MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 16    No. 200  MAYO DEL AÑO 2015    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

 

Reflexión del mes

 

“El interés común es ese interés mío que es compatible con el interés de ustedes (…) ¿Por qué es, al menos, sospechoso, que a la universidad pública lleguen fondos de financiación privados? Porque eso no es gratuito, una es la perspectiva de lo público y otra la perspectiva de lo privado, y naturalmente existen estrategias para hacer pasar al interés privado identificándolo con el interés público (…) ¿Y no tendrá nada que ver esto -por ejemplo- con la organización curricular y con la manera como se seleccionan los cursos que deben ser prioritarios en la universidad? Yo no soy creyente, y sin embargo, defendí -siendo vicerrector de la Universidad de Antioquia- un programa que había de Estudios Bíblicos, porque a mí me parece que la universidad debe abordar un tema de esa naturaleza. Pero, si estamos es en la onda de ser receptores de los tratados bilaterales de inversión, de libre comercio, etc., ¿qué es lo que se necesita? Ante todo, economistas, buenos administradores, y entonces, ¿para qué la filosofía, para qué la lingüística, para qué la historia? En la Universidad de Antioquia amenazaron varias veces con cerrar el programa de Historia porque no tenía sino 7 aspirantes, o el de lingüística, o el de filosofía. Y yo no considero una universidad sin ese tipo de programas, porque el compromiso de la universidad es, ante todo, con el conocimiento. Y luego, el problema es: ¿Y el conocimiento, por qué y para qué?”.
Apartes de su última charla, en debate de la Universidad Nacional sede Medellín, “Lo público y lo privado en la universidad”, 26 de febrero de 2015.
Carlos Gaviria Díaz (Sopetrán 1937 - Bogotá 31 de marzo de 2015). Abogado constitucionalista de la Universidad de Antioquia, posgraduado en la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard, magistrado y presidente de la Corte Constitucional, catedrático de varias universidades, senador de la República, candidato presidencial por el Polo Democrático Alternativo y defensor de los derechos humanos.
Humanización, una necesidad
en los servicios de urgencias

