El presente, donde en realidad se da la existencia, es el punto
al cual elhombre ata la vida. En realidad, la vida es una promesa,
y en esa promesa estriba parte muy importante de la responsabilidad
que tenemos los centros de salud ytodo el personal del sector.
Del presente, parten las ilusiones, los sueños y las oportunidades
de toda la gente, de ahí parte también lo que cada
persona ansía en su vida, lo que añora ser, llegar
a ser o lograr. Por ello, todos los que de una u otra forma tenemos
que ver con la salud de los conciudadanos, en el campo asistencial,
administrativo o financiero propiamente, tenemos una inmensa responsabilidad,
por supuesto, con el presente de todos, pero quizás más
con el futuro, es decir, con sus vidas.
Hoy, cuando parece que sólo existen leyes económicas
y mercados, también parece que hay vidas que duelen y vidas
que no duelen; ese es el mensaje que se va desprendiendo y va
quedando en las mentes. Lo económico como eje de toda relación,
lo económico como único camino y lo económico
como logro, va doblegando criterios, venciendo razones y derrotando
principios; poco a poco se va dando por aceptado que las oportunidades
no son para todos. Precisamente por esto, se ha dicho que la era
actual ha creado la desigualdad como un valor social.
De las vidas, no sólo los médicos somos responsables,
ni sólo las enfermeras, odontólogos, bacteriólogas
o en una palabra, todo el personal asistencial. Los que manejan
a su amaño los cartones del SISBEN, los que enredan los
papeles en los municipios y los que después, en las Administradoras
de Régimen Subsidiado (ARS) retrasan los pagos, y en fin,
todos aquellos que se lucran, finalmente, del dolor ajeno, así
estén a tono con la época, tienen infinitas responsabilidades
con la salud y la vida de la gente. El Sisben requiere replanteamientos
urgentemente; igual, las ARS, y dentro de todo lo de ellas, hay
que resolver la vuelta perversa que se le da al dinero de las
IPS por los municipios, con el amparo del Ministerio de Salud
que legitimó con el decreto 806 del 30 de abril de 1998,
el incumplimiento en las obligaciones de las administradoras con
las clínicas y los hospitales.
Al sector salud se le ha aportado más dinero que nunca,
y sin embargo, esta más débil que siempre. Nunca
antes ha habido mas gente desprotegida, y nunca antes se había
tenido la vergüenza de dejar cerrar hospitales, de la forma
como se ha hecho: con total indiferencia y frescura. En este afán
económico, quedan al lado del camino, desprotegidos e inermes,
personas con sueños e ilusiones, para quienes también
la vida como promesa, es un propósito meritorio.