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| Reflexión
del mes |
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El
interés común es ese interés mío
que es compatible con el interés de ustedes (
)
¿Por qué es, al menos, sospechoso, que a la
universidad pública lleguen fondos de financiación
privados? Porque eso no es gratuito, una es la perspectiva
de lo público y otra la perspectiva de lo privado,
y naturalmente existen estrategias para hacer pasar al interés
privado identificándolo con el interés público
(
) ¿Y no tendrá nada que ver esto -por
ejemplo- con la organización curricular y con la manera
como se seleccionan los cursos que deben ser prioritarios
en la universidad? Yo no soy creyente, y sin embargo, defendí
-siendo vicerrector de la Universidad de Antioquia- un programa
que había de Estudios Bíblicos, porque a mí
me parece que la universidad debe abordar un tema de esa naturaleza.
Pero, si estamos es en la onda de ser receptores de los tratados
bilaterales de inversión, de libre comercio, etc.,
¿qué es lo que se necesita? Ante todo, economistas,
buenos administradores, y entonces, ¿para qué
la filosofía, para qué la lingüística,
para qué la historia? En la Universidad de Antioquia
amenazaron varias veces con cerrar el programa de Historia
porque no tenía sino 7 aspirantes, o el de lingüística,
o el de filosofía. Y yo no considero una universidad
sin ese tipo de programas, porque el compromiso de la universidad
es, ante todo, con el conocimiento. Y luego, el problema es:
¿Y el conocimiento, por qué y para qué?.
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Apartes de su
última charla, en debate de la Universidad Nacional sede
Medellín, Lo público y lo privado en la
universidad, 26 de febrero de 2015.
Carlos Gaviria Díaz (Sopetrán 1937 - Bogotá
31 de marzo de 2015). Abogado constitucionalista de la Universidad
de Antioquia, posgraduado en la Escuela de Leyes de la Universidad
de Harvard, magistrado y presidente de la Corte Constitucional,
catedrático de varias universidades, senador de la República,
candidato presidencial por el Polo Democrático Alternativo
y defensor de los derechos humanos. |
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| Es una realidad:
la humanización de los servicios de urgencias y de su
personal, es una tarea irrenunciable. Contra la inequidad y
la corrupción del sistema, solo queda situar como fortaleza
inexpugnable la verticalidad inamovible de un ser humano atendiendo
a otro y unas instituciones solidarias que antepongan su función
social sobre las ganancias económicas. |
| Hoy, más que
en cualquier otra época, los servicios de urgencias en
nuestro país se han convertido en el último y
a veces el único recurso que encuentran los pacientes
cuando buscan atención a sus dolencias. Es frecuente
encontrar en estas salas, pacientes con enfermedades crónicas
descompensadas debido a manejos postergados o negados por sus
Empresas Promotoras de Salud (EPS). |
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Incluso, pacientes
con enfermedades en su última fase del ciclo natural,
sin alivio ni tratamiento, debido a que sus aseguradores se
sitúan de espaldas a la evidencia científica y
a su compromiso con el ser humano.
La práctica de la medicina de urgencias es hoy, por tanto,
más exigente. El personal de salud que trabaja en estos
servicios requiere ahora unas actitudes y aptitudes fortalecidas.
El conocimiento actualizado, la semiología rápida
y eficaz, el ojo clínico agudizado, el análisis
fluido de cuadros nosológicos, no son ahora suficientes.
Se hace necesario fomentar, cultivar y recuperar unos valores
que nunca debieron alejarse de la esencia íntima del
personal de salud, pero que ahora son indispensables: la sensibilidad
social y el respeto por el ser humano. |
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La situación está
lejos de cambiar. La congestión y los momentos críticos
en los servicios de urgencias de los hospitales de alto nivel
de complejidad son cada vez más frecuentes, el nivel
de ocupación se incrementa, y cuando buscamos referentes,
nos encontramos que la situación no es muy diferente
en otras latitudes. En definitiva, podremos lograr mucho,
mejoraremos nuestros servicios, lograremos menores tiempos
de atención, evaluaremos más pacientes, pero
seguirán asistiendo a las puertas de nuestros servicios
la inequidad, la injusticia, la corrupción del sistema
de salud y el oportunismo de los políticos de turno.
Es una realidad: la humanización de los servicios de
urgencias y de su personal, es una tarea irrenunciable. Contra
la inequidad y la corrupción del sistema, solo queda
situar como fortaleza inexpugnable la verticalidad inamovible
de un ser humano atendiendo a otro y unas instituciones solidarias
que antepongan su función social sobre las ganancias
económicas.