Diego José Duque Ossa, MD djdo@elhospital.og.co
Es una realidad: la humanización de los servicios de urgencias y de su personal, es una tarea irrenunciable. Contra la inequidad y la corrupción del sistema, solo queda situar como fortaleza inexpugnable la verticalidad inamovible de un ser humano atendiendo a otro y unas instituciones solidarias que antepongan su función social sobre las ganancias económicas.
Hoy, más que en cualquier otra época, los servicios de urgencias en nuestro país se han convertido en el último y a veces el único recurso que encuentran los pacientes cuando buscan atención a sus dolencias. Es frecuente encontrar en estas salas, pacientes con enfermedades crónicas descompensadas debido a manejos postergados o negados por sus Empresas Promotoras de Salud (EPS).
Incluso, pacientes con enfermedades en su última fase del ciclo natural, sin alivio ni tratamiento, debido a que sus aseguradores se sitúan de espaldas a la evidencia científica y a su compromiso con el ser humano.
La práctica de la medicina de urgencias es hoy, por tanto, más exigente. El personal de salud que trabaja en estos servicios requiere ahora unas actitudes y aptitudes fortalecidas. El conocimiento actualizado, la semiología rápida y eficaz, el “ojo clínico” agudizado, el análisis fluido de cuadros nosológicos, no son ahora suficientes. Se hace necesario fomentar, cultivar y recuperar unos valores que nunca debieron alejarse de la esencia íntima del personal de salud, pero que ahora son indispensables: la sensibilidad social y el respeto por el ser humano.
La situación está lejos de cambiar. La congestión y los momentos críticos en los servicios de urgencias de los hospitales de alto nivel de complejidad son cada vez más frecuentes, el nivel de ocupación se incrementa, y cuando buscamos referentes, nos encontramos que la situación no es muy diferente en otras latitudes. En definitiva, podremos lograr mucho, mejoraremos nuestros servicios, lograremos menores tiempos de atención, evaluaremos más pacientes, pero seguirán asistiendo a las puertas de nuestros servicios la inequidad, la injusticia, la corrupción del sistema de salud y el oportunismo de los políticos de turno.
Es una realidad: la humanización de los servicios de urgencias y de su personal, es una tarea irrenunciable. Contra la inequidad y la corrupción del sistema, solo queda situar como fortaleza inexpugnable la verticalidad inamovible de un ser humano atendiendo a otro y unas instituciones solidarias que antepongan su función social sobre las ganancias económicas.
Solo humanizando los servicios de urgencias
y nuestras instituciones de salud, se contrarrestará
el manto oscuro de la mercantilización de la salud.
La revolución debe empezar en la intimidad de la relación
médico-paciente, enfermera-paciente. El trato cuidadoso,
la empatía solidaria y el interés auténtico, deben ser el
germen de un cambio que se transmita a
todo el sistema de salud.
El medio es adverso, la selva del mercado, el EBITDA, la utilidad bruta, la rentabilidad y la productividad, hacen parte también del lenguaje de la salud. Por desgracia cada vez tienen más peso, cada vez son más decisorias. La tarea es no dejar enmudecer otros conceptos, tenemos que reencauchar, fortalecer e incluso defender, la solidaridad, los valores, la sensibilidad humana. Solo humanizando los servicios de urgencias y nuestras instituciones de salud, se logra contrarrestar el manto oscuro de la mercantilización de la salud en nuestro país.
La revolución debe empezar en la intimidad de la relación médico-paciente, enfermera-paciente. El trato cuidadoso, la empatía solidaria y el interés auténtico, deben ser el germen de un cambio que se transmita a todo el sistema de salud. Es posible que el pequeño cambio que cada actor aporte, genere finalmente una revolución hacia la humanización de todo el sistema de salud.
El Hospital Universitario de San Vicente Fundación sigue siendo fiel a la política de puertas abiertas en sus servicios de urgencias, con la seguridad de que el respeto al ser humano, el compromiso con el mismo y la solidaridad, son las únicas herramientas válidas para enfrentar las múltiples imperfecciones e inequidades de un sistema de salud que en ocasiones poco piensa en el paciente.
Convencidos de la necesidad de compartir las experiencias en salud, hoy presentamos este texto realizado por los profesionales médicos de nuestra institución, quienes cada año comparten con la comunidad de salud del país sus conocimientos y vivencias en el tratamiento de las enfermedades, y los cuadros clínicos más frecuentes que padecen los seres humanos en cualquier servicio de urgencias6
Nota:
Este texto es la Introducción del libro “Urgente Saber de Urgencias 2015 - 2016”, que recopilará las memorias del “XIV Sem-inario Urgente Saber de Urgencias”, a realizarse l-s días 16 y 17 de julio de 2015 en el Hotel Intercontinental de Medellín.
 
Dictadura, tiranía de la peor calaña
Ramón Córdoba Palacio, MD racopan@une.net.co
Sí, el actual Presidente de la Academia Nacional de Medicina (Juan Mendoza Vega), con título de médico pero con espíritu de tirano, con espíritu hitleriano o estaliniano, ha instaurado la peor dictadura que recuerde la historia de la medicina en Colombia.
Amparado en la autoridad de la entidad que dirige nos priva del derecho esencial, intrínseco, de la objeción de conciencia.
En su soberbia desconoce la dignidad de los médicos, su capacidad de raciocinar, y propone su criterio como único e inapelable . Los médicos, los hospitales, las clínicas, etc., perdemos al derecho de tener conciencia y aplicarla en cada una de las decisiones que tenemos que llevar a cabo a cada instante de nuestra existencia, dejamos de ser libres para ser títeres.
No tendremos genocidios como en la Alemania nazi, aunque para mí son genocidios incruentos el
desconocimiento de la dignidad de todo ser humano, cualquiera sea su edad, su credo religioso, su filiación política, etc. Si sólo se puede cumplir la voluntad del tirano hemos dejado de vivir como seres libres y responsables, como seres humanos, y se nos ha convertido en objetos al servicio del capricho del tirano que decide quién vive y quién es aniquilado. Y está verdaderamente aniquilado, reducido a la nada, quien para orientar, para decidir el futuro de su existencia, depende del arbitrio del tirano.
Es el momento de actuar para recobrar nuestra libertad, nuestra dignidad de seres humanos autónomos. Propongo renunciar a la afiliación con la Academia Nacional -no es la primera vez que la Academia de Medicina de Medellín actúa de esta manera-. Invito a las otras filiales a romper los vínculos con esa filiación que se ha hecho ominosa.
No a la tiranía, no a la dictadura, sí a la libertad de seres humanos que reconocemos y respetamos nuestra dignidad intrínseca6
 
  Bioética
¿Y el deber de cuidar?
Carlos Alberto Gómez Fajardo, MD
La actitud que promueve la eutanasia en diversos estamentos sociales -medios de comunicación, Cortes, parlamentos, oficinas estatales, ámbitos educativos- representa la perversión del sentido de la práctica médica.
Es sabido que uno de los primeros pasos del totalitarismo hitleriano consistió en la modificación del “ethos” de la profesión médica, pretendiendo convertirla -como tristemente lo hizo- en una herramienta del exterminio al servicio del sistema.

