MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 63   DICIEMBRE DEL AÑO 2003    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Augusto Escobar Mesa, Juan Guillermo Maya Salinas, Javier Ignacio Muñoz. Editora: Albaluz Arroyave Zuluaga. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez.

¿Quién se nutre
con la desnutrición?

Parece haber una misteriosa razón que indujera a pensar que las manifestaciones de cualquier fenómeno son, precisamente, las causas del mismo. Es decir, se tiende a confundir el efecto con la causa, y es por ello que en forma pendular y con frecuencia, se trata de corregir los efectos y no las causas de los problemas, y de aquí se vuelve a la posición de cero y se reinicia el ciclo.
Cuando existían las directrices de origen central para la ejecución de políticas estatales, se abogó por la descentralización total y se confió en la madurez de los criterios y en el rigor de los procesos. Entonces se descentralizó y ese fue el principio del fin de los logros que en salud, particularmente, se habían obtenido. En el país habíamos visto decaer, por ejemplo, la incidencia de las enfermedades inmumoprevenibles y también iba desapareciendo la desnutrición. Hoy registramos con verdadera vergüenza tasas de desnutrición que son de ocultar.
La desnutrición que es en esencia una enfermedad social, no se puede atacar con acciones individuales ni desarticuladas. Que cada cual haga lo que considere y que el negocio de la salud verá si resuelve o no el problema, es una equivocación que ahora se está pagando con vidas, y en el futuro con posibilidades de progreso y desarrollo del país, y claro está, de todos sus habitantes. Un pueblo desnutrido es un pueblo sin futuro y es un pueblo incapaz de asimilar el desarrollo, y menos aún será capaz de competir y aportar al bienestar de sus miembros. Pero se impusieron las políticas del “amigo cuanto tienes, cuanto vales” y hénos aquí.
La pobreza que se ha generado, la nueva pobreza -porque no es la pobreza que con incomodidad pero con dignidad teníamos, no, es la nueva pobreza- la que se ha generado por la implantación de la compraventa como propósito del vivir por el imperativo de generar utilidades como sentido de la vida, por la estandarización a que se sometió al hombre, por la imposición de protocolos, por la que se impuso el hecho llevado a toda costa de arrancar del corazón el sentimiento, esa pobreza que abate el alma es la que nos condena con frialdad desde hoy y nos arrebata con empeño el sueño del futuro.
Todo, empeorado con la violencia, con el desplazamiento forzoso, con la importación de alimentos con subsidio en los países de origen, con las privatizaciones, con el narcotráfico y con el orgullo que produce a empresarios y líderes la cancelación de puestos de trabajo, arrastra inevitablemente a toda la gente, ricos y pobres, a una condición de pauperización que se manifiesta no en la baja del ingreso per cápita o de cualquier otro indicador financiero, sino en la desnutrición como principal indicador de injusticia social.
Es una urgencia que reversemos lo que sea preciso para garantizarle a la gente alimentos y trabajo y romper el ciclo maldito de pobreza, desnutrición, falta de educación, falta de oportunidades, pobreza. La desnutrición y lo que detrás de ella está, es la más denigrante forma de perder la dignidad. La desnutrición como fenómeno social conlleva el desapego por los valores, y como fenómeno humano el desprendimiento de la propia vida; ella le impone a la sociedad entera un estigma que se muestra por sí solo en todo el mundo; la desnutrición le resta de manera inclemente a todos los estamentos sociales -así haya algunos que no la sufran- la visión y las posibilidades de futuro. Sólo por esto, pero también porque desde el punto de vista humano es inadmisible, los gobiernos de los órdenes nacional, departamental y municipal, deben re-entregar al Estado la facultad de imponer políticas centralizadas que respondan a los sentimientos más ciertos de Nación y a las conductas más veraces de expresiones de patria.
Estas cosas no pueden quedar al azar ni a intereses particulares, no. Es un asunto de Estado. Y son los gobiernos los que deben velar porque las gentes se desarrollen y progresen, porque su condición humana sea digna, y porque su espíritu y sus sentimientos confluyan en el colectivo que da sinergia a todos sus miembros.
Esa actitud pendular en la toma de decisiones en lo social, se debe resolver en forma definitiva a favor de la población infantil y a favor del futuro del país.
El enfoque y el manejo del problema de la desnutrición salta y se zafa de la mera posición reduccionista y casuística, y no sólo merece sino que requiere un enfoque social, partiendo del asunto humano. No hay que partir de otras consideraciones distintas al hombre. Él es el verdadero motivo y la preocupación de toda política, él es el sentido de toda sociedad y él es el mérito de todo desarrollo.
El enfoque de la solución del problema social de la desnutrición no es clínico, aunque por supuesto el médico tiene su campo. El enfoque de la solución es político y es sin duda, esencialmente, un asunto de Estado. Aquí, en este asunto, no se puede contemporizar con intereses subalternos a los propios de la esencia y del sentido del Estado mismo. El hambre no puede ser herramienta de vencedores, ni fuente ni elemento de obtención de beneficios económicos para nadie. Por privilegiar indicadores de finanzas y por congraciarse con organismos internacionales, no se puede ser indiferente ni lastimar las condiciones de vida ni el espíritu ni la moral de nuestras gentes. De lo contrario, habría que pensar ¿quién se nutre con la desnutrición?
 




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