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Solo humanizando los
servicios de urgencias
y nuestras instituciones de salud, se contrarrestará
el manto oscuro de la mercantilización de la salud.
La revolución debe empezar en la intimidad de la relación
médico-paciente, enfermera-paciente. El trato cuidadoso,
la empatía solidaria y el interés auténtico,
deben ser el
germen de un cambio que se transmita a
todo el sistema de salud.
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El medio es adverso,
la selva del mercado, el EBITDA, la utilidad bruta, la rentabilidad
y la productividad, hacen parte también del lenguaje
de la salud. Por desgracia cada vez tienen más peso,
cada vez son más decisorias. La tarea es no dejar enmudecer
otros conceptos, tenemos que reencauchar, fortalecer e incluso
defender, la solidaridad, los valores, la sensibilidad humana.
Solo humanizando los servicios de urgencias y nuestras instituciones
de salud, se logra contrarrestar el manto oscuro de la mercantilización
de la salud en nuestro país.
La revolución debe empezar en la intimidad de la relación
médico-paciente, enfermera-paciente. El trato cuidadoso,
la empatía solidaria y el interés auténtico,
deben ser el germen de un cambio que se transmita a todo el
sistema de salud. Es posible que el pequeño cambio que
cada actor aporte, genere finalmente una revolución hacia
la humanización de todo el sistema de salud.
El Hospital Universitario de San Vicente Fundación sigue
siendo fiel a la política de puertas abiertas en sus
servicios de urgencias, con la seguridad de que el respeto al
ser humano, el compromiso con el mismo y la solidaridad, son
las únicas herramientas válidas para enfrentar
las múltiples imperfecciones e inequidades de un sistema
de salud que en ocasiones poco piensa en el paciente.
Convencidos de la necesidad de compartir las experiencias en
salud, hoy presentamos este texto realizado por los profesionales
médicos de nuestra institución, quienes cada año
comparten con la comunidad de salud del país sus conocimientos
y vivencias en el tratamiento de las enfermedades, y los cuadros
clínicos más frecuentes que padecen los seres
humanos en cualquier servicio de urgencias6
Nota:
Este texto es la Introducción del libro Urgente
Saber de Urgencias 2015 - 2016, que recopilará
las memorias del XIV Sem-inario Urgente Saber de Urgencias,
a realizarse l-s días 16 y 17 de julio de 2015 en el
Hotel Intercontinental de Medellín. |
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| Dictadura,
tiranía de la peor calaña |
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Ramón
Córdoba Palacio, MD racopan@une.net.co |
Sí, el actual Presidente
de la Academia Nacional de Medicina (Juan Mendoza Vega), con
título de médico pero con espíritu de tirano,
con espíritu hitleriano o estaliniano, ha instaurado
la peor dictadura que recuerde la historia de la medicina en
Colombia.
Amparado en la autoridad de la entidad que dirige nos priva
del derecho esencial, intrínseco, de la objeción
de conciencia. |
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En su soberbia desconoce la
dignidad de los médicos, su capacidad de raciocinar,
y propone su criterio como único e inapelable . Los
médicos, los hospitales, las clínicas, etc.,
perdemos al derecho de tener conciencia y aplicarla en cada
una de las decisiones que tenemos que llevar a cabo a cada
instante de nuestra existencia, dejamos de ser libres para
ser títeres.
No tendremos genocidios como en la Alemania nazi, aunque para
mí son genocidios incruentos el
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desconocimiento de la dignidad
de todo ser humano, cualquiera sea su edad, su credo religioso,
su filiación política, etc. Si sólo se
puede cumplir la voluntad del tirano hemos dejado de vivir
como seres libres y responsables, como seres humanos, y se
nos ha convertido en objetos al servicio del capricho del
tirano que decide quién vive y quién es aniquilado.
Y está verdaderamente aniquilado, reducido a la nada,
quien para orientar, para decidir el futuro de su existencia,
depende del arbitrio del tirano.
Es el momento de actuar para recobrar nuestra libertad, nuestra
dignidad de seres humanos autónomos. Propongo renunciar
a la afiliación con la Academia Nacional -no es la
primera vez que la Academia de Medicina de Medellín
actúa de esta manera-. Invito a las otras filiales
a romper los vínculos con esa filiación que
se ha hecho ominosa.
No a la tiranía, no a la dictadura, sí a la
libertad de seres humanos que reconocemos y respetamos nuestra
dignidad intrínseca6
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Bioética
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¿Y el deber de cuidar?
