestas
que también les permitan sobrevivir, pues no se trata
de montar una batalla para acabarlos, dado que la sana competencia
es factor importante y podríamos decir que indispensable,
para el mejor desenvolvimiento de las organizaciones y para
el bienestar de la comunidad, pues no son recomendables, en
general, los monopolios. Los seres humanos crecemos en relación
con nuestros congéneres y lo mismo sucede con las empresas;
todos juntos podemos crecer y máxime si somos conscientes
de nuestra interdependencia, como ya se anotó. Una
empresa competente es aquella que puede perdurar en el largo
plazo, sin que tenga que hacer desaparecer al competidor.
Vale la pena mirar al competidor más como a un colega
que como a un contendor. No se trata de acabar con la empresa
adversaria, sino de competirle de manera justa y leal; es
lo ético y lo práctico, porque el interés
principal de la empresa tiene que ser su durabilidad antes
que un mero negocio, brillante quizás pero generalmente
fugaz.
Con el medio ambiente, la empresa tiene una especial responsabilidad,
dado que es un don del Creador para que los humanos podamos
vivir dignamente; no tenemos derecho a agotarlo y es necesario
ejecutar todas las acciones necesarias no sólo para
conservarlo, sino las indispensables para renovarlo y mejorarlo,
especialmente cuando se trabaja con materias primas de origen
natural o cuando en la operación industrial se producen
desechos contaminantes. Ni los seres humanos, ni las empresas
que creamos para nuestro beneficio, estamos autorizados para
deteriorar o destruir la naturaleza que se nos ha prestado
transitoriamente mientras cumplimos nuestro ciclo vital; todos
tenemos la obligación de cuidarla y devolverla, ojalá
mejorada o al menos igual, a quienes han de sucedernos en
el tiempo.
Con la comunidad, tienen las empresas una especial interacción,
porque han sido creadas para satisfacer responsablemente las
necesidades humanas y con el fin de lograr riqueza social,
antes que su mero balance económico, necesario también
como incentivo para los inversionistas y gestores, como ya
vimos. El balance social positivo, que supera el estipulado
por las normas legales o estatutarias, constituye el gran
logro de las empresas, y sólo se obtiene con un ejercicio
ético de sus responsabilidades frente a la comunidad
en la cual están inmersas y al país en general;
esto se consigue mediante la ayuda a sus vecinos con acciones
culturales, educativas, ecológicas, sociales, deportivas,
sembradoras y difusoras de valores espirituales y morales,
amén del pago justo y oportuno de los tributos legales,
El balance social de una empresa comprometida con su comunidad,
debe ir más allá del pago de sus obligaciones
fiscales y parafiscales. En la medida en que una comunidad
sea sana, sanas y estables serán las empresas que en
ella se asienten, porque como bien lo escribió el líder
empresarial y social, Rodrigo Gutiérrez Duque: "no
puede existir una empresa sana en una sociedad enferma".
La empresa y la sociedad tienen una relación de sinergia
antes que de antagonismo; ellas se complementan, se requieren
y se potencian mutuamente, y de su armonía depende,
en buena parte, la calidad de vida de los ciudadanos, porque
las empresas suministran la casi totalidad de los bienes y
servicios, y son fuente de riqueza para la sociedad, mediante
la generación de valor agregado, empleo y recursos
económicos. La empresa es un factor de moralización
o desmoralización para una sociedad.
Con el Estado, también tiene la empresa unas relaciones
muy importantes que deben guiarse por el respeto y el acatamiento
a las autoridades legítimamente constituidas y a las
normas legales, para contribuir al bien común, a la
gobernabilidad y al sano liderazgo de los gobernantes, además
de apoyar la consolidación de una nación respetada
y respetable, en la cual todos podamos caber dignamente y
de la que podamos sentirnos orgullosos. La fortaleza de un
país está íntimamente ligado con la de
sus empresas: ello surge del compromiso, la lealtad, el conocimiento
y la creatividad de los ciudadanos y de sus obras, porque
ellos son elementos constitutivos del Estado, pues "el
Estado somos todos"
Consigo misma, cada empresa tiene responsabilidades de ser
sólida, perdurable, competente, y de desarrollarse
al ritmo de los avances tecnológicos y administrativos.
Imposible concebir al empresario y a sus colaboradores como
a unos sepultureros de sus propios proyectos y ejecutorias,
porque serían absurdos y anti-éticos; si son
éticos en sus acciones, también los serán
sus empresas, porque no hay efecto sin causa.
Finalmente, vale la pena concluir estas reflexiones repitiendo
con Adela Cortina, que "la ética es rentable para
el negocio", y recordando que el poder y el dinero mueven
al mundo, pero lo que realmente genera cambios es el amor
que nos entusiasma y da calidez a la vida. La ética
no es algo que esté al margen de la racionalidad moderna,
sino su principio sustentador, y de ella no se pueden excluir
las empresas, de cualquier tamaño o naturaleza que
sean o sector al cual pertenezcan.
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