Aquellos considerados como inútiles o indeseables fueron eliminados, en un proceso en el que se combinaron ideologías deshumanizadas con perversos cálculos costo-utilidad, tan similares a los que hoy proponen aplicar, aunque al mismo tiempo quienes lo hacen se proclaman defensores del sistema democrático. Paradójicamente, con el conocimiento de lo que aconteció en el siglo XX, ahora se presume del principio de la igualdad de los derechos y se apresuran a imponer la norma eutanásica.
Tal es lo que sucede con las premuras de la Corte Constitucional, del ministro de Salud (Alejandro Gaviria) y de algunos parlamentarios. Tienen un inexplicable afán por imponer, a como dé lugar, protocolos que establezcan la práctica copiada de lo peor de los sistemas de salud holandés o belga. Unos cuantos habilidosos académicos se empeñan también en ello, retorciendo el significado de las palabras y tiñendo de una retórica aparentemente cautivadora sus equívocos. Manipulan la dignidad y la libertad, depreciándolas, y se prestan a un sucio juego de desorientación.
Hay que recordar algo: ¿dónde queda para la profesión médica su sentido racional? El gran bioeticista norteamericano Edmundo Pellegrino (1920-2013), hablaba del deber de cuidado (“duty of care”) como parte esencial de la razón de ser de la medicina. El connotado Centro Hastings de Bioética, en un documento de estudio de alcance mundial se refería, entre otros fines de la medicina, a la tarea de evitar la muerte prematura, y de modo simultáneo, a la ortotanasia, a la atención proporcionada, justa, pertinente, competente, humanizada, a aquellos que atraviesan las fases últimas de la existencia.
Imponer la mentalidad eutanásica como lo están haciendo algunos magistrados, el ministro y destacados medios de comunicación con sus habilidosas estrategias dirigidas a exacerbar sentimientos y pasiones, no a formar criterios racionales, es aniquilar el sentido propio y natural de la profesión médica. Con ello, de paso, van atropellando el fondo filosófico con el cual nacieron las instituciones hospitalarias que contra viento y marea continúan fielmente con su empeño de servicio orientado hacia el bien integral de cada uno de sus pacientes.
Nunca será inoportuno recordar el sentido del acto médico, y con él, por supuesto, la identidad de la razón de ser histórica de las entidades hospitalarias: el servicio a favor del bien total de la persona. La eutanasia no es un acto médico, no es una acción terapéutica, no obedece a la lógica de la promoción de la vida y dignidad de los seres humanos en la cual consiste la práctica del principio de la solidaridad y corresponsabilidad que todos compartimos con todos. No retrocedamos a los momentos más oscuros de la historia del siglo XX. Que no se distraiga la opinión pública con intereses que puedan importunar a elevadas Cortes judiciales, a funcionarios implacables que creen ser idóneos para disponer de la vida de personas en máximos momentos de fragilidad existencial o de políticos que pretenden concentrar la atención mediática por cualquier medio, sin recordar que el respeto a la democracia debiera ser su motivación para actuar y salvaguardar el bien común y el valor de la vida humana, principio necesario para el ejercicio de cualquier derecho.

NOTA: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-.
 

Maestro, ¿qué es eterno?

Los atrancones, tacos o atascos viales. En Bogotá con los atrasos de las obras -incluyendo los robos de los Nule, Moreno Díaz y compañía-, los carros que ya no caben, las vías en pedazos, los semáforos locos y la indisciplina ciudadana, ya no hay por dónde andar. En Cali, los trabajos del MIO, las 50 obras viales que hacen a la vez, mas los 40.000 carros que entran este año. ¡Qué locura! Y en Medellín, que son más organizados, el afán del alcalde actual por mostrar los tales “Parques del Río” y las obras del Tranvía, nos tienen en infarto vial. Buscando paz y tranquilidad, me vine a las sagradas cumbres del Himalaya…y en esas se vino el terremoto.

 
 











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