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Carlos
Alberto Gómez Fajardo, MD |
La
actitud que promueve la eutanasia en diversos estamentos sociales
-medios de comunicación, Cortes, parlamentos, oficinas
estatales, ámbitos educativos- representa la perversión
del sentido de la práctica médica.
Es sabido que uno de los primeros pasos del totalitarismo hitleriano
consistió en la modificación del ethos
de la profesión médica, pretendiendo convertirla
-como tristemente lo hizo- en una herramienta del exterminio
al servicio del sistema. |
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Aquellos considerados como inútiles o indeseables
fueron eliminados, en un proceso en el que se combinaron ideologías
deshumanizadas con perversos cálculos costo-utilidad,
tan similares a los que hoy proponen aplicar, aunque al mismo
tiempo quienes lo hacen se proclaman defensores del sistema
democrático. Paradójicamente, con el conocimiento
de lo que aconteció en el siglo XX, ahora se presume
del principio de la igualdad de los derechos y se apresuran
a imponer la norma eutanásica.
Tal es lo que sucede con las premuras de la Corte Constitucional,
del ministro de Salud (Alejandro Gaviria) y de algunos parlamentarios.
Tienen un inexplicable afán por imponer, a como dé
lugar, protocolos que establezcan la práctica copiada
de lo peor de los sistemas de salud holandés o belga.
Unos cuantos habilidosos académicos se empeñan
también en ello, retorciendo el significado de las
palabras y tiñendo de una retórica aparentemente
cautivadora sus equívocos. Manipulan la dignidad y
la libertad, depreciándolas, y se prestan a un sucio
juego de desorientación.
Hay que recordar algo: ¿dónde queda para la
profesión médica su sentido racional? El gran
bioeticista norteamericano Edmundo Pellegrino (1920-2013),
hablaba del deber de cuidado (duty of care) como
parte esencial de la razón de ser de la medicina. El
connotado Centro Hastings de Bioética, en un documento
de estudio de alcance mundial se refería, entre otros
fines de la medicina, a la tarea de evitar la muerte prematura,
y de modo simultáneo, a la ortotanasia, a la atención
proporcionada, justa, pertinente, competente, humanizada,
a aquellos que atraviesan las fases últimas de la existencia.
Imponer la mentalidad eutanásica como lo están
haciendo algunos magistrados, el ministro y destacados medios
de comunicación con sus habilidosas estrategias dirigidas
a exacerbar sentimientos y pasiones, no a formar criterios
racionales, es aniquilar el sentido propio y natural de la
profesión médica. Con ello, de paso, van atropellando
el fondo filosófico con el cual nacieron las instituciones
hospitalarias que contra viento y marea continúan fielmente
con su empeño de servicio orientado hacia el bien integral
de cada uno de sus pacientes.
Nunca será inoportuno recordar el sentido del acto
médico, y con él, por supuesto, la identidad
de la razón de ser histórica de las entidades
hospitalarias: el servicio a favor del bien total de la persona.
La eutanasia no es un acto médico, no es una acción
terapéutica, no obedece a la lógica de la promoción
de la vida y dignidad de los seres humanos en la cual consiste
la práctica del principio de la solidaridad y corresponsabilidad
que todos compartimos con todos. No retrocedamos a los momentos
más oscuros de la historia del siglo XX. Que no se
distraiga la opinión pública con intereses que
puedan importunar a elevadas Cortes judiciales, a funcionarios
implacables que creen ser idóneos para disponer de
la vida de personas en máximos momentos de fragilidad
existencial o de políticos que pretenden concentrar
la atención mediática por cualquier medio, sin
recordar que el respeto a la democracia debiera ser su motivación
para actuar y salvaguardar el bien común y el valor
de la vida humana, principio necesario para el ejercicio de
cualquier derecho.
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| NOTA:
Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética
-Cecolbe-. |
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Maestro, ¿qué es eterno?
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Los atrancones, tacos o atascos viales. En Bogotá con
los atrasos de las obras -incluyendo los robos de los Nule,
Moreno Díaz y compañía-, los carros que
ya no caben, las vías en pedazos, los semáforos
locos y la indisciplina ciudadana, ya no hay por dónde
andar. En Cali, los trabajos del MIO, las 50 obras viales
que hacen a la vez, mas los 40.000 carros que entran este
año. ¡Qué locura! Y en Medellín,
que son más organizados, el afán del alcalde
actual por mostrar los tales Parques del Río
y las obras del Tranvía, nos tienen en infarto vial.
Buscando paz y tranquilidad, me vine a las sagradas cumbres
del Himalaya
y en esas se vino el terremoto.
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